MAX MURILLO MENDOZA LA VELOCIDAD COMO FACTOR DE LA MODERNIDAD
miércoles, 8 mayo 2019 - 06:00 AM - La Voz de Tarija
WhatsApp Email

En el mundo del desarrollo, que fundamentalmente son concepciones de cómo salir de la pobreza, están ya en temas de planificación por etapas, pues la velocidad de sus concepciones acelera por supuesto los pasos que se deben dar para progresar y alcanzar estándares más parecidos a los países ricos. Sin embargo hay una categoría que normalmente no se atiende; pero es crucial a la hora de quiénes son capaces de cambiar, sean países o grupos humanos simplemente, y dar los pasos adecuados para salir adelante. Llámese progreso o procesos holísticos, las modificaciones para mejorar son importantes. Esa categoría es la velocidad, es decir hay países que cambian con mayor velocidad para adaptarse a los desafíos presentes y futuros. Mientras Bolivia es de los países más lentos del mundo, porque los trámites son cavernarios y realmente corruptos o con filtros políticos del siglo XIX, hay países que cambian sus normas y leyes en días o semanas, para no joder el ritmo de las exigencias de sus sociedades y sus negocios. En Singapur se tarda dos días para establecer un negocio, sea fábrica o cualquier otro emprendimiento; en Bolivia con suerte dos años para esos mismos ejercicios.

El llegar tarde a las actividades, o empezar tarde, son actitudes de países altamente atrasados, donde no se respeta la norma establecida, donde no hay la educación por el cumplimiento de las metas y los objetivos, y pues sus leyes pueden ser las mejores escritas del mundo; pero su estructura mental no corresponde a la teoría. La lentitud de sus instituciones, que no son instrumentos de ayuda y avance sino agencias de empleo para sus feligreses de turno, como en Bolivia, contribuye al circuito de la lentitud y de la corrupción sin límites.  Las ventanillas y los escritorios están diseñados para tardar, para solicitar coimas y tardar meses a propósito. Lógicas de tortura cotidiana que tienen por objetivo hacer rendir a sus poblaciones, a odiar los trámites y librarse cuanto antes: es decir coimear lo más antes posible.

La velocidad de los cambios que se están produciendo en muchos lugares del mundo, tienen coincidencias de factores clave en esos esfuerzos: educación de calidad, universidades de calidad y ligadas a la sociedad civil, Estados con políticas de Estado sostenibles y de largo aliento, élites educativas como estrategia de Estado para temas estructurales. No son milagros, sino esfuerzos conjuntos que se diseñaron y se planificaron en consensos sociales y políticos. No hay nada que inventar bajo el sol. Incluso países vecinos se están adaptando a esas velocidades, a pesar de sus dificultades históricas y estructurales; pero no Bolivia.

Bolivia tuvo la mala suerte de contar con oligarquías poco liberales y progresistas. Clases medias y altas totalmente analfabetas funcionales desde siempre, sin entender científicamente estos territorios, copiando modelos de moda de países del norte y por supuesto fracasando siempre. Ni izquierda ni derecha, que son las mismas familias desde la colonia, han tenido la capacidad de cambiar en algo al país. Su inutilidad es congénita. Su inutilidad es directamente proporcional a sus lógicas de consumo y de pinta. Creen desde siempre que están en París o Miami. No han sido capaces de lograr desarrollos nuestros, adaptados a las condiciones económicas y culturales nuestras. Y pues son las más lentas del mundo, es decir las más corruptas, loteadoras y destructoras de nuestros hábitat y medios ambientes.

Las clases dirigenciales jamás han estado a la altura de los desafíos. La lentitud de sus acciones históricas, siempre fueron confusas como no nacionales. Nunca tuvieron realmente proyecto de Nación y Estado, sólo para su subsistencia económica que nada tiene que ver con el desarrollo y progreso, sino con el saqueo y la expoliación de nuestras riquezas: jamás invierten sus ganancias, quieren todo gratis y mejor robado. Por eso prefieren un país lento, porque ahí tienen las condiciones necesarias para el saqueo. Por eso prefieren un país sin instituciones ni desarrollo, es decir no moderno.

Las burocracias bolivianas, que son las más lentas del mundo, tienen esos objetivos que no han cambiado desde el siglo XIX: torturar a sus poblaciones para domesticarlos y hacerlas siempre lentas, siempre obedientes con la coima y el retraso de sus metas. Ese irracional despilfarro económico no es digno de un país tan pobre y dependiente. Porque la lentitud es muy cara, demasiado caro que posterga absolutamente todo y cualquier proyecto de avance, de velocidad en el desarrollo de las cosas. En definitiva esas son las clases medias y altas, las que supuestamente son las dirigencias de este país, las que tendrían que ser el motor más importante de los cambios, del ejemplo y la ética del progreso y el trabajo. Dignas de estudios profundos, históricos, antropológicos, sociológicos e incluso arqueológicos.

Pues bien, en el país más lento del mundo donde muy poco ha sucedido en estos siglos, al menos nuestras culturas ancestrales le han dado vida y movimiento, al generar mecanismos de sobrevivencia rápidos al margen del Estado burocrático de ocupación e ineficiencia, al margen de los fracasados sistemas legales, de las lindas palabras y los lindos escritos de la ley, que es basura burocrática, fuente de lentitud y corrupción.

por: Max Murillo Mendoza

LO MÁS VISTO