Vive con nuestros muertos

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Iván Ramos – Periodismo que Cuenta

Vuela alto sobre las tumbas, se posa junto a los nichos y, desde hace algunos años, ha elegido el Cementerio General de Sucre como su territorio. Entre mausoleos, lápidas y árboles, una rapaz de cuello blanco se ha convertido en una presencia habitual, casi silenciosa, entre quienes descansan allí.

“Aquí vive”, cuenta Víctor, uno de los guías del cementerio. La señala mientras cruza uno de los pasillos. Es esbelta, de vuelo elegante y mirada atenta. No llegó ayer. Su historia, dicen quienes trabajan en el camposanto, comenzó durante los años de la pandemia del COVID-19, cuando la ciudad quedó en silencio y el movimiento de personas se redujo.

Desde entonces no se ha ido.

UNA VISITANTE QUE DECIDIÓ QUEDARSE
En Bolivia se la conoce como carancho o carcaña. Su nombre científico es Caracara plancus y pertenece a la familia Falconidae, la misma familia de los halcones y caracarás. Es una rapaz que puede adaptarse a distintos ambientes y que también ha sido registrada en espacios urbanos.

“Vino de otros cielos y se quedó”, cuenta Tico. La explicación más sencilla está quizá en el alimento. “Seguro porque aquí se alimenta de una que otra paloma”, dice Víctor, un adolescente que carga una escalera mientras se dispone a subir flores hasta una lápida.

Desde lo alto observa un paisaje singular: mausoleos, árboles, cruces y nombres de personas que alguna vez ocuparon un lugar en la vida pública de Sucre.

“Aquí vive junto a presidentes, príncipes, héroes, músicos y artistas”, dice Esther, otra de las personas que conoce cada rincón del cementerio.

UNA RAPAZ ENTRE EL PATRIMONIO
El Cementerio General de Sucre es el primer cementerio patrimonial de Bolivia. Sus muros guardan buena parte de la memoria de la ciudad y, al mismo tiempo, enfrentan un problema que no es exclusivo de Sucre: la presencia de grandes poblaciones de palomas.

Las aves pueden ensuciar monumentos, tejados y fachadas con sus excrementos. Un estudio realizado sobre la percepción de los habitantes de Sucre encontró que el deterioro de techos y monumentos está entre las principales preocupaciones asociadas a las palomas. En 2024, el 34,5% de los encuestados señaló ese problema.

El mismo estudio, realizado entre 2012 y 2024, mostró que la preocupación por las palomas aumentó con el tiempo y que casi la mitad de los encuestados en 2024 apoyaba algún tipo de erradicación. Los investigadores, sin embargo, plantean medidas de manejo integral, como reducir las fuentes de alimento, modificar los lugares de anidación y utilizar barreras físicas.

UNA SOLUCIÓN QUE EN OTROS LUGARES YA EXISTE
En distintas ciudades del mundo, la cetrería se utiliza para controlar la presencia de aves. Rapaces entrenadas sobrevuelan determinados espacios para provocar la huida de las palomas y modificar sus hábitos. La técnica, por ejemplo, se aplica en lugares históricos como la Puerta de Alcalá de Madrid y la Catedral de Colonia.

En Sucre, en cambio, el carancho no necesita entrenamiento ni órdenes humanas. Llegó solo y decidió quedarse.

El guardián vuela sobre los muertos, se posa en los mausoleos y observa desde arriba una ciudad que cambió durante la pandemia y luego recuperó su rutina.

Él permaneció.

Entre los nombres de quienes ya no están, una rapaz encontró un lugar para vivir. /Erbol

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