Autores: Italo Santiago Torrez Aramayo, Lady Nayhely Gareca Castillo, Nadia Liz Ortega Rios
En el hospital San Juan de Dios de Tarija, pacientes con dolencias graves como fracturas, dolores intensos o síntomas de emergencia esperan entre 30 y 90 minutos para recibir atención médica. A través de observación directa realizada en julio de 2025 y testimonios de víctimas, familiares y personal de salud, se evidenció que la demora en el área de emergencias responde a la falta de especialistas, la falta empatía del personal médico y la precariedad en la infraestructura; obteniendo consecuencias severas, como cirugías postergadas, diagnósticos tardíos e incluso muertes evitables.
Observación al hospital en su jornada habitual.
El sábado 19 de julio del 2025, se realizó una observación en el hospital San Juan de Dios que está ubicado entre la calle Junín y Coronel Delgadillo, con el objetivo de registrar condiciones que pudieran evidenciar falta de atención oportuna.
A las 16:30 se ingresó a los baños públicos, éstos se encontraban alejados de la infraestructura principal y en un estado total de descuido. Se registraron puertas sin seguro, presencia de agua acumulada con tierra en el suelo, retretes sin tapa ni llave de agua y con evidencia de desechos fecales, basureros saturados de papeles, manchas y grietas en el techo ocasionadas por la humedad.
Cinco minutos después, se evaluó el estado de los instrumentos de traslado de pacientes ubicados en la entrada principal de emergencias. Se contabilizaron diez camillas, de las cuales 8 presentaban desgaste en el material de cuero. Solo 3 sillas de ruedas estaban en uso constante, siendo estas las más desgastadas y las demás se encontraban almacenadas en el parqueo de ambulancias.
En cuanto a la señalización, se observó la ausencia de carteles guía en zonas clave como emergencias. Los pocos existentes se encontraban deteriorados por el tiempo y, en algunos casos, no coincidían con el lugar que debían señalar. Por ejemplo, en una puerta estaba un cartel que indicaba “sillas de ruedas” pero se encontraban asientos para pacientes en espera de atención.
Con respecto al comportamiento del personal de salud, se evidenció el uso frecuente de teléfonos celulares por parte de enfermeros y practicantes en pasillos y salas de espera. Un camillero permaneció sentado con su celular por más de una hora, este tipo de distracción ocurrió durante la jornada de atención y en presencia de pacientes.
Durante el mismo día, entre las 16:30 y las 18:00, se observó el ingreso progresivo de pacientes al área de emergencias. En varios casos, los tiempos de espera para tomar únicamente los signos vitales, variaron de entre 10 a 30 minutos. Una de ellas se encontraba en silla de ruedas, mostraba gestos, expresiones de dolor y llanto, y aun así no fue atendida de inmediato.
La joven al llegar a las 17: 50 en un vehículo privado, pero en una primera instancia se le negó la atención diciéndole que debía acudir a una posta de salud, el señor que la acompañaba contestó que era una emergencia. Por insistencia del mismo proceden a atenderla tomándole los signos vitales para luego dejarla en la sala de emergencia por aproximadamente unos 20 minutos, para que finalmente fuera atendida por un médico general.
Al llegar 18:00 llegó otra paciente acompañada de policías, llegó a la sala saltado en un pie por lo que de manera inmediata recibió una silla de ruedas y pasó a curaciones, ya que tenía una cortadura en la rodilla con manchas de sangre, luego de 10 minutos fue despachada con vendas en su rodilla en la patrulla policial.
En la madrugada del 21 de julio, se registró a once personas esperando atención en la sala de espera, una de ellas se encontraba en una camilla en el pasillo esperando junto a un familiar por más de una hora, minutos después llegó otro paciente en ambulancia acompañado de un policía y 2 familiares y recibió atención instantánea.
Finalmente, al promedio de unos 30 minutos después llega una patrulla con personal de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC), acompañando de una joven que estaba bajo las influencias del alcohol, entre lágrimas y lamentos ingresó tambaleando a la sala de emergencias, se sentó y esperó la atención médica, pero estuvo ahí por más 40 minutos. Uno de los que estaba en el lugar, procedió a taparla con una manta por las bajas temperaturas.
