La Fiesta de Santa Anita, una de las tradiciones más representativas de Tarija, tiene sus orígenes en la época colonial y surgió como una celebración religiosa en honor a Santa Ana, madre de la Virgen María. Con el paso de los años, la festividad evolucionó hasta convertirse en una feria infantil única en Bolivia, donde los niños asumen el papel de comerciantes y mantienen viva una costumbre transmitida de generación en generación.
De acuerdo con historiadores y registros culturales, la festividad comenzó como una conmemoración católica impulsada por los colonizadores españoles. Posteriormente, las familias tarijeñas incorporaron la participación de los niños, quienes empezaron a vender alimentos, dulces, frutas, juguetes y diversos productos en miniatura, imitando las actividades comerciales de los adultos como una forma de aprendizaje y convivencia social.
Uno de los elementos más característicos de la feria es el uso de botones como medio simbólico de intercambio en algunas actividades, una práctica que representa el carácter lúdico y educativo de la celebración. Asimismo, los pequeños se visten con trajes típicos chapacos y ofrecen productos tradicionales, fortaleciendo el sentido de pertenencia y la preservación de las costumbres locales.
Cada 26 de julio, la calle Cochabamba en el centro de Tarija se llenan de color, música y tradición con cientos de puestos atendidos por niños, quienes se convierten en los principales protagonistas de una fiesta que combina fe, cultura y aprendizaje. La celebración es considerada una de las expresiones más importantes del patrimonio cultural tarijeño y continúa siendo impulsada por las familias y las instituciones locales para preservar su legado histórico.





