En Tarija se ha vuelto común ver las calles, esquinas, avenidas y hasta nuestras plazas llenas de bolsas de Karpil abandonadas. Lo que en principio debería ser un simple envoltorio para llevar los productos, termina convertido en basura que afea la ciudad y daña nuestro entorno.
El problema no es solo estético, esas bolsas livianas vuelan con el viento, se enredan en árboles, tapan las alcantarillas y contaminan nuestros ríos cuando las arrastra la lluvia. Todo esto sucede porque muchos ciudadanos, con poca conciencia, simplemente las tiran en la calle una vez que ya se bebieron su contenido.
Se necesita mayor responsabilidad de todos, de la empresa que produce ese producto y entrega esas bolsas sin promover alternativas reutilizables, de las autoridades que deben regular y sancionar, y sobre todo de cada vecino que debería entender que la ciudad es nuestra casa común. Si no cuidamos nuestras calles y paseos públicos, seguiremos viviendo en medio de la suciedad.
Cuidar Tarija comienza con un gesto tan simple como guardar la bolsa de Karpil y depositarla en un basurero.





