¿SE PUEDE CAMBIAR EL PASADO?

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por: Max Murillo Mendoza

Las visiones del pasado, o las concepciones de ese espacio del tiempo,
dependen mucho de las consideraciones que las generaciones del
presente tienen. Los judíos tuvieron que reponerse de la terrible
experiencia del holocausto, para construir su Estado y vengarse de
todo aquello que ellos consideran enemigos. Aun en contra de todo el
mundo. Ese pasado entre lo idílico e inventado, sobre la base de sus
mitos históricos, se reconstruyó precisamente para cambiar ese pasado
de traumas y rechazo del mundo. Veremos cómo las nuevas generaciones
de judíos se rehacen después de tanta venganza y sangre.

Los chinos tuvieron que adaptarse al capitalismo para sobrevivir,
sobre la base de su cultura milenaria. Hoy es un país competitivo y a
la vanguardia de las tecnologías de punta, enterrando aquellos dilemas
culturales que en varios casos sólo frenan, si es que no se resuelven
en función de enfrentar el presente y futuro de las generaciones. No
son alternativa al capitalismo, ellos mismos son el capitalismo con
sello chino. Pues, de alguna manera han resuelto su pasado milenario
enfrentando todos los desafíos que su historia y el sistema les exige.

Cierto es que cada generación hace sus propias preguntas del presente
y futuro. Ninguna generación se parece o es igual a la anterior.
Porque es lógico que la identidad puede ser modificada con el paso del
tiempo, eso mismo nos ha demostrado la historia. Pero si no estamos
atentos a esos llamados de nuestra generación, simplemente seremos
arrasados, pisados hasta convertirnos sólo en actores secundarios o
mediocres, en el mejor de los casos.

En esa línea, siempre tenemos la posibilidad de crear nuevas
perspectivas individuales o colectivas, para sobrevivir o inventarnos
para enfrentar al presente. También es cierto que todo esto requiere
condiciones históricas, al menos bases que nos permitan esa
posibilidad de nuevas perspectivas. Sin esas condiciones que debemos
crearlas, sólo se repiten las tradicionales formas de funcionar.

Como en varias experiencias mundiales, podemos revisar la historia e
interpretarla de formas más positivas e inclusivas. Al respecto no hay
novedades digamos intelectuales. En las actuales circunstancias
mundiales, se están haciendo revisiones de la historia (por ejemplo,
en EUA) para desconocer todo lo avanzado en conquistas sociales o
derechos básicos. No es precisamente un ejemplo positivo ni mucho
menos. Pero es un ejemplo de varios, que se han hecho a lo largo de la
historia.

Bolivia requiere de una cirugía profunda en su historia. Sobre lo
avanzado por supuesto. Requiere de nuevas maneras de vernos a nosotros
mismos. Las cargas de la tradición y la tradicionalidad como norma,
son tan fuertes que no permiten dibujar otras visiones como aportes,
complementos, inventos, maneras distintas de enfrentar nuestro
presente hacia el futuro. La lentitud, el miedo, la incertidumbre y
las lógicas del azar, son condimentos casi culturales e insumos que no
permiten realmente pensarnos de otras maneras.

Las visiones románticas de nuestras culturas o grupos sociales, sólo
nos han perjudicado y encubierto procesos no positivos, sino todo lo
contrario. Los resultados los estamos viviendo en estos tiempos
convulsos y confusos. Sería mejor vernos en lo descarnado y real que
somos. Sin esas trampas de la razón hegeliana, que muchos antropólogos
o dizque cientistas sociales han rezado allá en los años 80 y 90 del
anterior siglo. Romantizando culturalmente, montando a los caballos
teóricos que llegaban allende los mares, cuando el derrumbe del
socialismo real europeo. Poniendo de moda a los indígenas, sobre el
cadáver del proletariado minero en el caso de Bolivia. Sí, las modas
sin los criterios heterodoxos son sólo modas pasajeras. No son
alternativas a nada.

Hoy requerimos con urgencia rehacer nuestra propia historiografía. Ese
espejo está roto o resquebrajado en el mejor de los casos.
Reconstituir los tejidos sociales que hoy están destruidos, no será
fácil; es urgente. Lo tradicional está bien; pero también es un freno
para rehacer raíces y formas nuevas de reencaminar procesos sociales y
económicos.

Requerimos de liderazgos con visiones audaces, desde las exigencias
externas; sobre todo desde las exigencias nuestras que son urgentes.
La miseria mental y tercermundistas nos destruye terriblemente. Es
imperativo categórico no permitir más miseria económica. Tenemos que
frenar la des -institucionalidad brutal y sangrante. Por supuesto que
hay que arrinconar a las mentalidades del atraso y la miseria. Al
final, existen razones de Estado.

Podemos cambiar ese pasado traumatizante y absolutamente violento
contra nosotros mismos. De visiones románticas y poco realistas; o de
visiones trágicas que sólo han alimentado élites caudillistas, donde
no existe futuro alguno sino para el romanticismo trasnochado de unos
cuantos, sobre la miseria de los demás. Esa tarea de cambiar todo eso,
en nuestro caso, es urgente.

En fin. Ya no es posible perder el tiempo viendo al pasado como la
película más importante, además confuso y totalmente incompleto,
porque nos hemos convertido en estatua de sal. Sino enfrentar el
presente para construir, por fin, algunas certezas del futuro.

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