Fiesta Grande de Tarija: San Roque, una tradición de fe, promesas y cultura que guarda cuatro siglos de historia

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Cada 16 de agosto, Tarija revive una de sus expresiones religiosas y culturales más profundas: la Fiesta Grande de San Roque. La celebración, marcada por la presencia de los chunchos promesantes, cañeros, quenilleros, tamboreros, alféreces, alabanzas y procesiones, tiene raíces que se remontan al periodo colonial y es actualmente reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

La historia de esta festividad está vinculada a la devoción por San Roque de Montpellier, santo asociado tradicionalmente con la protección de los enfermos y contra las epidemias. Su culto llegó a Tarija durante la época colonial y, con el paso de los siglos, se transformó en una manifestación colectiva de fe que fue incorporando expresiones musicales, danzas, vestimentas, rituales y formas propias de participación de las familias tarijeñas.

San Roque, el santo peregrino que llegó a convertirse en patrono de Tarija

San Roque es presentado por la tradición cristiana como un peregrino de Montpellier, dedicado a atender a personas afectadas por enfermedades durante sus recorridos por Italia. Su figura quedó estrechamente vinculada a las epidemias y a la protección de los enfermos, razón por la que su devoción se extendió por distintos lugares de Europa y posteriormente llegó a América.

La historia del santo también está acompañada por elementos legendarios, entre ellos el relato de que, después de enfermar durante su peregrinación, se refugió en un bosque y recibió alimento gracias a un perro que llevaba pan hasta el lugar donde se encontraba. Esta iconografía contribuyó a consolidar la imagen de San Roque como santo peregrino, protector de los enfermos y símbolo de esperanza frente a las enfermedades.

En Tarija, precisamente esa relación con la enfermedad y la salud adquirió un significado particular. De acuerdo con la documentación de la candidatura ante la UNESCO, el culto local a San Roque tiene su origen en la época colonial, durante el siglo XVI, y la festividad se desarrolló como una expresión de fe vinculada a la protección frente a epidemias y enfermedades.

1595: la primera ermita y el nacimiento de una devoción

Uno de los primeros hitos documentados de esta historia se sitúa aproximadamente en 1595, cuando se construyó la primera ermita dedicada a San Roque en Tarija.

La documentación histórica de la candidatura de la Fiesta Grande ante la UNESCO señala que esta primera ermita estuvo relacionada con una tradición sobre la aparición de San Roque en una colina ubicada al norte de la antigua Villa de San Bernardo de Tarija. Este episodio pertenece al ámbito de la tradición y la memoria religiosa de la ciudad.

Desde entonces, la devoción comenzó a consolidarse entre la población. La figura del santo quedó vinculada a la protección de quienes sufrían enfermedades y, con el transcurso de los siglos, esa fe se convirtió en una de las expresiones religiosas más importantes de Tarija.

1793: la primera referencia histórica de la Fiesta de San Roque

Aunque la devoción es mucho más antigua, la primera mención histórica de la Fiesta de San Roque se remonta a 1793, según la documentación utilizada para la postulación de la festividad ante la UNESCO.

Este registro constituye uno de los principales puntos de referencia para reconstruir la evolución histórica de la celebración, porque demuestra que para finales del siglo XVIII la festividad ya estaba incorporada a la vida religiosa y social de Tarija.

La fiesta no se limitaba entonces a una expresión estrictamente religiosa. Con el paso del tiempo se fueron articulando alrededor de San Roque actividades sociales y comerciales que contribuyeron a ampliar su importancia dentro de la ciudad.

Los chunchos: de la tradición oral del siglo XIX a protagonistas de la Fiesta Grande

Uno de los elementos que con mayor fuerza identifica actualmente a la Fiesta Grande son los chunchos promesantes. Sin embargo, su incorporación a la celebración de San Roque ocurrió posteriormente a los primeros registros de la fiesta.

La historia oral sitúa el origen de los chunchos promesantes en 1863, durante la festividad de la Virgen de Guadalupe. Posteriormente, estos promesantes se incorporaron a la Fiesta de San Roque a mediados de la década de 1880

De esta manera, la presencia de los chunchos no corresponde al origen mismo de la fiesta, sino a una etapa posterior de su evolución. Con su incorporación, la celebración comenzó a adquirir una de las características que actualmente la distinguen de otras manifestaciones religiosas.

Los chunchos participan como promesantes, es decir, personas que realizan la danza y el recorrido como expresión de devoción y cumplimiento de una promesa ante San Roque. Su presencia se convirtió con el tiempo en uno de los principales símbolos de la Fiesta Grande.

