Cien días pueden parecer poco tiempo para medir una gestión de gobierno, pero son suficientes para identificar una dirección, reconocer un estilo y, sobre todo, saber si existe voluntad de hacer las cosas de una manera diferente. En el caso de la gobernadora María René Soruco Campero, estos primeros cien días han dejado una señal clara, Tarija tiene una nueva forma de entender la administración pública.
Soruco llegó a la Gobernación con una propuesta que buscaba romper con viejas prácticas y darle a la gestión pública una lógica diferente. Y en estos primeros meses ha comenzado a ponerle su propia marca al gobierno departamental, más dinámica, más ejecutiva y con una mirada que intenta acercarse al «funcionamiento de una empresa privada», donde los resultados importan, los recursos deben utilizarse con responsabilidad y las decisiones no pueden quedar atrapadas indefinidamente en la burocracia.
Ese cambio de mentalidad es importante y suma mucho.
Durante demasiado tiempo, la administración pública ha sido asociada con lentitud, exceso de burocracia, falta de resultados y una preocupante distancia entre quienes toman las decisiones y quienes esperan soluciones. Por eso, introducir criterios de eficiencia, planificación y resultados no debería ser visto como una amenaza, sino como una necesidad.
Pero quizás uno de los aspectos más importantes de estos primeros cien días sea la apuesta por la gente.
Una gestión pública no puede construirse únicamente desde los escritorios. Necesita escuchar, recorrer el departamento y entender que detrás de cada carretera, cada proyecto, cada comunidad y cada emprendimiento existen ciudadanos que esperan oportunidades. En esa visión, la apuesta por el turismo adquiere particular importancia.
Tarija tiene una riqueza natural, cultural, gastronómica y productiva extraordinaria. Lo que ha faltado durante años no ha sido potencial, sino una política sostenida capaz de convertir ese potencial en desarrollo, empleo y oportunidades. Apostar por el turismo significa apostar por hoteles, restaurantes, transporte, producción, comercio, cultura, artesanía y, en definitiva, por miles de familias tarijeñas.
Otro elemento que marca una diferencia es la juventud que acompaña esta nueva administración. Incorporar gente joven no significa desechar la experiencia, sino abrir espacio a nuevas ideas, nuevas capacidades y nuevas formas de entender la gestión pública. Tarija necesita una renovación generacional que combine experiencia con innovación y que deje atrás la idea de que los mismos nombres deben ocupar eternamente los mismos espacios.
Pero hay una bandera que María René Soruco parece haber decidido levantar con especial firmeza, la autonomía departamental.
Y aquí la discusión adquiere una dimensión mucho mayor.
Tarija lleva demasiado tiempo soportando un centralismo que decide desde lejos, administra recursos desde lejos y, muchas veces, determina las prioridades de las regiones sin comprender plenamente sus necesidades. La autonomía no puede ser solamente una palabra incluida en un discurso institucional. Debe convertirse en una herramienta para que Tarija pueda decidir sobre su propio desarrollo y defender con firmeza los intereses de sus habitantes.
Reivindicar la autonomía significa también recordar las postergaciones que ha sufrido el departamento. Significa exigir que los recursos que corresponden a Tarija sean respetados, que las obras pendientes no sean eternamente postergadas y que las decisiones nacionales no sigan colocando a nuestro departamento al final de la lista.
Tarija no necesita una autoridad departamental que simplemente administre lo que le llega. Necesita una Gobernación que tenga voz, que gestione, que negocie cuando corresponda y que reclame cuando sea necesario.
Y una voz firme no significa confrontación permanente. Significa tener claridad sobre lo que se quiere y valentía para defenderlo.
Los primeros cien días de María René Soruco muestran precisamente esa intención, cambiar la manera de hacer gestión, poner a la gente en el centro, apostar por sectores con capacidad de generar desarrollo, incorporar nuevas generaciones y recuperar una discusión que Tarija no puede abandonar, cual es el derecho a decidir sobre su propio futuro.
Naturalmente, cien días no son suficientes para resolver los problemas acumulados durante años. Queda muchísimo por hacer. Las carreteras, la salud, la producción, el empleo, la infraestructura y las demandas de las provincias seguirán siendo una prueba permanente para esta administración.
Por eso, el verdadero balance llegará con los resultados.
Pero una gestión también se juzga por la dirección que toma. Y después de cien días, la dirección parece estar marcada.
Tarija necesita dejar atrás la resignación, la dependencia y la costumbre de aceptar que todo debe resolverse desde el centro. Necesita recuperar ambición, planificación y confianza en sus propias capacidades.
Si María René Soruco logra convertir esta nueva forma de gobernar en resultados concretos, habrá dado mucho más que sus primeros cien días, habrá comenzado a construir una nueva relación entre Tarija y el poder central.
Porque Tarija no pide privilegios.
Tarija exige respeto, autonomía y oportunidades.
Y para defenderlas, necesita una Gobernación que no baje la voz.





