Iván Ramos – Periodismo que Cuenta
“Sería muy doloroso que mi hijo represente a otro país”. La frase de Luis Conrrado Moscoso Serrudo, padre del campeón mundial de ráquetbol Conrrado Moscoso Ortiz, vuelve a cobrar fuerza después de que el viceministro de Deportes, Roberto Bustamante, pidiera disculpas por la falta de apoyo económico a la delegación boliviana que compite en el XXIII Mundial Open de Ráquetbol, en Temuco, Chile.
Detrás de la medalla y del himno que suena en el podio hay otra historia: la de una familia que ha tenido que buscar auspiciadores, recurrir a amigos y apelar a la solidaridad para cubrir gastos de transporte, alimentación y alojamiento. No es la primera vez que los Moscoso deben reunir dinero para que el campeón pueda representar a Bolivia.
UNA FAMILIA ENTRE EL ORGULLO Y LA PREOCUPACIÓN
Antes del campeonato en Chile, el padre del deportista denunció las dificultades para financiar el viaje. Cada hora dedicada a buscar recursos era tiempo que se restaba a la preparación de un atleta sometido a una exigente agenda internacional.
La madre del campeón, Karina Ortiz, también expresó su preocupación en declaraciones al Periodismo Que Cuenta. “De verdad sería muy doloroso para mi hijo, para mi familia, que Conrrado represente a otro país, que levante otra bandera que no sea la tricolor boliviana”, afirmó tras conocerse que su hijo había vuelto a coronarse campeón mundial.
Detrás de cada triunfo hay entrenamientos agotadores, recuperación física y sesiones de fisioterapia. Hace unas semanas, Conrrado sintió una molestia en la espalda y necesitó atención especializada para recuperarse de las exigencias de la competencia.
EL CAMPEÓN EN LA CANCHA, SU FAMILIA BUSCANDO RECURSOS
El público suele conocer el desenlace: la victoria, la medalla y el título. Lo que muchas veces queda fuera de escena es el esfuerzo previo y la incertidumbre de no saber cómo cubrir los gastos para llegar a una competencia internacional.
Buscar dinero para viajar no debería convertirse en otra tarea del deportista ni de su familia. Sin embargo, esa preocupación puede distraer al campeón de lo esencial: prepararse, recuperarse y competir al máximo nivel.
La contradicción es evidente: Bolivia celebra a sus campeones cuando levantan la bandera, pero sus familias todavía deben buscar por cuenta propia los recursos para que puedan competir.
EL VICEMINISTRO PIDE DISCULPAS
El viceministro de Deportes, Roberto Bustamante, reconoció que el Gobierno no contaba con recursos económicos para cubrir los pasajes de la delegación boliviana que viajó a Chile.
“Como Gobierno tengo que disculpar porque, para este evento, no contábamos con recursos”, declaró. Añadió que se trabaja para mejorar las condiciones de apoyo el próximo año, no solo para Moscoso, sino también para los deportistas que consiguieron medallas durante el ciclo olímpico.
La disculpa reconoce la falta de recursos, pero deja pendiente una pregunta de fondo: ¿cómo puede un deportista de élite planificar su preparación internacional si no tiene certeza sobre el financiamiento básico para competir? La falta de definiciones también deja a los atletas sin saber a quién acudir cuando se aproxima un torneo.
EL TALENTO BOLIVIANO QUE TERMINÓ BAJO OTRAS BANDERAS
La posibilidad de que los deportistas representen a otros países no es nueva en el ráquetbol. María José Vargas y Natalia Méndez compiten por Argentina; Diego García, formado deportivamente en Bolivia, también pasó a representar a ese país. Mario Mercado y Adriana Riveros han representado a Colombia, al igual que otros deportistas vinculados a esa selección.
Cada caso tiene su propia trayectoria y sus circunstancias. Sin embargo, la salida de talentos plantea una pregunta incómoda para el deporte boliviano: ¿cuánto talento puede perder un país cuando no ofrece condiciones suficientes para sostener una carrera de alto rendimiento?
Conrrado Moscoso sigue compitiendo por Bolivia y acaba de sumar otro título mundial a su trayectoria. Su familia quiere que continúe bajo la tricolor. Pero el orgullo nacional no paga pasajes, alojamiento ni fisioterapia.
En el podio se ve al campeón. Antes de llegar allí, hay una familia que hace cuentas, busca ayuda y trata de que nada falte. Y un país que debería preguntarse por qué quienes lo llevan a lo más alto todavía tienen que pasar el sombrero para representarlo/erbol





