La Virgen de Chaguaya, venerada como «Mamita de Tarija» o Patrona de Tarija, tiene una historia profunda y simbólica. La leyenda cuenta que en 1750, una pareja de pastores, afligidos por la sequía, fue sorprendida por una luz multicolor. Al acercarse, vieron la imagen de la Virgen María en lo alto de un molle. La descubrieron en el mismo lugar varios días después y entendieron que ese era el sitio que ella había elegido. Desde entonces, erigieron una capilla en su honor, y con el tiempo se construyó el actual santuario, elevado incluso a basílica.
Cada año, entre el 15 de agosto y el 15 de septiembre, miles de fieles caminan desde la ciudad de Tarija hasta el santuario, embarcándose en una peregrinación de casi 60 kilómetros que dura alrededor de 12 horas. Avanzan por la rutas señaladas, atravesando valles secos y fríos, cargados con sus mochilas, frazadas y fe.
La peregrinación consta de cinco pasos espirituales: la promesa, la caminata, la misa, la confesión y el rito de la «pisada» de la Virgen, donde la imagen es apoyada sobre la cabeza del devoto como expresión de bendición. Completan el vía crucis hacia el calvario y culminan con una celebración gastronómica con productos típicos como chirriadas, jugo de caña y chancho al horno.
Cada año, esta celebración se convierte en un testimonio vivo de fe y tradición tarijeña. Miles de devotos, incluidos jóvenes y personas de provincias vecinas o del norte argentino, cumplen su promesa sin consumir alcohol ni provocar alteraciones, preservando el carácter sacro y solemne de la fiesta





