CON LOS OJOS ABIERTOS

Newspaper WordPress Theme
spot_img

Por nuestra ascendencia, debemos tener algo de alpaca o en el mejor de los casos de vicuña. Aunque es admirable el modo elegante de moverse de estos camélidos, su habilidad para soportar estoicamente las vicisitudes del medio, algún que otro rasgo de rebeldía escupiendo, el frío o los momentos de escasez, es un hecho que no solo tenemos el lado camélido en nuestro acervo. Ya no hay duda, y en una rápida mirada al mundo de los animales no racionales, la conclusión es que tenemos mucho de avestruz.

Es un ave rara. Para empezar es la única que no vuela y ustedes saben que ave que no vuela se convierte en presa fácil. Y lo más llamativo, es que la avestruz, ante el peligro, esconde la cabeza en la arena, suponiendo que si no ven, tampoco pueden verla.  Es una curiosa reacción ya que no se prepara para el inminente ataque,  es casi como cerrar los ojos  a modo de conjurar lo que se nos viene encima, mientras  otras más avispadas,  cuanto mucho,  salen corriendo a importante velocidad.

Meter la cabeza en la arena o entrecerrar los ojos, es una reacción de temor. Y eso, es exactamente lo que nos está pasando,  que estamos ignorando las señas que nos llegan por todo lado, como que se avecinan  peligros y que debiéramos tomar previsiones sino queremos terminar siendo no solo un país inviable, un estado fallido, sino una triste sociedad arrinconada a pura amenaza.

Hace unos días, Evo Morales, arengó a su cuestionable amigo con un «dale Maduro, dale duro» en una inspiración digna de un reggetonero, aunque  escalofriante para un Presidente. La intención es que no se le de tregua a la sociedad civil venezolana, que hace tres meses abandona las calle sólo para recoger cadáveres de jóvenes estudiantes, que están pidiendo sólo respeto a su Constitución, a la democracia y reclamando por la miserable vida a la que los han arrastrado con ese populismo irresponsable que se adorna de socialismo y no es nada más que una absoluta barbarie. Para nadie ya es un secreto la intencionalidad de los casi exterminados socialistas del Siglo XXI. El arrasar con los derechos y libertades, es cuestión  de supervivencia para ellos como única posibilidad de establecerse en remedo de regímenes totalitarios , que les garantice sobre todo, impunidad.

La corrupción ha hecho carne alrededor de todos estos caudillos que a nombre de los pobres de sus países, han amasado importantes fortunas. Y no satisfechos con poner a su entera disposición  toda la maquinaria estatal con este fin, han avanzado sin miramientos a cooptar la justicia, usando para ello, métodos de prebendalismo, amedrentamiento y extorsión. Lamentablemente, hay grupos absolutamente inmorales, que han hecho de la sumisión, su modo de vivir sin trabajar y que se constituyen en la claque  que  rodea al poder dando esa  falsa imagen de un liderazgo que no tienen.

Como corroborando este estado de cosas, hace unas horas hemos asistido a una pasmosa situación, que nos hacen desear estar en el Medioevo y contar con verdaderas mazmorras, donde destinar a algunos operadores de justicia, que son una verdadera vergüenza para cualquier país medianamente civilizado. Un ciudadano ha tenido que ser puesto en libertad después de más de dos años, condenado «de acuerdo a procedimiento» a la pena máxima en Bolivia que son treinta años de prisión sin derecho a indulto por el feminicidio de una joven mujer. Cuando azorados nos enteramos que fue en resumen el parecido físico de dos sujetos sospechosos, con imágenes sustraídas nada menos que del Facebook  lo determinante para decidir la culpabilidad, se congela la sangre. Y aunque suene a cliché, sin duda, es preferible un culpable libre a un inocente condenado. Los argumentos para justificar la actuación tanto del fiscal como de los jueces, no es más que una ofensa imperdonable que lacera a los ciudadanos del país. Y por supuesto asalta la idea de cuántos casos como ese habrán. La negligencia y la liviandad criminal de apresurarse  en dictar una sentencia sin tener los suficientes elementos, viene una vez más a golpearnos en pleno rostro. El celo profesional de un investigador de la Policía, fue sin duda lo que hoy marca la diferencia y es a quien  hay que agradecerle que este joven boliviano, no se haya consumido entre la injusticia y la impotencia.

Tenemos casos canallescos como los presos políticos, no cabe duda. Pero hoy nos hemos detenido observando en cómo han ido transformado al sistema judicial común en el país, con ese bestial afán de someter la conciencia de los administradores de justicia, que si bien nunca fueron en ejemplo de nada, al menos presentaban resquicios de conciencia moral. No podemos seguir cerrando los ojos o metiendo la cabeza en la arena. La decadencia esta carcomiendo al país. Debemos tener la valentía de mirar a los ojos a quienes pretenden la destrucción como método de perpetuación. Esta es una deuda ineludible.

por: Karen Arauz

spot_img

Artículos Relacionados

LAS MÁS LEIDAS

spot_img
spot_img