Prof. Lidia Liliana Altamirano
Vivimos tan rápido que muchas veces ni siquiera nos detenemos a pensar por qué hacemos lo que hacemos, reaccionamos ante el enojo, escapamos de aquello que nos da miedo, repetimos situaciones que nos hacen daño y después nos preguntamos por qué seguimos viviendo lo mismo. Quizás una de las cosas más difíciles no sea cambiar nuestra vida, sino detenernos a observarla.
Vivir conscientemente también es aprender a preguntarnos qué queremos realmente, qué nos está quitando la paz y qué cosas seguimos cargando, aunque sabemos que ya no nos hacen bien, no todo lo que sucede está bajo nuestro control, pero siempre existe una manera de decidir cómo enfrentarlo.
Aceptar lo que ocurre tampoco quiere decir estar de acuerdo con todo, hay situaciones que duelen, personas que nos decepcionan y momentos que no elegimos, aceptar es reconocer que sucedieron y dejar de luchar contra aquello que ya no podemos cambiar, desde ahí podemos empezar a pensar qué hacer con lo que tenemos.
También debemos aprender a vivir el presente. muchas veces nuestra mente permanece atrapada en lo que hicimos ayer o preocupada por lo que podría suceder mañana, mientras el momento que realmente tenemos delante se nos escapa. No podemos regresar para cambiar el pasado ni conocer completamente el futuro, pero sí podemos decidir qué hacemos hoy.
Vivir conscientemente también tiene relación con la manera en que nos vemos, cuando conocemos nuestras capacidades, aceptamos nuestras limitaciones y aprendemos a respetarnos, nuestra autoestima deja de depender tanto de lo que los demás piensan de nosotros.
Y hay algo más: aprender a pensar por nosotros mismos, podemos escuchar consejos, aprender de otras personas y tomar sus experiencias como ejemplo, pero no podemos vivir pensando con la mente de alguien más, cada persona tiene que aprender a formar sus propias ideas, tomar sus propias decisiones y hacerse responsable de ellas.
Quizás vivir conscientemente no sea tener todas las respuestas ni llevar una vida perfecta, tal vez sea algo mucho más sencillo: aprender a detenernos antes de reaccionar, pensar antes de elegir, aceptar lo que no podemos cambiar y cuidar aquello que sí está en nuestras manos.
Al final, nuestra vida también se va formando con esas pequeñas decisiones que tomamos todos los días y quizás la pregunta más importante no sea hacia dónde vamos, sino si realmente estamos eligiendo nuestro camino o simplemente estamos dejando que la vida decida por nosotros.





