ENTRE EL ARENA VIRUS, EL SUSAT, EL SUS Y OTRAS DEMAGOGIAS

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El 21 de febrero de este año, los medios de comunicación titulaban que se promulgó la Ley 1152 que garantizaba la gratuidad de la salud de 5 millones de bolivianos, nacía el inédito Sistema Único de Salud Universal y Gratuito (SUS).“Es un día histórico e inolvidable porque damos pasos importantes gracias a la unidad del pueblo boliviano y el proceso de cambio”, indicaba el presidente Evo Morales, quien destacó que “ahora se garantiza salud para todos los bolivianos porque es un derecho humano” y ponderó la inversión en el sector de salud que ejecuta y proyecta su administración. La ministra de Salud, destacó los dos componentes importantes del nuevo sistema que son la universalidad y la gratuidad. “Estamos dando un salto enorme hacia el sueño de cualquier Estado en el tema de salud, la universalidad significa que todos y todas podamos tener acceso a salud, esa es la universalidad, no importa qué edad tengamos, si son hombres o mujeres, del campo o la ciudad, para que podamos ser atendidos en salud”. Pero el SUS es resistido por los colegios médicos de Bolivia, la clase política y en general la población que asiste a precarios servicios del sistema nacional. Los profesionales médicos cuestionan la forma cómo se ponía en vigencia el plan de salud masista, porque consideran que no existen las condiciones de infraestructura, equipamiento y de recursos humanos necesarios. Morales ratificó que, además de los 2.000 millones de dólares destinados al plan de hospitales y otros 200 millones para la implementación del SUS este año, existen 30 millones adicionales para mejorar la infraestructura de 14 hospitales y otros recursos para 8.000 nuevos ítems para garantizar esa política de Estado, ofreciendo inicialmente de forma gratuita más de 300 prestaciones de salud.

Entendamos conceptualmente qué, los ejes de una política social en salud se basan en la prevención, la promoción de la salud, detección oportuna de enfermedades; procuración del acceso real a los servicios médicos; asegurar la atención de los grupos prioritarios; brindar servicios de calidad y calidez con profesionales de la salud preparados y contar con una infraestructura moderna y el equipamiento de la más alta tecnología. Bajo esta premisa del acceso universal, oportuno y efectivo, a través del sistema de Gratuidad, todas las personas, sobre todo las sin seguridad social, tiene acceso a la consulta médica, atención de urgencias, hospitalización, cirugías, rehabilitación, medicinas, estudios de laboratorio, atención en domicilio, cuidados paliativos, todo lo necesario para salud. En la actualidad, los medios reflejan cotidianamente las protestas de la población que acude a diversos centros en el país donde no encuentran los excepcionales servicios que supuestamente el SUS generaría. El enfermo y paciente, no hacen política con su estado, exigen el cumplimiento de lo establecido en la CPE y nada más; los profesionales del área y sociedad en general demandan el cumplimiento de ofertas que estos 14 años de gobierno de cambio no se han efectivizado en lo mínimo y, más bien, amenaza al sistema con sustituir a médicos bolivianos con “profesionales” cubanos y de otras nacionalidades. A este paso…el retorno de los brujos.

En el espíritu de la Filosofía Política, se entiende qué, debe partirse de la premisa que la vida representa el valor ético supremo y que la salud es un bien inseparable de ella, entonces, el derecho a la salud presupone el derecho a la vida, la vida como expresión sagrada de nuestra existencia que amerita el respeto máximo de cada uno, sobre todo, de los que tienen la responsabilidad máxima de protegerla, o sea, los agentes del Estado.  Este derecho no se da sólo por la existencia de servicios de salud, sino que también es el resultado del acceso a un ambiente y a condiciones de vida que sean compatibles con la dignidad del ser humano. Es el resultado también de la capacidad de cada nación de movilizar, organizar y utilizar todos sus recursos para transformar sus servicios y ponerlos al alcance de la gente, en un marco de bienestar y calidad de vida como principio fundamental.  En nuestro país, no tenemos razones para estar orgullosos con lo que se hizo históricamente por la salud de nuestro pueblo. Los modelos adoptados a lo largo de nuestra historia han sido ineficientes, incapaces de dar mínimas respuestas a los problemas más elementales. La ineficiencia y el rotundo fracaso del sistema se expresan hoy como una dramática deuda social acumulada en salud (en la época de mayor riqueza jamás sucedida). Esta deuda social expresada en número de muertes y sufrimiento nos demuestra que los modelos utilizados no sólo han sido ineficientes e inequitativos, sino que desde el punto de vista ético en la actualidad son inaceptables.

