Es claro que tuvimos un retroceso. Está más que evidente que la visión autoritaria del señor feudal, dueño de cuerpos y conciencias, se instaló y se resiste a la voluntad del pueblo. Vivimos un momento duro de quienes se creen con el derecho divino de quedarse para seguir atropellando.
Oscuros cortesanos han construido grandes relatos que intentan justificar su autoritarismo.
Mucho se ha escrito sobre el despilfarro, la corrupción, la compra de conciencias, de la injusticia, de la gigantesca burocracia, de los elefantes blancos, del pésimo manejo de la economía y del Estado en general, del irrespeto a la madre naturaleza y los pueblos originarios, a la economía de la coca-cocaína y muchos largos etecéteras. Esta vez no deseo continuar echando sal a la herida.
Hoy deseo recordar en estos 194 años de existencia como Estado que llegamos aquí gracias a un gran relato nacionalista populista con demasiadas mentiras. Vivimos el mito implantado de la Bolivia entre dos fuerzas: la derecha vendepatria y corrupta que busca someter al pueblo para explotarlo y la víctima-héroe, el instrumento político de las fuerzas sociales que embanderan el autoproclamado proceso de cambio. En realidad, ni siquiera estamos viviendo el sueño trasnochado de alguna izquierda del siglo pasado pensada para ese momento histórico. Este mega discurso maniqueo intenta encubrir un salvaje capitalismo de estado que centraliza el poder y profundiza las diferencias. Es decir, estos señores del medioevo crean, remiendan y baten banderas con el único propósito de enmascarar el autoritarismo, la corrupción y la incapacidad.
Y es que ¿qué se puede esperar de quién nos miente diariamente?, ¿qué se le puede pedir a quien ni siquiera conoce lo que es el amor y respeto a la mujer o a un hijo?, ¿qué podemos creer realmente de alguien que descaradamente puede decir una cosa cuando hace todo lo contrario a tal punto de sacrificar a sus cabezas de turcos sin ningún arrepentimiento?
Gran parte de estos 194 años hemos vivido las dictaduras más crueles y las injusticias más grandes, pero nunca vivimos como en estos 13 años la maquinaria de la mentira más grande, el aparato propagandístico más digno del fascismo en esta Bolivia del retroceso.
Todos hablan de las elecciones y de las encuestas; ya casi nadie de la ilegalidad del binomio medieval.
Estamos, posiblemente, en el tiempo más difícil de la patria. Estamos en un mundo que está destruyendo la casa que habita, una sociedad tecnológica disruptiva de increíbles avances, del retorno de autoritarismos nacionalistas, del agotamiento de los recursos, del cambio permanente… de retos demasiado grandes para el medioevo.
Este es el tiempo de la ciudadanía librepensante. Impostergable tiempo para dar un golpe de timón para recuperar la democracia y afrontar lo que se viene a riesgo de ser un país insignificante e irrelevante. Tenemos un compromiso conciencial y moral.
Tenemos está única oportunidad, ahora o nunca.
por: Giselle Gonzales de Prada





