Uno de los espejismos discursivos que las elites del MAS han creado en torno a la existencia o no de candidatos a la Presidencia de la República, es la que se repite una y otra vez hasta el cansancio, que ni en el MAS y mucho menos en la oposición existen candidatos capaces de derrotar a Evo Morales.
La intención que hay detrás de este discurso está dirigido principalmente a quienes no están de acuerdo con la manera de gobernar que tiene el MAS, pero que tampoco son partidarios de lo que hasta el momento muestra la oposición como posibles candidatos, son los famosos “ni, ni” y los indecisos que una veces apoyan al gobierno y otras no.
No cabe la menor duda que esta argumentación ha calado en varios sectores de nuestro país al punto de que, inclusive, varios militantes de partidos políticos de oposición hoy dudan que sus líderes sean capaces de derrotar al oficialismo y concretamente a Evo Morales, basados en los hechos históricos que acompañan dicha perorata.
No cabe la menor duda que esta estrategia ha sido muy eficiente y seductora, especialmente para quienes están convencidos que la historia es la historia de los héroes y caudillos y desdeñan la lucha de clases.
Sin embargo, este discurso falaz y engañoso tiene sus límites y hoy empieza a tener sus primeros tropiezos, porque la realidad nos muestra que el bloque histórico que hasta hoy respaldaba a Evo Morales, comienza a resquebrajarse y las clases medias de las áreas urbanas opuestas al proyecto masista, comienzan a entender que el problema del liderazgo podría pasar a segundo plano si un proyecto de unidad política se materializa en base a un programa renovado de gobierno, que ratifique la lucha por el respeto de los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016, que encare temas de necesidad nacional, tales como la reducción de impuestos, abolición del usufructo del solar campesino, lucha tecnológica contra la corrupción, modernización del Estado, revolución educativa y de salud, inclusión social y grandes acuerdos de Estado para reforzar la vigencia y el ejercicio de los derechos democráticos y ciudadanos que las élites del MAS pretenden desconocer.
Lo que hasta hace muy poco para algunos era imposible e impensable, parece que empieza a tener algo de sentido y ya se comienzan a plantear la necesidad de la unión opositora independientemente de quién sea el candidato o candidatos, asumiendo de manera más analítica, real y eficiente que la unidad de todos los opositores es el camino más efectivo para enfrentar con éxito a este régimen autoritario y prorroguista, que se encuentra en tránsito hacia una dictadura tipo venezolano.
Pero lo que más alienta este análisis es que al interior del propio MAS, también empiezan a barajarse nuevos escenarios sin la presencia de Morales y que es posible hablar de otros candidatos capaces de sustituir su liderazgo y para ello toman en serio algunos datos que muestran que Evo Morales ya no es un candidato ganador.
Todos reconocen que Evo Morales sigue siendo un factor de unidad al interior del MAS y que a veces es más cómodo colocar al líder por encima del bien y del mal, que entrar en una disputa de fracciones y liderazgos que siempre conlleva el peligro de la división, sin embargo en algunos sectores masistas, el temor de la derrota anunciada de Evo pesa más que una posible división interna y consideran que si Evo apoya un sucesor, el peligro de división podría esquivarse y de esta manera respetar los resultados del referéndum del 21F y sobre todo cambiar al entorno palaciego que impide una renovación democrática al interior del propio MAS.
A la fecha, sea por una o por otra razón, lo único cierto es que el discurso, de que no existen candidatos ni en la oposición ni en el gobierno, comienza a agrietarse y una nueva narrativa va ganado espacio tanto en la oposición como en el propio MAS, esto sólo es posible porque hemos entrado en una etapa de franca descomposición orgánica del MAS, etapa en la que muchos “gramscianos” dirían, “lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer” pero en este caso podríamos decir “que lo viejo ya agoniza y lo nuevo comienza a visualizarse”.
por: Gustavo Blacutt Alcalá