Diferentes perspectivas, una situación
El doctor Dulfredo Ozuna, director del Hospital San Juan de Dios, explicó que, si bien el área de emergencias sigue protocolos internacionales, muchas veces se ve colapsada por casos que no corresponden a una verdadera urgencia. Indica que a eso de las 7 de la noche personas con dolores de estómago, de cabeza, fiebre o situaciones de malestar general llegan a esta zona exigiendo atención inmediata para así evitar la espera.
De igual manera señaló que esta área del hospital se encuentra preparada para atender pérdidas de conocimiento, golpes en la cabeza, fracturas, heridas por armas blancas o de fuego, accidentes de tránsito, infartos o embolias, situaciones que él considera son una real emergencia, pero que no pueden ser atendidas porque se ocupa el tiempo en pacientes que podrían ir a una posta de salud.
Respecto al estado de la infraestructura, el doctor Ozuna señaló que el mantenimiento de los equipos médicos es constante, ya que son herramientas esenciales de alta demanda. Sin embargo, admite que el mantenimiento del edificio como tal es más complicado por falta de presupuesto.
La esperanza, dice, es que cuando funcione el hospital Materno Infantil, áreas como pediatría y gineco-obstetricia se trasladen a este nuevo centro de salud y den paso a espacios que les permitan crecer en servicios como terapia intermedia, cirugía y traumatología, que son las especialidades con más demanda pero que no cuentan con un lugar físico para poderlas abastecer.
En el área de emergencias del hospital, una enfermera que pidió mantenerse en el anonimato menciona que los casos de negligencia médica son frecuentes. Explica que, cuando llegan pacientes, se informa que llamaran al cirujano, pero este tarda entre dos a tres horas en presentarse.
Durante ese tiempo, la atención queda en manos de los residentes, quienes no tienen la misma capacidad para valorar adecuadamente al paciente, a quien terminan administrando un calmante y mandándolo para su casa. Horas después la persona enferma regresa y todo inicia una vez más.
También comenta que en solo un quirófano se programan hasta cuatro cirugías por día, pero al menos una suele postergarse porque el cirujano a cargo finaliza su turno y se retira. Toda esta situación obliga a muchas personas a presentarse de madrugada, desde las 3 o 4 de la mañana, para hacer fila e intentar conseguir una ficha de atención.
La causa principal, según indica, es la falta de especialistas, ya que solo se entregan cinco o seis fichas por especialidad de forma diaria. Frente a esto, considera urgente incrementar el número de médicos. Solo así, dice, podrían reducirse los tiempos de espera.
Por otro lado, el joven Henry Ortega, paciente del hospital, relató que sufrió un accidente de tránsito un sábado por la tarde, cuando fue atropellado por un automóvil mientras circulaba en bicicleta. Según su testimonio, la ambulancia tardó aproximadamente media hora en llegar al lugar del hecho y, una vez en el hospital, la atención que recibió fue limitada. “Era fin de semana, no había doctores, solo practicantes y enfermeras”, expresó.
A pesar de que presentaba una fractura en la mano que requería cirugía urgente, solo le entablillaron y mandaron a sacar ficha para ser atendido. A esto se sumó la falta de camas y equipos, lo que lo obligó a acudir a centros particulares para realizarse exámenes como los rayos X. “Me operaron recién una semana después, el viernes”, explicó. Esa fue su experiencia, marcada por la espera y la falta de respuesta inmediata.
Aunque recibió ayuda a través del seguro SOAT (Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito), también remarcó que la devolución de gastos fue lenta. “Yo solo tuve un accidente en la mano, pero si otra persona llega peor, podría morir esperando”, advirtió.