La tradición también relaciona simbólicamente a los chunchos con los enfermos de épocas pasadas, quienes acudían a la ciudad en busca de ayuda, alimento y agua. La representación de los enfermos dentro de la fiesta está vinculada a la memoria de la antigua devoción por San Roque como protector frente a las enfermedades.

La historia del Lazareto y su vínculo con la memoria de los enfermos

Dentro de la tradición histórica de San Roque también ocupa un lugar importante el Lazareto, ubicado en la comunidad de Lazareto.

La memoria oral de la zona conserva relatos sobre la existencia de un antiguo sanatorio destinado a personas afectadas por el llamado “mal de San Lázaro”, identificado con la lepra. La tradición local también mantiene relatos sobre la presencia de los enfermos y sobre las aguas consideradas curativas en el lugar.

En torno a este espacio se desarrollaron relatos sobre un supuesto encuentro entre la devoción a San Roque y antiguas prácticas de los habitantes de la región frente a las enfermedades. Sin embargo, estos elementos forman parte de la tradición oral y de las narraciones transmitidas por generaciones, por lo que deben diferenciarse de los registros históricos documentados.

La memoria del Lazareto contribuyó, de todos modos, a reforzar el significado de los enfermos dentro de la Fiesta Grande y a explicar simbólicamente la presencia de los chunchos como promesantes.

1882-1907: la reconstrucción del templo de San Roque

Mientras la festividad se consolidaba, también se transformó el espacio religioso que la albergaba. La iglesia de San Roque, en su configuración actual, fue reconstruida entre 1882 y 1907. Posteriormente, en 1907 se creó la parroquia de San Roque.

El templo pasó a convertirse en el principal centro de la devoción y en el punto alrededor del cual se organiza buena parte de la celebración.

Las calles y el atrio de la iglesia terminarían convirtiéndose en escenarios fundamentales de las procesiones, los encuentros de promesantes y las despedidas al santo.

La música que acompaña la promesa

La evolución de la Fiesta Grande también significó la consolidación de una identidad musical propia. Entre sus instrumentos tradicionales destacan la quenilla y el tambor, que acompañan a los chunchos durante las procesiones.

La documentación patrimonial señala que la quenilla tiene orígenes precolombinos y que fue incorporada a la Fiesta Grande junto con los chunchos promesantes durante el siglo XIX. En las procesiones, el quenillero marca el compás junto con los tamboreros, acompañando el paso de los promesantes.

A esta sonoridad se suma la caña, considerada por el Gobierno Municipal de Tarija como uno de los instrumentos más representativos de esta celebración y como un elemento que conecta el pasado y el presente de la tradición tarijeña.

La música no funciona únicamente como acompañamiento. En la Fiesta Grande forma parte del ritual y ayuda a ordenar el desplazamiento de los promesantes, convirtiendo las calles en un espacio de expresión colectiva de la fe.

Las alabanzas y la memoria religiosa

Otro componente fundamental son las alabanzas a San Roque.

La documentación patrimonial registra que el primer registro conocido de estas alabanzas data de 1949, cuando Aurelio Arce entregó material para que los chunchos pudieran aprenderlas. A su vez, existe la afirmación de que algunas de estas composiciones habrían sido escritas por Rafael Arce Mora a finales del siglo XIX.

Las alabanzas expresan agradecimiento, peticiones, reconocimiento de los beneficios recibidos y el compromiso de regresar al año siguiente. De esta forma, la música se convierte también en una forma de oración y de transmisión de la memoria religiosa.

1956: la presencia de los carmelitas

En 1956, la Orden Carmelita asumió la responsabilidad de la parroquia de San Roque.

Este hecho forma parte de la evolución institucional de la celebración y de la organización religiosa alrededor del templo y de la festividad. La fiesta continuó desarrollándose como una manifestación profundamente vinculada a la comunidad católica y a las familias tarijeñas.

La prohibición del alcohol y una característica particular de la celebración

A comienzos de la década de 1960 se prohibió el consumo de bebidas alcohólicas durante la Fiesta de San Roque.

La medida terminó convirtiéndose en una de las características distintivas de la celebración. La Fiesta Grande conserva así un carácter marcadamente religioso, en el que la música, la danza, las procesiones y las reuniones familiares se desarrollan bajo una lógica diferente a la de otras festividades populares

La propia UNESCO destaca que en la Fiesta Grande existe una abstinencia total de bebidas alcohólicas, característica que forma parte de la identidad particular de esta manifestación cultural.

1991: San Roque es declarado protector y patrono de Tarija

La devoción histórica terminó adquiriendo reconocimiento institucional. En 1991, San Roque fue declarado protector y patrono de Tarija mediante la Ordenanza Municipal N.º 115/91.

