Bolivia y el valor de los amistosos: el contexto real antes de pedir “milagros”

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Cada partido de la selección boliviana se vive con una mezcla de ilusión y realismo, hace mucho tiempo no estábamos tan cerca de clasificarnos a un Mundial y aunque el equipo nacional ha tenido etapas de mejor juego y otras de reconstrucción, el desafío hoy es el mismo de siempre: convertir buenos tramos en resultados sostenibles. 

Por eso mismo, los amistosos aún sin ser partidos oficiales, importarán más de lo que parece de cara al repechaje camino al Mundial y eso es porque sirven para ajustar piezas, probar nombres y, sobre todo, medir si el equipo está a la altura de las circunstancias cuando el partido se pone incómodo.

Antes de pedir milagros tendremos que ver cómo salen los amistosos frente a Panamá y México que serán una referencia inmediata para tomarle el pulso al grupo. Desde el momento en que la Federación Boliviana de Fútbol ratificó ambas fechas la tensión ha sido máxima para los aficionados en todo el país.

Este calendario prevé que el primer partido se jugará en el estadio IV Centenario el 18 de enero y que el segundo se juegue el 25 de enero en el estadio Ramón Tahuichi Aguilera, que aunque tiene obras en marcha cumple con lo requerido para un evento de esa envergadura. 

Qué se puede pronosticar sin vender humo

Vamos a ser sinceros, Bolivia todavía es un equipo modesto en comparación con rivales de la CONMEBOL, sin embargo, puede darle pelea de igual a igual a selecciones de la CONCACAF, incluso a México, que si bien se ha proclamado a sí misma como ‘gigante regional’, cayó goleado por Colombia y fue derrotada ya por otras selecciones sudamericanas. 

Claro que lo importante no serán los resultados que nos den los partidos frente a Panamá y México, porque si queremos apostar en Bolivia al Mundial 2026, casi que nos convendría salir derrotados en ambos duelos para llegar con los nervios bien templados al partido que disputaremos frente a Surinam el 26 de marzo. 

Ese último duelo será en verdad importante porque nos abrirá o cerrará el camino a la cita mundialista y por eso, si el cuerpo técnico boliviano quiere que el amistoso sea realmente útil, hay tres objetivos concretos que deberían verse sobre el césped. 

Primero, orden defensivo sin vivir encerrados: no se trata de renunciar al ataque, sino de no partirse al primer intercambio. Segundo, transiciones con intención: recuperar y salir con pase seguro, evitando pérdidas inocentes que te vuelven a hundir. Y tercero, pelota parada trabajada: en partidos de este tipo, un buen tiro libre o un córner bien ejecutado puede cambiar el tono de la noche.

No va a ser un camino fácil, pero si Bolivia realmente quiere hacerse un lugar entre las 48 selecciones invitadas al Mundial 2026, debe ser capaz de sobreponerse a las adversidades propias de cualquier juego y no hablamos sólo de arrancar perdiendo un partido, sino de situaciones que sabemos nos cuestan muchísimo, como jugar fuera de El Alto. 

Lo que puede esperarse esta trimestre: pasos pequeños, pero medibles

Mirando hacia lo que viene en los tres primeros meses del año, lo realista no es prometer saltos gigantes, sino exigir mejoras que se puedan medir, la selección boliviana viene en un proceso de crecimiento y hay que apoyarla aunque podamos llevarnos un par de derrotas significativas en la fase de amistosos. 

El duelo ante Surinam es ganable, aunque no vaya a ser nada sencillo, pero lo verdaderamente importante es que estamos a tiempo de hacer las cosas bien, por eso hay que prestar mucha atención a las tensiones que hay entre los equipos de la Liga Tecno y la Federación Boliviana de Fútbol sobre el préstamo de jugadores, de cara al objetivo que tenemos todos.

Lo importante es clasificar al mundial, no si The Strongest o Bolívar capitalizan alguna ventaja al no prestar sus jugadores. Si avanzamos en este orden la expectativa más razonable para el hincha boliviano es ver una selección que pierde menos la forma, que compite más minutos y que sale de cada ventana con aprendizajes claros.

El partido de la verdad en marzo 

Dejando atrás los partidos frente a Panamá y México y pensando ya en el partido de marzo frente a Surinam, lo más sensato es esperar un encuentro de mucha disputa en el mediocampo y con pocos márgenes para el error, de nuevo hay que ser honestos y admitir que Bolivia no parte como favorita, pero el equipo tendrá la obligación de imponer su ritmo y asumir la iniciativa, algo que no siempre ha resultado sencillo en este tipo de compromisos.

Viendo los últimos partidos de Surinam sabemos que tendremos un rival ordenado y que además es físicamente intenso y que cuenta con transiciones rápidas, esto obligará a la Verde a cuidar especialmente las pérdidas en zonas comprometidas y a elegir bien cuándo acelerar, ya hemos visto lo que este factor nos costó en las eliminatorias sudamericanas.

Ahora bien, este es el partido de la verdad en el que si Bolivia puede consolidar una identidad reconocible con menos improvisación, más continuidad en el juego y mayor solidez emocional en los momentos incómodos, podemos estar hablando de una clasificación histórica al Mundial.

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