Cada año, cuando febrero se aproxima, el departamento de Tarija se transforma en un escenario de alegría, color y tradición. El Carnaval Chapaco, lejos de ser una simple fiesta, se consolida como una manifestación cultural profunda, que refleja la identidad, historia y vida social del pueblo tarijeño.
En la capital chapaca, las celebraciones arrancan oficialmente con la tradicional cabalgata y la “Soltada del Diablo”, actos que anuncian el inicio del carnaval y simbolizan la mezcla de espiritualidad, picardía y alegría que caracteriza a esta celebración. La cabalgata, en la que jinetes con sombreros, camisas bordadas y mantas recorren las calles al compás de los instrumentos tradicionales —como el erque, la caja y el bombo—, es uno de los momentos más esperados por propios y visitantes.
Pero el Carnaval Chapaco no se resume solo a un desfile. Es una fiesta participativa y comunitaria, donde la música, la danza y la camaradería son protagonistas. La festividad es conocida por sus coplas y contrapuntos, versos improvisados que expresan historias locales, anécdotas y el sentir popular al compás del folclore chapaco.
Entre compadres, comadres y tradiciones
Una de las expresiones más destacadas asociadas al carnaval es la “Fiesta de Compadres y Comadres”, celebrada antes de los días principales de la festividad. Este evento refuerza los lazos de amistad y hermandad entre hombres y mujeres, quienes intercambian canastas decoradas con frutas, flores y albahaca, símbolos de gratitud y afecto.
La relevancia cultural de esta práctica ha cobrado tal fuerza que Bolivia la ha postulado ante la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo su valor como patrimonio vivo que nace de las comunidades y traspasa fronteras. Además, internamente la Cámara de Diputados boliviana declaró la festividad como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado Plurinacional de Bolivia, subrayando su importancia para la identidad nacional.
Identidad, turismo y hospitalidad
El Carnaval Chapaco es también un motor cultural y económico. Para las autoridades locales, la festividad atrae a miles de turistas nacionales y extranjeros, contribuyendo al movimiento económico de la región y proyectando a Tarija como destino cultural en Bolivia. Visitantes destacan la autenticidad de las celebraciones y la calidez de los tarijeños, así como la oportunidad de vivir un carnaval diferente a los de otras regiones del país, más participativo y arraigado en las tradiciones locales.
Más allá de la música y los desfiles, el carnaval es un momento para revivir costumbres que se remontan a generaciones. Las vestimentas típicas, las coplas, la rueda chapaca —una danza tradicional profundamente ligada a las celebraciones populares tarijeñas— y las expresiones comunitarias hacen de esta fiesta un patrimonio inmaterial que late con fuerza en el corazón del sur boliviano.





