Cada año, el humo regresa. Se cuela en las casas, en los pulmones, en las aulas, en las calles. Lo vemos oscurecer el cielo y sentimos la garganta arder. Pero lo más grave no se ve ni se siente de inmediato: lo más grave es que con cada incendio forestal que devora nuestras tierras, también estamos perdiendo especies, agua, oxígeno, equilibrio… futuro.
En Tarija y en todo el país, los incendios forestales se han convertido en una herida abierta que supura todos los años. Las llamas arrasan bosques sagrados, hábitats únicos, comunidades enteras de vida silvestre. Pero también revelan algo que aún nos queda: humanidad. En medio de la devastación, emerge una fuerza más poderosa que el fuego: la solidaridad de la gente.
Voluntarios que donan agua, alimentos, medicamentos. Jóvenes que recaudan fondos. Bomberos forestales que dan la vida por contener el desastre. Campesinos, médicos, estudiantes, madres, empresarios… todos unidos por una sola causa: defender la vida. Esa es la luz entre tanto humo.
Pero no podemos seguir repitiendo este ciclo. No podemos aplaudir la solidaridad sin exigir justicia y prevención. No podemos romantizar la entrega heroica si no denunciamos el abandono, la falta de control, la complicidad con los chaqueos ilegales, la negligencia institucional. Esto no puede seguir pasando.
La naturaleza no es un recurso. Es un ser vivo. Es el origen. Es el agua que bebemos, el aire que respiramos, el suelo que nos alimenta. La naturaleza es sagrada. Y cada árbol que arde es una oración que se extingue, una advertencia que ignoramos.
Desde La Voz de Tarija exigimos responsabilidad. Urgente. Permanente. Queremos políticas reales de protección ambiental. Queremos sanciones ejemplares. Queremos que las autoridades estén en el lugar del incendio antes que las llamas. Y sobre todo, queremos un cambio de conciencia. Porque cuidar la naturaleza no es solo tarea de ambientalistas: es tarea de todos.
Que este año no solo dejemos que el fuego pase, sino que lo enfrentemos con decisión y propósito. Que encendamos otra clase de fuego: el de la conciencia colectiva, el del respeto por la vida, el del amor por nuestra tierra.
Porque cuando se quema un bosque, no solo se pierde verde. Se pierde humanidad. Y eso no podemos permitirlo.





