Seria presuntuoso no reconocer que se afronta una dificultad cuando se pretende definir el concepto u objeto de las políticas públicas debido a que aquélla estriba en lo semántico, que es la ciencia de las palabras, en la lengua española y en general en las lenguas latinas, con el término política.
Así, como barrunto del columnista, constituye un escollo identificar que existen en la lengua nuestra de Cervantes por lo menos tres acepciones abrigadas por la misma que el idioma ingles sí las distingue: en primera instancia la política es concebida como el ámbito del gobierno de las sociedades humanas, o sea polity en inglés, luego la política es la actividad de organización y lucha por el control del poder, que sería politics en inglés.
Y, finalmente, la política es la designación y detalle de los propósitos y programas de las autoridades públicas, que es policy en inglés. Diáfanamente y liberado de cualquier barrunto, lo que interesa al ciudadano tiene que ver con las políticas públicas, que es esta última acepción, y su implementación y supervisión por el gobierno.
Esta desagregación que se detalla ayuda a conocer la originalidad del concepto policy que se debe traducir como política pública; además esta originalidad enlaza bajo un mismo término tanto la producción normativa de las instituciones públicas como planes, leyes, decretos resoluciones, ordenanzas, acuerdos y hasta fallos judiciales, como las actividades públicas y administrativas oficiales realizadas por los servidores públicos a nivel de autoridad en lo político y social.
También deben considerarse los nombramientos de autoridades para la elaboración, decisión, implementación y evaluación de esta producción del proceso de la política; teniendo como objeto el generar efectos en la población y en la propia política. Es muy interesante concebir que el proceso de la política pública es un fenómeno complejo en el cual actúan los agentes mediante redes previamente estructuradas, tanto los elementos institucionales como las reglas formales y las ideas, intereses y las instituciones políticas.
Por lo expuesto, se debería entender a las políticas públicas como un conjunto de elementos y procesos con el concurso activo o voluntariamente inactivo de alguna institución gubernamental o autoridad pública. Debo aclarar sobre la precitada inactividad voluntaria del Estado que se basa en el laisser faire o el hecho de no actuar, intervenir o regular; es también una elección o una decisión de política pública realizada por las autoridades gubernamentales.
Para que aquello no suceda, es vital evaluar frecuentemente la políticas públicas, logrando así la articulación racional entre sí, aspirando con acción y vehemencia el mantenimiento o la modificación de algún aspecto del orden social, sin embargo, es prescriptivo tener en cuenta que las políticas públicas son una creación intelectual, una categoría analítica, cuyo contenido deber ser identificado por el analista.
Como corolario y otro trasunto importante es asignar atención a la condición invariable que, para que una política pueda ser considerada como política pública, es necesario que haya sido producida y tratada al interior de un marco de procedimientos, de influencias y de organismos gubernamentales.
por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas





