LAS PALABRAS Y LA REALIDAD

Newspaper WordPress Theme
spot_img

por: Max Murillo Mendoza

 

A los bolivianos nos encantan las palabras, hablar y hablar.
Demasiadas veces fuera de la realidad. Sucede que me di una vuelta hoy
día 16 de julio, por el centro de la ciudad, donde anoche se festejó
el aniversario de nuestra La Paz. Sobre todo, por la calle Camacho y
parte del Prado. Realmente encontré un asco, lleno de pis de borrachos
y caca. Todo un asco. Hay lugares por donde no se puede dar un paso,
es textual. Y por supuesto todavía varios borrachos, entre hombres y
mujeres, quedaban amanecidos a las 10 de la mañana de hoy. En general
jóvenes.

Este ejemplo es para ilustrar que nos encanta teorizar y soñar; pero
nos cuesta aterrizar y resolver problemas desde los más pequeños,
hasta los más grandes. Ese asco de nuestras calles delata y señala ese
rotundo divorcio entre nuestras palabras y la realidad. Los discursos
inútiles, de las autoridades ediles que repiten como en hora cívica
las glorias pasadas de nuestros proto mártires, y promesas de progreso
y desarrollo, y bla, bla, bla. Sin siquiera resolver los mingitorios o
baños públicos para semejantes farras gloriosas que sólo delatan
nuestras tragedias concretas y cotidianas.

Y sueños y sueños. Y teorías más teorías. Y pues nuestra realidad no
cambia. Parte de nuestro folklor son la lluvia de palabras, en general
inútiles y vacías, pues no sirven para resolver ni siquiera los
pequeños detalles como la instalación de mingitorios y baños públicos,
sabiendo que se desarrollarán actos poco higiénicos y poco educados
por la inmensa ausencia de educación de calidad en nuestro país, es
decir ausencia de hábitos básicos educados y públicos.

Así vamos pues, lo cotidiano donde se desarrollan en serio los
verdaderos rostros humanos de Bolivia, sigue nomás ese rumbo sin
objetivos, sin metas, sin desafíos que valgan la pena por el país
profundo.

Claro que da pena encontrar un asco nuestras calles, después de unos
festejos justificados y de desahogo colectivo; pero que no justifican
en nada que no se respeten tiendas, ventanas de oficinas importantes,
entradas de edificios y casas privadas. Todo adornado de asco y
ausencia de respeto básico, ausencia de respeto entre todos. En fin.

También es grave y penoso la cantidad de borrachos, muchos de ellos
sin calzados o prendas de vestir, pues han sido robados, dando otro
espectáculo desalentador de cómo anda nuestro país en lo cotidiano,
más allá de las lindas palabras bolivianas que no sirven de nada. Como
decía, los borrachos en general jóvenes. Delatando problemas profundos
en las familias, en la convivencia cotidiana de nuestro ser colectivo.
En fin. Aspectos que en sí mismos son catalizadores, diagnósticos de
nuestros problemas. Contrastando el engaño de las palabras, de los
discursos siempre grandilocuentes y revolucionarios o patrióticos, que
sólo encubren nuestras tragedias cotidianas y profundas.

Pues sí, el despilfarro de las palabras debería dar lugar en algún
momento en Bolivia, al salto práctico de resolver problemas: desde los
más pequeños y elementales, como la instalación de baños y mingitorios
en un país sin educación y respeto, a pues otros problemas inmensos
que tenemos siempre desde tiempos inmemoriales.

Ese diagnóstico de nuestras calles delata demasiadas cosas claras. Que
no tenemos autoridades reales e inteligentes en nuestros municipios.
Que no resuelven los elementales problemas cotidianos, de la gente,
del llamado pueblo, de los habitantes comunes. Sin teorizar ni hacer
grandes elucubraciones con las palabras, hay elementalidades que no
requieren de tanta inteligencia, sólo sentido común. Pero ni siquiera
sentido común tienen los dignatarios del municipio. En fin.

Los romanticismos de los teóricos de estas duras realidades sólo han
hecho daño, a la misma realidad. Se han romantizado a los proletarios;
después a los indígenas, cuando en realidad dichas cuestiones tenían
más fallas que virtudes, a la hora de los contratiempos en la vida
real. En lo cotidiano, donde es el examen más importante de la vida.
En definitiva, se han romantizado sin conocer los fondos o trans
fondos, de lo que en realidad son las cosas.

Necesitamos consensuar por cierto, en un país tan desordenado,
caótico, sin principio de autoridad, que ha perdido las perspectivas
más elementales de la convivencia colectiva. Consensuar cosas
elementales desde la política, pasando por las costumbres y la
cultura. En principio para ordenarnos y cuidar nuestras calles. Que
son los espacios colectivos más importantes. Si al menos eso logramos,
pues estaremos preparados para consensuar temas más complejos.

El desastre de nuestras calles también delata asuntos más complejos.
Ausencia de educación de calidad, ausencia de políticas económicas
básicas, porque la inmensa pobreza, sobre todo de niños y mujeres, nos
retrata en el rostro que no hemos resuelto nada ya en el siglo XXI,
pues estos problemas nos persiguen desde el siglo XIX. En fin.

Sí, estamos rodeados de palabras, de discursos lindos, de promesas.
Que no sirven de nada. Que son huecos y vacíos, que no expresan el
real sentimiento del pueblo. Necesitamos llenar las palabras con
contenidos concretos, con vida cotidiana, con hambre de niños y
mujeres, que gritan todos los días para que aparezcan líderes reales
sin palabras. Sin discursos. En fin.

spot_img

Artículos Relacionados

LAS MÁS LEIDAS

spot_img
spot_img