La democracia se asocia con un mayor nivel de salud, pero no todas las opciones políticas democráticas conllevan el mismo resultado en salud, ni las mismas alternativas respecto a la organización de servicios, mucho menos puede esperarse de un sistema totalitario y deshumanizado que expone discursos beligerantes y de una lógica política de represión e intimidación antes que de diálogo y concertación. De esta forma podemos sostener que la mera existencia del poder político con una ideología “pro estado de bienestar o de cambio” no es suficiente para mejorar la salud de la población: este potencial tiene que ser institucionalizado a través de la implementación de políticas del estado de bienestar, discutido y concertado con el sector especializado, único referente profesional del sector y no con militantes de base ideológica que nunca han hincado un bisturí y/o vienen de la época del Mejoral,el Yodan Compuesto o la Curita..!! Colijamos  que el desarrollo económico por sí solo, entonces, no es suficiente para crear una sociedad saludable. La voluntad política que sirve para implementar e institucionalizar los sistemas de bienestar, incluyendo los servicios médicos públicos, parece contribuir también a la salud y al bienestar de sus ciudadanos, únicamente cuando estas políticas tienen base profesional en gestión médica y no en un recetario ideológico como camisa de fuerza.Entonces, sólo una férrea voluntad política que abogue por políticas de bienestar más igualitarias, incluyendo atención médica pública, será importante para mantener y mejorar la salud de la nación qué, cómo república, ha sido asfixiada.

En este contexto, el concepto Salud Universal y Gratuita debe ser considerado desde una óptica integradora real (no únicamente como un parche ideológico político), que explore aspectos que, debido a su evidencia, son pasados por alto al momento de plantear las políticas sanitarias; deberían confluir en él los distintos “poderes”, a veces tan difusos y aislados (individuales, sociales comunitarios, profesionales del área y especialistas en gestión pública de salud, gubernamentales, institucionales locales y otros) sobre los cuales recae la responsabilidad para la obtención del bienestar y el equilibrio de la salud. Es necesario para ello hacer un intento para unir los fragmentos que componen el concepto y permitir a los actores del mismo identificar los componentes, así no sean de su responsabilidad.

Los esfuerzos del SUSAT como sistema fue novedoso y su implementación inicial fue una “revolución” que significó una acción pública inteligente y sostenible porque estaba aparejada a una acción política con proyecciones autonomista, truncada por un periodo oscuro y nefasto que desnudó las carencias humanas y “sociales” de un modelo de cambio pobre en ideas e iniciativas proactivas sobre el sector y otros. Este modelo y el de la gobernación cruceña, vigente, son los únicos casos de los que se puede hablar de políticas públicas de salud departamentales, que choca por sus excelentes resultados, con las de corte político ideológicos azules, secantes y en los hechos, deshumanizados.

La aparición del Arena Virus, desnuda las carencias de visión y acción de un sistema insensible, dónde las primeras víctimas son el corolario de un carácter gubernamental torpe e ignorante en la materia. Las víctimas de este estado de cosas, deben ser consideradas mártires de la salud, pues cumplieron con un apostolado digno de encomio y profundo reconocimiento al cumplimiento de su labor más allá de protocolos en los que sacrificaron su vida por otros seres humanos. El Dr. Gustavo Vidales, el Dr. Ortiz y la practicante fallecida en primera instancia, fueron al encuentro de la vida en cumplimiento de un juramento Hipocrático y no de un juramento hipócrita de puño alzado.

por: Eduardo Claure Fuentes

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