LA SOCIEDAD DE LOS HIPOCONDRÍACOS

Newspaper WordPress Theme
spot_img

por: Carlos Armando Cardozo Lozada

El diputado Manolo Rojas (PDC) tuvo un cruce con la senadora Bertha Gutierrez a raíz de un pedido de soltar el discurso polarizado que utiliza la pollera o la calidad de indígena como una suerte de superioridad moral innata que permite encumbrar a un sector por encima del otro impulsado meramente por el odio y resentimiento que se constituye en una estrategia orientada exclusivamente a justificar acciones o actitudes de dudosa naturaleza y pasarlas como un derecho innato compensatorio luego de 500 años de historia de opresión y abusos.

Como es de esperar la senadora no entendió el fondo del mensaje y simplemente se dejó llevar por las formas y tono de la elocución de Rojas. La imagen que se repite es un hombre de corbata refiriéndose en tono despectivo a una señora de pollera. La pollera sinónimo de humildad, bolivianidad, legitimidad. La corbata por su lado sinónimo de clasismo, poder económico, tributo a lo occidental, foráneo, extraño.

Esas son dos caricaturas que se hacen pasar como debate político, en realidad las ideas salen sobrando porque lo que se lleva el foco de atención es el interlocutor como tal, si este responde a los canones “aceptables” por el “pueblo” entonces se respalda a ese político, esa legitimidad le permite impulsar acciones de todo tipo: incoherentes, descontextualizadas, inviables y hasta violentas. Por esa razón el debate es inexistente en Bolivia, todo se reduce a un concurso de disfraces y talentos para ver quien replica mejor ese amorfo conjunto de variadas manifestaciones de lo “popular”. 

Un ejemplo más lo da el senador Nilton Condori, que organizó un cabildo en la ciudad de El Alto donde se congregaron organizaciones sociales que establecieron un ultimátum a la Asamblea Legislativa que tiene 15 días para reducir sus dietas parlamentarias a la mitad tanto para titulares como para suplentes. Así también la abrogación de la Ley 157 que abre la puerta a la venta de tierras hoy bajo la figura de propiedad colectiva. Bolivia tiene una peculiaridad, su democracia institucional ha perdido legitimidad es por eso que las organizaciones sociales corporativas es decir una dentro de otra y así sucesivamente se atomizan tanto que llegan a cubrir más territorio que los propios partidos políticos. 

Las organizaciones sociales bajo ese peculiar efecto de muñecas “Matrioskas” dan la ilusión de legitimidad porque sus dirigentes emanan de sectores organizados como gremiales, transportistas, campesinos, entre otros. El problema es que estos sectores representan una fracción de la sociedad, pero dado que estas se extienden en territorio se asume automáticamente que estas aglutinan a las grandes mayorías. 

Esta aclaración es clave porque en los cabildos, como el de la ciudad de El Alto, se resume la participación de sectores del interior a través de un puñado de dirigentes, de los cuales se desconoce a que cúmulo de afiliados representan y cual es el mandato que este tiene para este evento. Estos detalles odiosos no son obstáculo para personajes como Condori que revisten de legitimidad su encuentro y por ende las decisiones que emanen de este tienen un respaldo nacional cuando bien podría ser una posición estrictamente sectorial de un grupo de dirigentes tratando de colarse en el escenario político catapultando sus liderazgos para tratar de arañar algunas concesiones del débil gobierno de Rodrigo Paz Pereira.

Las intervenciones todas ellas vienen cargadas de un sentimentalismo centrifugado en un extremismo violento que reduce todo al cambio de autoridades, su expulsión y hasta su linchamiento público. “El pueblo así lo pide” ¿Qué cuál pueblo? Este no ve la masa de gente que se dio cita a la convocatoria del senador Condori.

Bolivia padece de hipocondría, una parte de la sociedad cree que la raíz de todos los males es el enfermizo y rancio discurso de la izquierda que nos ha vuelto en absolutos náufragos de nuestro propio destino, atando de manos a todos creando un montón de incompetentes que no conciben la vida fuera del Estado. 

Otra parte de la sociedad cree que la raíz de todos los males radica en la nauseabunda y desmedida ambición de los grupos de poder de este país, empresarios que se acomodaron en los lugares de poder para monopolizar los dividendos derivados del acceso exclusivo a ventajas que les permitieron negociar recursos naturales como si fueran suyos, consolidar empresas arrebatadas al Estado por unos cuantos centavos y amontonar a sus trabajadores para encumbrarse ellos mismos en la cúspide mientras el peso de su apetito desmedido pulveriza la esperanza de los que realmente generan la riqueza y que deben contentarse con recoger las migajas que caen al suelo.

La reconciliación parte por prender la luz y estrechar la mano del otro, pero que difícil se torna cuando la mano del frente sostiene un palo y una piedra como medio de defensa ante demonios que solo ellos logran ver. 


ECONOMISTA

MIEMBRO FUNDADOR DE FUNDACIÓN LOZANÍA 

spot_img

Artículos Relacionados

LAS MÁS LEIDAS

spot_img
spot_img