EDITORIAL: El descontrol de las motocicletas ya no puede seguir

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Las motocicletas se han convertido en un medio de transporte indispensable para miles de personas. Son prácticas, económicas y representan una alternativa eficiente para la movilidad urbana. Sin embargo, una cosa es promover su uso y otra muy distinta permitir que una minoría convierta las calles de Tarija en un espacio donde el desorden y la falta de respeto parecen imponerse sobre la convivencia ciudadana.

Cada día es más frecuente escuchar motocicletas con escapes libres que producen un ruido ensordecedor a cualquier hora del día y de la noche. No se trata de un detalle menor ni de una simple molestia. La contaminación acústica afecta el descanso de las familias, altera la tranquilidad de barrios enteros, perjudica a personas mayores, enfermos, estudiantes y niños, además de generar una sensación permanente de desorden.

A ello se suma otra realidad que preocupa cada vez más, grupos de motociclistas que ocupan cuadras completas para estacionar sus vehículos, apropiándose de espacios públicos que pertenecen a todos. Calles y avenidas terminan bloqueadas parcial o totalmente por motocicletas estacionadas sin criterio, dificultando el tránsito vehicular y peatonal y afectando incluso la actividad comercial.

El problema no son las motocicletas. El problema es la falta de control sobre quienes incumplen las normas. La gran mayoría de los motociclistas respeta las leyes, utiliza su vehículo para trabajar y desplazarse responsablemente. Pero unos pocos terminan perjudicando la imagen de todo un sector y afectando la convivencia en la ciudad.

Las normas existen. Los límites de ruido están establecidos, las modificaciones ilegales de los sistemas de escape están prohibidas y las reglas de estacionamiento son claras. Lo que falta es hacerlas cumplir de manera permanente y sin excepciones. La autoridad no puede limitarse a realizar operativos esporádicos que generan impacto durante unos días para luego volver a la misma realidad de siempre.

Tarija necesita recuperar el orden en sus calles. La educación vial debe ir acompañada de controles efectivos y de sanciones para quienes insistan en vulnerar las disposiciones municipales y de tránsito. El respeto por el espacio público y por el derecho de los demás al descanso no puede quedar sujeto únicamente a la buena voluntad de cada conductor.

Una ciudad ordenada no se construye prohibiendo, sino haciendo cumplir las reglas que garantizan la convivencia. El respeto por las normas no debe entenderse como una persecución contra ningún sector, sino como una obligación de todos para vivir mejor.

Tarija merece calles donde el ruido de unos pocos no silencie la tranquilidad de miles de ciudadanos; donde el espacio público sea verdaderamente de todos y donde la autoridad haga prevalecer el interés colectivo por encima de la indiferencia. Ha llegado el momento de poner fin al descontrol y devolver a la ciudad el orden y el respeto que sus habitantes reclaman desde hace tiempo.

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