Todavía no lo pude comprobar pero leí hace un tiempo que en los momentos más difíciles de la guerra del Chaco surgió un estratega paraguayo que propuso “bombardear” las trincheras bolivianas con panfletos y dibujos que graficaban la situación del soldado boliviano. Mostraban al soldado boliviano como como un peón de los patrones en las capitales de Bolivia, cuyos hijos vivían en Europa mientras mandaban a sus pongos a la guerra. Dichos panfletos y dibujos propagandísticos -dice el escrito- fueron lanzados días previos al ataque boliviano en la acción que se llamó “batalla de Nanawa”. En esa batalla murieron más mil soldados nuestros y otro tanto fue hecho prisionero. Algunos cronistas de la época señalan que regimientos enteros que habían visto los escritos y dibujos mencionados habían marchado al frente totalmente desmoralizados.
Y es que cuando la fortaleza moral está perdida no habrá posibilidad de enfrentar ninguna batalla con posibilidades de victoria. Algo similar estamos viviendo al momento con el actual partido en función de gobierno. Si este partido venció en las elecciones del año 2005 y las subsiguientes, fue porque los otros partidos, los otros líderes políticos estaban vencidos moralmente. De ahí que la victoria del MAS no era tanto mérito propio como yerro de los otros partidos y líderes políticos.
Triunfante el MAS le ocurrió lo que sucede entre los grupos que detentan por largo tiempo el poder y es que se acostumbraron a él y llegaron a creer que les pertenece como cosa propia y lo peor se creyeron así mismos el principio y final de la existencia toda (síndrome de hubris)
En el actual panorama, esos otros síntomas que van vinculados a la desesperación por la pérdida del poder uno los encuentra en la creencia de inmunidad política, infalibilidad del líder, el supremacismo étnico, la apología del delito (un alcalde dijo que va a enterrar vivos a los opositores), tutti quantti (sin alusión directa a nadie).
Al inicio del presente milenio existía una aberrante y serial cadena de síntomas que mostraban el decaimiento del sistema de partidos políticos desarrollados a partir de la recuperación de la democracia: transfugio, corrupción, nepotismo, abuso del aparato estatal. Esa sintomatología era galopante con cada intervención de los líderes políticos de entonces, a cuál más mesiánico. En esa su lógica eran intocables y su poder se transmitiría por las centurias, o mínimo decenas de años. Sin embargo no llegaron ni a un quinquenio y salieron huyendo, unos en avionetas, otros en los baúles de los autos, otros con lo puesto y “entre gallos y medianoche”.
La historia en su caprichosa manifestación cíclica nos ha traído de nuevo estos síntomas y este escenario. Han cambiado -en algo- los actores, más la tragedia sigue con el mismo guión. El desenlace será igual al que ya vivimos y los que aseguran que esto no se dará sino en 15 o 20 años más, hacen el rol de los personajes que decían lo mismo hace 20 o 15 años atrás. El MAS está vencido moralmente, ahí su enorme debilidad y muchos en ese partido lo saben.
Es curioso, y hasta anecdótico sino fuera por lo trágico, el saber que quien vaya a resultar triunfante tras la derrota del MAS no será tanto por mérito propio como por yerro masista. Una vez más la historia cíclica de este país…
Una última prevención: puede que la interpretación histórica sea equivocada; pero el pueblo que la forja no.
Por: Jesús Miguel Molina Gareca





