Máscaras por mascarillas: el coronavirus le baja el ritmo a los carnavales en diferentes partes del mundo

Era en aquellos días, cuando la pandemia aún no estaba declarada, cuando como cada año una inmensa multitud disfrutaba de uno de los carnavales más famosos del mundo. Venecia rebosaba de visitantes y apenas había espacio para nuevos turistas. A los pocos días se declaró oficialmente el primer caso en Italia en la Lombardía, y el 21 de febrero la primera muerte por COVID-19, en la región del Véneto, donde se encuentra Venecia.

Sin embargo, en el inicio oficial de lo que sería el Carnaval de Venecia de este año no hay nadie en la calle, ningún signo visible de alegría y disfraces. Si bien el carnaval no se ha cancelado del todo, no hay fiestas y todo se reduce a eventos virtuales. Lo mismo ocurre con muchos otros eventos, como el Carnaval de Colonia, una de los más tradicionales de Europa, que también ha sido suspendido.

En la famosa plaza de San Marcos, en Venecia, entre una espesa niebla, varias parejas pasean disfrazadas de nobles y los niños, también con elegantes atuendos, lanzan confeti. Empieza el carnaval pero, este año, en versión COVID-19, sin turistas y en gran parte telemático. “Es totalmente surrealista. Lo que más me sorprende es el silencio. Durante el carnaval siempre se oye música, la gente que se divierte. Pero Venecia entre brumas sigue siendo un lugar mágico”, dice Chiara Ragazzon de 47 años, una oficinista que viajó con su marido desde Jesolo, a unos 50 kilómetros.

A unos pasos de la plaza de San Marcos, Hamid Seddighi, de 63 años, con una bata blanca con manchas de pintura, se esmera en terminar una máscara de carnaval: las moldea, las esculpe, las pule delicadamente, con gestos rápidos y precisos. En el taller de su tienda, Ca’ del Sol, las máscaras hechas de cartón piedra, de encaje o de hierro, o decoradas con cristales de Swarovski, no encuentran comprador: desde el inicio de la pandemia, sus ingresos cayeron un 70%, debido a la falta de turistas, su principal clientela. “Me enamoré de las máscaras. Las hago desde hace 35 años. Pero ahora es trágico, sólo he vendido dos para el carnaval”, se lamenta este artesano de origen iraní.

Antes de la pandemia, el carnaval de Venecia generaba unos 70 millones de euros (84 millones de dólares), que gastaban unos 567.000 turistas, según la comuna de Venecia. Delante de la Basílica de San Marcos, un grupo de artesanos, con máscaras y largas capas negras, se mueven en silencio, para “recordar al mundo que todavía existen y resisten”.

Para incitar a los vecinos de la Serenísima a perpetuar la tradición, la asociación de artesanos de Venecia lanzó la campaña: “El carnaval de los venecianos, enmascarados… y con la máscara”. “Venecia se ha quedado sin turistas, es la ocasión para los venecianos de reapropiarse y redescubrir su ciudad”, explica su director, Gianni De Checchi. “En estos últimos 25 años, el turismo de masas ha alterado el tejido socioeconómico del centro de Venecia. Y de alguna manera, ha dañado al carnaval”.

La comuna de Venecia, que tuvo que reducir las celebraciones cuando irrumpió la pandemia en febrero, apuesta este año por los videos publicados en línea con los venecianos disfrazados. Entre los videos grabados, un grupo de personas con disfraces barrocos improvisa un minueto en el famoso puente de Rialto. “Queríamos mostrar que Venecia no es una ciudad muerta, que es posible divertirse en pleno COVID-19”, dice uno de ellos, Armando Bala, de 42 años, con una peluca rococó y una levita de terciopelo rojo.

Con su mujer Arnisa, regentea desde hace 20 años la tienda La Bauta, donde suntuosos trajes de época comparten espacio con máscaras artesanales inspiradas en personajes de la Commedia dell’Arte. “No buscamos hacer dinero, sólo queremos sobrevivir”, asegura el dueño del negocio, cuyos ingresos dependen en un 40% del carnaval.

Como consecuencia de la pandemia, las autoridades de Nueva Orleans, en Estados Unidos, anunciaron que este 2021 no habrá carrozas luciéndose por sus calles, ni vecinos disfrazados con los más estridentes colores durante el Carnaval de Mardi Gras. Sin embargo, lejos de aceptar las restricciones y resignarse a que este febrero no se celebrara la tradicional fiesta, los residentes de la ciudad decidieron no perder el espíritu carnavalesco: en un año atípico, sus casas se convertirán en la principal atracción.

La iniciativa nació en las redes sociales. Frustrada por las noticias, Megan Boudreaux no se dejó vencer. “Está decidido. Estamos haciendo esto: convertí tu casa en una carroza y arrojale todos los collares con cuentas de plástico que tengas guardados en tu sótano a los vecinos que pasen por ahí”, escribió en Twitter. Pronto, la idea caló hondo y la iniciativa Krewe of House Floats (comparsas de casas-carrozas, en español) llegó a imitarse en 40 barrios de toda la región de Nueva Orleans.

Los coloridos desfiles de Mardi Gras en los que personas a bordo de elaborados carros alegóricos lanzan baratijas entre los asistentes fueron cancelados en Nueva Orleans en noviembre debido a que las multitudes podrían propagar el coronavirus, anunciaron las autoridades. El portavoz de la ciudad, Beau Tidwell, aseguró que no se realizará ningún desfile en las semanas previas y durante el “Martes Gordo” debido a que no pueden cumplir con las restricciones dirigidas a frenar la propagación del coronavirus. La cancelación se basó en gran medida en un límite de 250 personas para multitudes en exteriores. “No se pueden hacer desfiles tradicionales con un grupo tan pequeño”, señaló Tidwell.

Si de carnaval hablamos, no podemos dejar de mencionar a la “Ciudad Maravillosa”. Este año la pandemia mató a la fiesta más icónica de Brasil: por primera vez en su historia Río de Janeiro no tendrá su carnaval y las consecuencias económicas de su cancelación para evitar una mayor propagación del coronavirus se predicen nefastas, con pérdidas estimadas por la patronal de los comerciantes en 2.700 millones de reales (509 millones de dólares), cifra nunca antes vista en la postal de Brasil.

Se han visto afectados desde los ambulantes que apaciguaban la sed de miles de “folioes” (fiesteros) en las comparsas callejeras hasta los hoteleros, que han visto reducida su ocupación en más de un 50 %. También han sentido el azote los profesionales invisiblesque año tras año dan brillo al carnaval. Artesanos, diseñadores, carpinteros, soldadores, costureros y mecánicos: todos quedaron cesantes. A ellos se suman infinidad de músicos y bailarines, así como comerciantes que importaban adornos, disfraces e implementos para el carnaval. Toda la cadena de productos, comercio y servicios ha sentido el golpe.

Los más azotados, sin embargo, han sido los pequeños negocios y los trabajadores temporales, en su mayoría personas de escasos recursos cuyo sustento depende del carnaval. Solo en el sector turismo más de 25.000 personas que antes ayudaban a atender las demandas de la principal fiesta carioca dejaron de ser contratadas temporalmente en hoteles, bares y restaurantes de Río, según explicó a EFE Fabio Bentes, economista de la Confederación Nacional del Comercio (CNC).

”¡Las ventas han sido pésimas! Sin el carnaval estamos vendiendo sólo un 10%”, aseguró a la agencia de noticias María Vicente da Silva, una mujer de 52 años que trabaja en una tienda de artículos para carnaval en Saara, un popular polo comercial en el centro de Río famoso por la venta de este tipo de productos. ”Esto es muy triste. Vemos muchos comercios cerrando las puertas porque no tienen condiciones para mantenerse abiertos”, agregó.

Las escuelas de samba, alma, corazón y vida del carnaval, han tenido que reducir drásticamente su personal y hacer malabares para mantenerse a flote. Con 22 títulos a cuestas y 98 años de fundada, la Portela, la mayor campeona de la fiesta carioca y una de las escuelas de samba más tradicionales de Río, no es la excepción. En el último año, 50 de sus miembros fallecieron -la mayoría por COVID-19- y los ingresos propios de la escuela prácticamente se esfumaron por impedimentos de la pandemia. En esta escuela, unas 400 personas se han visto perjudicadas con la cancelación del carnaval. La mayoría es personal temporal que trabaja en la Ciudad de la Samba, un lugar lejos de la sede principal, donde se confeccionan los disfraces y se hace el montaje de los carros alegóricos (carrozas).

”Es mucha gente. Es un ejército que trabaja para cada escuela de samba y esas personas necesitan de un proyecto de carnaval para poder sustentar a sus familias con dignidad”, indicó a EFE su vicepresidente, Fabio Pavao. La situación es similar en Beija Flor, otra de las 12 escuelas del Grupo Especial, donde están las mejores.”Bajamos los salarios e intentamos mantener a todos los colaboradores hasta ahora, porque los gastos son muy altos si no se tienen ingresos”, aseveró Selminha Sorriso, la famosa portabandera de la escuela. Para esta mujer que lleva 26 años levantando con orgullo la bandera de la Beija Flor, la pandemia ha sido una dura prueba de resistencia, pero “todo el dolor que trajo también nos fortaleció”, aseguró.