La declaración consolidó oficialmente una relación religiosa que ya llevaba siglos formando parte de la vida de la población tarijeña.

San Roque pasó así a representar no solamente una devoción religiosa, sino también una referencia de identidad colectiva para la ciudad.

1992: la Fiesta Grande obtiene reconocimiento patrimonial en Tarija

Un año después, en 1992, la Fiesta Grande de San Roque fue declarada patrimonio histórico, religioso y cultural mediante la Ordenanza Municipal N.º 093/92.

Este reconocimiento significó un paso importante en la valoración institucional de una tradición que hasta entonces había sido preservada principalmente mediante la participación comunitaria y la transmisión familiar.

1998: Bolivia la declara Patrimonio Histórico, Religioso y Cultural

El reconocimiento trascendió el ámbito municipal en 1998.

La Ley N.º 1895, de 8 de septiembre de 1998, declaró a la “Fiesta Grande de San Roque” de la ciudad de Tarija como Patrimonio Histórico, Religioso y Cultural. La norma también estableció acciones relacionadas con la preservación de la fiesta y el mantenimiento del templo de San Roque.

Con esta declaración, la celebración adquirió formalmente una dimensión patrimonial de alcance nacional.

Una fiesta que se transmite de padres a hijos

La permanencia de la Fiesta Grande no depende únicamente de sus reconocimientos legales. Uno de sus elementos esenciales es la transmisión intergeneracional.

La UNESCO señala que la celebración se ha preservado y transmitido dentro de la comunidad católica y de las familias. Los conocimientos relacionados con la música, los instrumentos, las vestimentas, las danzas, las alabanzas y las formas de participación pasan de una generación a otra.

Por eso, el protagonista de la Fiesta Grande no es solamente el bailarín que aparece durante la procesión. También forman parte de esta tradición las familias que preparan los trajes, los músicos que aprenden y transmiten las melodías, quienes elaboran los instrumentos, los alféreces, los vecinos que ornamentan las calles y los fieles que participan de las procesiones.

Agosto y septiembre: el tiempo de San Roque

La Fiesta Grande se desarrolla tradicionalmente entre agosto y septiembre.

El 16 de agosto, día de San Roque, constituye una fecha central. La festividad continúa posteriormente con las actividades religiosas, procesiones y manifestaciones culturales que se prolongan durante las semanas siguientes.

La documentación patrimonial registra que antes de la fiesta se realizan novenas, mientras que desde los primeros días de agosto comienzan los ensayos de chunchos, cañeros, quenilleros y tamboreros. Los promesantes preparan sus vestimentas e instrumentos antes de incorporarse plenamente a las actividades.

De esta manera, la fiesta no comienza únicamente cuando aparece la primera procesión. Existe una etapa previa de preparación espiritual, familiar, musical y comunitaria.

Los chunchos y la promesa

Los chunchos promesantes son probablemente la imagen más reconocible de la Fiesta Grande.

Su indumentaria está compuesta por elementos vistosos y coloridos, mientras que el rostro permanece cubierto. El traje, la danza y los movimientos forman parte de una representación ritual que identifica a los promesantes como personas que cumplen una promesa religiosa ante San Roque.

La tradición de los chunchos se convirtió en uno de los elementos fundamentales de la fiesta después de su incorporación durante el siglo XIX. Desde entonces, su participación fue creciendo hasta convertirse en un componente inseparable de las procesiones.

Cañeros, quenilleros, tamboreros y alféreces

La Fiesta Grande no está formada exclusivamente por los chunchos.

Los cañeros, quenilleros, tamboreros y alféreces cumplen funciones específicas dentro de la celebración. La música marca el paso de los promesantes y genera una atmósfera ritual durante las procesiones.

Los alféreces también tienen un papel tradicional dentro de la organización y participación en las actividades religiosas. La presencia de mujeres entre las alféreces forma parte igualmente de la expresión contemporánea de la festividad, como registra la documentación fotográfica de la UNESCO.

Las procesiones: la ciudad convertida en espacio sagrado

Uno de los momentos esenciales de la Fiesta Grande son las procesiones por las calles de Tarija.

Durante estos recorridos, los fieles acompañan la imagen de San Roque mientras los promesantes ejecutan sus danzas y los músicos interpretan los instrumentos tradicionales. La procesión puede pasar por diferentes iglesias y lugares de devoción, mientras los vecinos ornamentan las calles y templos

La ciudad adquiere así una dimensión ritual. Las calles dejan de ser solamente espacios de circulación y se convierten temporalmente en escenarios de oración, música, danza y encuentro comunitario.

