Las nuevas generaciones se enfrentan en muchos casos a las mismas estructuras de poder, que en el tiempo se modificaron ciertamente, con los contextos históricos totalmente distintos. Ya no existen los movimientos obreros que intentaron modificar el curso de la historia en Bolivia: mineros, fabriles y artesanos citadinos. Hoy son otras condiciones sociales y económicas las que tenemos, que por supuesto no están investigadas, en las que los nuevos proletarios se debaten en muchos casos en peores condiciones económicas que sus antecesores.
El triunfo del capitalismo salvaje desde el neoliberalismo, que en nada fue modificado por el proceso de cambio, sino reforzado en todas sus líneas a pesar de sus discursos fogosos, se expresa en el individualismo secante de las juventudes, que se han creído el cuento de la competitividad comercial, profesional y el triunfo del mercado total. Insumos interesantes que en realidades como en Bolivia son casi brutales, pues no somos sociedades donde existen oportunidades por igual. Aquí las condiciones siguen siendo las del siglo XIX, muy pocas familias o clases sociales tienen todo y las inmensas mayorías siguen siendo nomás pobres, sin oportunidades de básicas competencias, ni siquiera de básicas asimetrías económicas.
La juventud se mueve, por tanto, en condiciones terribles a nivel del mercado laboral. Mercado en donde nadie respeta al menos el salario mínimo. Mercado en donde no existe para nada el Estado, sumido en la más absoluta crisis política y económica. Los grandes negocios, tiendas, importadoras y pequeños negocios, se alimentan de un proletariado sin recursos políticos ni ideológicos, que son explotados impunemente. La realidad de las mujeres es todavía peor, con todos esos ingredientes de abusos y acosos sexuales. Y pues no hay institución alguna dónde los jóvenes puedan ir a reclamar.
En apariencia las cosas han mejorado. Eso dice la costumbre tradicional. Sin embargo, la dura realidad es que las condiciones laborales, económicas y sociales de los nuevos proletarios del siglo XXI son terribles y deplorables. Condiciones que sabemos por los testimonios de parientes, amigos, hijos e hijas que están en el mundo laboral actual cotidianamente, empezando a ganar experiencia como todas las generaciones.
Como en todas las generaciones, las nuevas enfrentan sus propios derroteros sociales y económicos, como de contextos históricos. Todo ha cambiado. Estamos en plenas cuartas o quintas revoluciones industriales y científicas; aunque Bolivia no entró ni a la primera, pues estos enormes empujes de la economía y de la tecnología, han cambiado considerablemente todas las condiciones y escenarios de las ciencias sociales. Quizás haya que construir nuevos instrumentos de análisis para leer lo que está sucediendo; y no cometer errores catastróficos de realizar lecturas inadecuadas con los instrumentos obsoletos de los siglos XIX y XX. Desafíos por demás monumentales que tienen los nuevos intelectuales y pensadores del proletariado joven.
Hoy sólo vemos superficialmente los sufrimientos de millones de jóvenes, que se lanzan al mercado laboral en condiciones de sometimiento injustos, sin leyes a su favor, sin instituciones que los defiendan y sin nuevas teorías de combate y lucha. Vemos como tienen que acomodarse al capitalismo salvaje en clave tercermundista, donde la vida y la muerte es una sola. Millones de jóvenes que saltan al vacío porque no tienen otras posibilidades, porque Bolivia no acaba de construir su futuro más humano, ni siquiera un presente algo interesante.
El siglo XXI y nuevo milenio no precisamente empezó con esperanzas, sino con repeticiones tradicionales e inercia de orgías corruptas que venimos arrastrando desde hace siglos. Y nuestras ciudades con crecimientos geométricos que nada ofrecen a las nuevas generaciones, sino incertidumbre, tradicionalidad, política cavernaria y troglodita tercermundista, sin posibilidades de mercados internos en crecimiento: ciencia, comercio global, tecnología de punta y nuevas oportunidades de crecimiento laboral.
Nuestro llamado Estado ha demostrado inutilidad total al respecto. Ni siquiera con miles de millones de dólares en la chequera puede atender todas las necesidades de nuestras sociedades. Simplemente no puede. Pero se niega a pensar otras posibilidades, otras realidades. Otros escenarios como en otros países más creativos, más ágiles y versátiles con sus sociedades. En China tuvieron que apostar por el capitalismo y su tecnología, cuando se dieron cuenta que sólo sus discursos y su revolución no les llevaría a ningún lado. En Vietnam también, pues en esas realidades tienen Estados.
Al parecer, como en todas las épocas, las nuevas generaciones tendrán que buscar sus propios derroteros. De estas generaciones nada tendrán, sino discursos. Tendrán que valerse de las nuevas herramientas actuales, teóricas y tecnológicas, para construir un mundo más justo y humano. Lo que hay ahora sólo es inercia del siglo XIX y XX. Casi obsoleto en todo, casi inútil para enfrentar las nuevas realidades de los escenarios sociales y económicos actuales.
Los nuevos proletarios y movimientos obreros de Bolivia, ya están presentes con toda la escala de explotación laboral, sin derechos sociales básicos, sin organizaciones que les amparen legalmente ni sindicalmente. Esas duras condiciones les darán, sin duda alguna, oportunidades de nuevas organizaciones y líderes teóricos que les conduzcan a sus propias liberaciones. Lamentablemente el capitalismo salvaje por ahora está ganando la batalla.
por: Max Murillo Mendoza





