MINERÍA Y MOVIMIENTO OBRERO MINERO

La minería en Bolivia tiene trayectoria desde épocas prehispánicas, cuando el sentido de la explotación de oro y otros minerales no eran mercantiles, sino culturales y ornamentales. Es la colonia que dibuja con tragedia la entrada del mercantilismo y capitalismo, para provechar la mita e iniciar el saqueo hacia Europa. Expoliación que se profundizará en la república, con los barones de la plata y el estaño cuando el país no gozaba de esos recursos económicamente. Sino una élite muy pequeña. Entonces, en la república, surge un movimiento obrero minero altamente politizado y combativo, que tendrá como apoteosis la revolución de 1952.

 

En el siglo XXI la minería en Bolivia está fragmentada en diversos componentes, que nada tienen que ver con el aprovechamiento del país. El Estado minero, en sentido de representación se ha debilitado considerablemente desde la relocalización de mineros en 1985. Desde entonces hay una paulatina confluencia de factores en contra de las inversiones, en contra de traer tecnología nueva, en suma en contra de la potenciación de la minería nacional. Fuerzas invisibles complotan contra la minería nacional estatal, como secuencia de estos últimos 30 años. Lo que hay en la minería mediana y cooperativista es precisamente lo contrario, la antítesis, de una estrategia estatal. Además de la terrible contaminación ambiental, de ríos, montañas selvas y bosques, pues sin tecnologías actuales se explotan con las tecnologías anticuadas de los siglos XIX y XX.

 

La minería estatal boliviana, como en otros rubros, siguen los pasos de la inercia en la ausencia de renovación de nuevas fuentes, prospecciones, o nuevas tecnologías para el aprovechamiento de los desmontes que se encuentran en Catavi y Siglo XX. La ausencia de inversiones, por la ausencia de políticas estatales, impide que se estructuren visiones a futuro del país. Hoy simplemente sobrevive,  con rentabilidad mínima que no es sostenible, ni siquiera a mediano plazo.

 

La tradición minera de nuestro país, desde tiempos prehispánicos, produjo también un movimiento obrero minero que cambió el destino del país a mediados del siglo XX. La revolución de 1952, fue desde todos los puntos de vista un giro considerable en la historia tradicional. Muy a pesar de la destrucción que sufrió, por sus burócratas de clases medias, para otra vez volver al redil de la tradicionalidad en 1964, con el golpe de Estado del general Barrientos. Inaugurando los años terribles de las dictaduras militares.

 

Esa generación del otrora poderoso movimiento obrero minero, ya entró hace muchos años en el ocaso glorioso de su propia historia. No quedan sino algunos pocos de aquella generación, que dejan más preguntas en el tintero, a la siguiente generación por ahora sin claridad necesaria en los destinos del proletariado.

 

También es hora de cambios profundos en la dirección de las investigaciones del movimiento obrero minero. La tradicionalidad, lo repetitivo, ya no explican cuestionamientos fundamentales que siguen latentes en el movimiento obrero minero. Es hora de virajes en las lecturas del proletariado minero, con aquella riqueza de siempre; pero no mostrada en las trayectorias de los últimos cincuenta años.

 

La COB como creación de la revolución de 1952, ya cumplió su ciclo productivo. Entidad que también requiere de profundos cambios en las nuevas realidades del país. Entidad que fue vista desde ojos teóricos y militantes de variables ortodoxas de otras realidades. Los obreros mineros bolivianos, eran los obreros mineros de la Rusia zarista. O los obreros mineros de la Alemania de finales del siglo XIX; pero no como los obreros mineros salidos de las comunidades quechuas y aymaras del país.

 

Obreros mineros con sus propias tradiciones culturales: animistas y cristianos a la vez. Revolucionarios ateos y picchando al tío en interior mina también. Mezclas complejas que no están retratados en las historias del mismo movimiento obrero minero. Pues aspectos que deben ser resueltos en las nuevas historias del movimiento obrero minero, como el proletariado por excelencia y demiurgo de los cambios sociales en todas las épocas de nuestras historias.

 

Los ciclos se terminan indudablemente. Con sus virtudes y sus defectos; con sus luces y sombras.  Es hora de empezar otros ciclos históricos, renovando desde lo profundo de las miradas teóricas y metodológicas; respetando las raíces de nuestras historias, que muchas de las veces fueron utilizadas o saltadas por intereses de la tradicionalidad. Ciclos que se cierran con la fuerza del imparable e implacable tiempo. Tiempo que se encarga de pulir y dejar claro que tenía sentido, y qué no tenía sentido alguno.

 

Las nuevas generaciones tienen tareas pendientes para seguir armando, construyendo los devenires de las mentalidades nuevas. En todo caso, contrariamente a las especulaciones de algunos despistados cronistas, la minería en Bolivia tiene larga vida y trayectoria en este siglo que empieza. Con sus luces y también sombras, arrastrando tras de sí preguntas que tienen que ser, que deben ser respondidas en la medida justa de nuestras construcciones de Estado, Nación y comunidad.

 

por: Max Murillo Mendoza

spot_img

Artículos Relacionados

LAS MÁS LEIDAS