Las “labores” de los chunchos

La celebración también contempla las denominadas “labores” de los chunchos, coreografías que se ejecutan después de las procesiones.

La documentación fotográfica de la UNESCO registra entre estas expresiones rituales a “La Estrella”, ejecutada por los promesantes como parte de las actividades vinculadas a la fiesta.

Estas expresiones muestran que la danza de los chunchos no se limita al desplazamiento durante la procesión, sino que posee también momentos coreográficos propios dentro del ritual festivo.

El Encierro: la despedida de San Roque

El ciclo de la Fiesta Grande culmina con el Encierro de San Roque, uno de los momentos de mayor carga emocional para los promesantes y devotos.

La última procesión conduce nuevamente a los participantes hacia el templo. Allí, los chunchos y demás protagonistas de la celebración se reúnen frente a la imagen del santo para entonar alabanzas y despedirse de San Roque hasta el año siguiente.

El Encierro representa, por tanto, mucho más que el final de un calendario festivo. Es el momento en que la promesa se completa y los devotos expresan su agradecimiento antes de retornar a sus actividades cotidianas.

La despedida mantiene un fuerte componente emocional porque muchos promesantes llegan al atrio después de haber participado durante semanas en los diferentes actos religiosos.

Una fiesta que también marca el ciclo agrícola

La Fiesta Grande tiene además una relación simbólica con el calendario natural y productivo de Tarija.

La UNESCO señala que las fechas de la celebración son importantes porque marcan el final de la estación seca de invierno y el comienzo del periodo de producción agrícola.

Así, la fiesta reúne distintas dimensiones: la devoción religiosa, la identidad cultural, la vida familiar, la música, la danza y el ciclo productivo de la región.

Artesanías, gastronomía y participación comunitaria

La Fiesta Grande también se expresa mediante las artesanías regionales, comidas tradicionales y actividades culturales.

La UNESCO destaca que durante la celebración se realizan exposiciones de artesanías y preparaciones gastronómicas, mientras los vecinos participan en la ornamentación de los templos y calles por donde pasan las procesiones.

Esto permite entender que la Fiesta Grande no es únicamente un conjunto de actos religiosos. Es un fenómeno cultural amplio en el que intervienen conocimientos y prácticas que forman parte de la vida cotidiana de Tarija.

2021: la Fiesta Grande llega a la UNESCO

El mayor reconocimiento internacional llegó el 14 de diciembre de 2021.

Durante la 16.ª reunión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, celebrada en París, la UNESCO aprobó la inscripción de la Fiesta Grande de Tarija en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

La inscripción reconoció una tradición que combina procesiones religiosas, música, danzas, vestimentas, rituales y conocimientos transmitidos de generación en generación.

La UNESCO resume el sentido de la celebración como una expresión de fe por la salud, preservada dentro de la comunidad y de las familias tarijeñas.

Más de cuatro siglos de una tradición viva

Desde aquella primera ermita levantada aproximadamente en 1595, pasando por la primera referencia histórica de la fiesta en 1793, la Feria Comercial de 1865, la incorporación de los chunchos durante el siglo XIX, la reconstrucción del templo entre 1882 y 1907, la consolidación de la parroquia, los reconocimientos patrimoniales de 1991, 1992 y 1998, hasta llegar a la inscripción de la Fiesta Grande en la UNESCO en 2021, la historia de San Roque en Tarija muestra un proceso continuo de transformación y permanencia.

Lo que comenzó como una devoción religiosa de época colonial terminó convirtiéndose en una de las manifestaciones culturales más representativas de Tarija.

Su fuerza radica en que la tradición no permanece únicamente en los documentos históricos. Vive en los promesantes que cumplen sus promesas, en los músicos que mantienen los sonidos de la caña, la quenilla y el tambor, en las alabanzas, en las familias que preparan los trajes, en los vecinos que ornamentan las calles y en los devotos que acompañan al santo.

Por eso, la Fiesta Grande de San Roque no puede entenderse solamente como una fiesta patronal. Es el resultado de siglos de memoria colectiva en los que la fe, la enfermedad, la promesa, la música, la danza, la familia y la identidad tarijeña se fueron entrelazando hasta formar una tradición que continúa transmitiéndose de generación en generación.

Cada año, cuando los chunchos vuelven a salir a las calles de Tarija y las melodías de la quenilla, el tambor y la caña acompañan el paso de los promesantes, la ciudad vuelve a contar su propia historia: una historia iniciada en la época colonial y que, más de cuatro siglos después, continúa viva.

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