En el verano de 2020, después de que la primera ola de la pandemia de coronavirus hubiera disminuido, muchas asociaciones de carnavales alemanas se mostraron optimistas. Habían elaborado planes detallados para asegurarse de que la temporada de carnaval de febrero de 2021 cumpliera con las normas de higiene y las regulaciones de distanciamiento social, al tiempo que permitía a las personas reunirse y pasar un buen rato.

Pero estos planes han estado fuera de la mesa hace mucho tiempo. Hoy en día, cuando muchas celebraciones generalmente se están llevando a cabo en lugares y tiendas de campaña grandes y llenos de gente, Alemania permanece estrictamente cerrada. Se han cancelado los carnavales callejeros, los eventos escénicos y los desfiles.

Sin embargo, este año también contó con algunas sorpresas reservadas para los fanáticos del carnaval en Alemania. El popular programa de televisión “Mainz bleibt Mainz” (“Mainz permanece Mainz”) tuvo lugar y se transmitió como de costumbre el viernes de carnaval. Sin embargo, en lugar de ser en vivo, fue pregrabado sin audiencia. Por primera vez en su historia, tampoco contó con cantos en vivo. Según la Asociación de Carnaval de Mainzer (MCV), el evento fue “único en la historia del carnaval televisado”.

Colonia es posiblemente la ciudad alemana más asociada con las celebraciones de carnaval. La retransmisión de la ciudad de sus celebraciones tradicionales el jueves, el “día de la mujer” del Carnaval (Weiberfastnacht), que marca el inicio de las festividades públicas, también es única este año.

Debido a las restricciones de la pandemia, los eventos de Colonia no contarán con grupos de baile y los músicos estarán más separados de lo habitual. Todos los que estén en el escenario sin máscara habrán sido evaluados de antemano para detectar COVID-19, mientras que otros elementos habrán sido pregrabados, como un parlamento simulado de mujeres conocido como Elferrat. Uno de los eventos más importantes de Colonia, una revista llamada Prunksitzung, o “sesión de pompa”, no contará con público y con estrictas reglas de distanciamiento social.

Si bien la pandemia del coronavirus obligó a cancelar gran cantidad de eventos alrededor del mundo, eso no fue impedimento para que la festividad más importante de Colombia, el Carnaval de Barranquilla, tuviera una nueva edición. Este 2021 llega con un formato totalmente diferente, ya que será una expresión a la vida y la tradición que permita llevar un mensaje de esperanza y optimismo al país y el mundo.

Los organizadores del evento anunciaron que, este año, por medio de diferentes plataformas, se podrá apreciar la representación folclórica más grande de Colombia, que se vio obligada a trasladar sus eventos presenciales y multitudinarios a la virtualidad, para que la gente desde casa pueda sentir y emocionarse con este evento que se convirtió en Patrimonio Inmaterial del mundo en el año 2003.

“Me complace participar de este encuentro porque es una oportunidad histórica para compartir con el mundo este privilegio del Carnaval de Barranquilla. Esta fiesta representa nuestro folclor y nuestra alegría y está dispuesta a cobijar y recibir a cualquier persona que quiera desfrutarlo. Nuestro Carnaval es simbolismo de alegría y hemos identificado que es un potenciador de la economía”, aseguró Flavia Santoro, presidenta de ProColombia.

La directora, además, resaltó la capacidad de organización de este evento, el cual será transmitido por diferentes plataformas digitales incluidos podcasts, playlists, y muchos más. “Vamos a tener la oportunidad de vivir el Carnaval desde adentro y vamos a poder conocer a los maestros de esta celebración. Quiero invitarlos a que disfrutemos este Carnaval desde nuestros hogares y junto a nuestras familias para poder conocer y admirar más de nuestra cultura”, añadió.

En la misma línea, el carnaval boliviano, tradicionalmente repleto de fiestas y desfiles masivos, se ha tenido que reinventar en medio de la segunda ola de contagios de la COVID-19 que golpea al país, con eventos virtuales y otros más pequeños igualmente llenos de color aunque sin llegar a aglomerar gente. Las principales ciudades del país han resuelto suspender todas las festividades masivas, incluido el emblemático Carnaval de Oruro, la mayor fiesta del folclore de Bolivia declarada en 2001 Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco.

En La Paz, la Alcaldía presentó un programa con una veintena de actividades virtuales en su mayoría, incluidas charlas sobre las tradiciones carnavaleras paceñas, conciertos que se transmitirán por Internet y exposiciones que evocan a la fiesta y sus personajes. ”El carnaval que esta vez está suspendido está encontrando formas de manifestarse aprovechando la virtualidad, pero también en actos presenciales que no impliquen que mucha gente se aglomere o se exponga, y que al mismo tiempo siga disfrutando de una fiesta tan arraigada en nuestro país”, dijo la jefa de la Unidad de Espacios Escénicos Municipales, Mabel Franco. /Afp -Ap

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