Tal es el caso de la señorita Sharon Shedenka Barrionuevo Rios, quien relató cómo su abuelita recibió una atención médica lenta y sin organización. La paciente, una persona de la tercera edad que ya presentaba una enfermedad de base en el corazón, llegó junto a sus familiares al área de emergencias un sábado a eso de las 9 de la mañana. La pasaron a una sala de espera, impidieron la compañía de su familia y la tuvieron ahí esperando más de 5 horas a por la llegada de un doctor que pueda dar la orden de pasarla a terapia intensiva.
A eso de las 4 de la tarde, la entrevistada recibió la noticia por parte de su madre y prima, quienes habían logrado entrar a la sala de espera, de que su abuelita había fallecido, pues el monitor cardiaco marcaba una línea continua. Sin embargo, al dar parte a una de las enfermeras, esta solo les dijo que la paciente tenía un pulso bajo y les pidió que se retiraran del lugar.
Una hora más tarde, volvieron a entrar y fue ese el momento en que Sharon se dio cuenta de que el corazón de su abuelita realmente había dejado de latir. Llegó el doctor y con tan solo ver a la paciente dijo que había fallecido por un paro cardiaco. Nadie explicó nada con empatía, ni se tomaron el tiempo de acompañar el dolor. Todo fue distante, sin humanidad, dejando a la familia en shock y con una sensación de que el trato fue tan cruel como la pérdida misma.
Estos relatos reflejan una cadena de deficiencias en el sistema hospitalario, donde la falta de personal especializado, la escasez de insumos, la infraestructura limitada impide una atención oportuna y evidencian las dimensiones que puede alcanzar la negligencia médica cuando el sistema no responde a tiempo.
Documentación
En una nota publicada en El País el 16 de abril del 2025 se revela que la crisis del sistema de salud en Tarija va más allá de la falta de recursos materiales. La Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH) advierte que, además de la escasez de medicamentos y personal capacitado, existe una falta de empatía en la atención médica, lo cual profundiza la vulneración del derecho a la salud. Esta situación no solo retrasa los tratamientos, sino que afecta emocionalmente a los pacientes y sus familias.
En el mismo reportaje se recogen testimonios como el de Mariela, quien tuvo que costear medicamentos fuera del hospital, y el de la madre de Daniela, una joven que falleció tras días de atención fragmentada. Ambos casos evidencian cómo la ineficiencia del sistema público obliga a las familias a buscar soluciones privadas de alto costo, mientras enfrentan un trato distante por parte del personal médico.
Según la Ley 475 aprobada por Evo Morales el 2013 y la Ley 3131 puesta por Eduardo Rodríguez en el 2005, mencionan los principios, deberes de los médicos y los derechos de los pacientes, los cuales abordan el trato que deben recibir los mismos a la hora de una intervención médica y esclarece que la calidad de la salud está presente en las organizaciones e instituciones públicas.
Por otro lado, según el Código Penal y Código De Procedimiento Penal Actualizados aprobado por la Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y la Comunidad de Derechos Humanos (CDH) en el 2019, habla los artículos 216, 273 y 274 sobre la sanción que da la Ley en caso de delitos en contra la salud pública, lesiones culposas y lesiones seguidas de la muerte que tiene sanciones de un 1 a 10 años.
En el caso de lesiones culposas la persona o profesional que realice acciones que afecten por imprudencia o negligencia médica a otra será sancionado con una multa de un año, pero si la victima resulta ser niña, niño, adolescente o persona adulta mayor, se aplicara una pena mayor, de 2 a 4 años y en caso de lesiones seguida de la muerte llegara a una sanción de 3 a 8 años.
Las evidencias recolectadas en esta observación, junto con los testimonios y el respaldo normativo, reflejan una preocupante realidad en el sistema público de salud. La falta de personal capacitado, las deficiencias en infraestructura, el uso inadecuado de recursos y la deshumanización en la atención médica no solo retrasan el tratamiento de los pacientes, sino que vulneran directamente su derecho a la salud. Casos como el de Henry. o Sharon no deben repetirse ni normalizarse. Es urgente que las autoridades actúen con responsabilidad y compromiso para garantizar una atención médica oportuna, digna y empática, donde se priorice siempre la vida y el bienestar de las personas.





