En Tarija, cada 21 de septiembre no solo se celebra el inicio de la primavera, la juventud y el amor, sino también una costumbre que en los últimos años se ha consolidado con fuerza: regalar flores amarillas como símbolo de esperanza, amistad y buenos deseos.
La tradición, que tiene raíces en expresiones culturales de distintos países de Latinoamérica y se viralizó en redes sociales gracias a referencias musicales y audiovisuales, encontró en Tarija un terreno fértil para florecer. En cada esquina de la ciudad es posible observar puestos, mercados y florerías donde predominan los tonos amarillos, desde girasoles hasta rosas, lirios o gladiolos, todos convertidos en protagonistas de esta fecha especial.
Los tarijeños han adoptado esta costumbre como una manera de transmitir alegría, energía positiva y prosperidad. Jóvenes estudiantes, parejas y familias se suman al gesto de obsequiar flores amarillas, mientras que los comerciantes destacan que la fecha se ha transformado en una de las más importantes para la venta de arreglos florales durante el año.
La plaza Luis de Fuentes y Vargas, los alrededores de los mercados y las avenidas principales se llenan de color y movimiento, reforzando el ambiente festivo propio de la primavera en el sur del país. Para muchos, este acto no solo representa una moda, sino también un ritual cargado de sentimientos que renueva la esperanza en nuevos comienzos.
En Tarija, regalar una flor amarilla el 21 de septiembre es más que un simple detalle: es un gesto simbólico que une generaciones, une a la ciudad con la naturaleza y convierte a la primavera en un momento de celebración colectiva.





