TRABAJADORAS SEXUALES TIENEN DERECHOS

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La marginalidad, lo moral e hipócritamente establecido, prejuicios sociales, el ámbito de la conciencia religiosa y el pecado, las necesidades humanas de subsistencia, los hogares destrozados con carga de violencia intrafamiliar, entre otros, contribuyen ineluctablemente a que la transición al umbral de  la prostitución por la inocente mujer que descubre  en su anatomía  un desesperado escape y solución inmediata para subsistir.

Sea esta una  decisión propia que, usualmente, las malas amistades con sus insinceros consejos y los  proxenetas encubiertos que desdibujan con retruécano la sórdida realidad de la prostitución, inclinan a su ejercicio.

Por lo expresado, estas dignas mujeres merecen un tratamiento igualitario ante la ley, pues una sociedad moderna y justa no discriminara, estigmatizara, menos satanizara esta actividad, que es una natural consecuencia del instinto  o pulsión sexual humano que preserva  la especie. Las trabajadoras sexuales necesitan con prioridad disponer de un seguro médico.

Es paradójico que, aunque sea por interés comercial, pues son 90.000 más o menos, las trabajadoras sexuales  en el país, las cajas de seguro no inicien negociaciones para asegurarlas; número considerable que fortificaría económicamente a la institución aseguradora. Parece que más puede la hipocresía, la discriminación y la falsa dignidad para no acometer esa  imprescindible protección social, pues no se puede negar que las trabajadoras sexuales son un estamento  aceptado en toda sociedad civilizada.

Mientras persistan diferencias entre los hombres, no solo en la diversidad de juicios de valor sobre las mujeres que ejercen esa actividad y lo que es la realidad objetiva, esta se exacerba aún más en lo que conceptúan la propiedad de una cosa. Cuando se trata de la mujer los hombres modestos pero egocéntricos consideraran como prueba el poder disponer y obtener placer del bello cuerpo femenino.

Otros, acendrados machistas, exigentes y superlativamente inseguros demandaran saber  si la mujer no solo se entrega al sujeto cuando el dispone sino también abriga la desproporcionada pretensión de obligar a la mujer a renunciar a lo que le pertenece, como es su libertad de decisión o a lo que sueña lograr, solo en ese estado cree poseerla; la tercera clasificación de hombre  es la impronta  del  creciente resquemor en su afán de posesión y aspiran saber si la mujer ha renunciado a todo por amor a ellos pretendiendo ser conocidos a profundidad antes de abrigar la certeza  de ser amados .

Todas estas concepciones, subyacen en las sociedades y por gravedad en las familias, donde los padres sin aviesa intención, transforman a sus hijos en sus semejantes pues confunden el modo  y el apostolado en educarlos.

Los padres nunca dudan que los hijos son su propiedad y no declinan fácilmente a imponerles sus propias concepciones e influyen en la elaboración de juicios de valor en la mente del adolescente; actitudes que son arcanas a la necesaria correspondencia de la evolución intelectual y modernidad generacional; con ese  determinante paradigma forman hijos machistas como resultado de ese efecto que es el principal impedimento para la plena igualdad de la mujer, peor, si se trata de reconocer con leyes la licita actividad de las trabajadoras sexuales que son irremisiblemente  arrastradas por los motivos precitados al inicio de esta columna.

Naturalmente habrá mujeres que eligen este oficio por razonamiento distinto, empero, tampoco ello es reprochable  pues pertenece a la libertad de elección y derechos individuales que disponen los humanos, amparados legalmente por una constitución.

Finalmente es oportuno citar que las causas determinantes para el ingreso involuntario al oficio, mejor, precipitado y obligado, por las necesidades  básicas  que pueden concentrarse en las presiones económicas generadas por pésimas gestiones de gobierno, decantadas en la búsqueda de actividades remuneradas pero sin disponer de un panorama alentador de elección debido a la persistente discriminación laboral que padece la mujer y, cuando obtiene una posición es infrarremunerada: así, objetivamente, actúan la carencia de posiciones laborales y la discriminación simultáneamente  para inclinarse con dolor a la prostitución.

Dr. Mg. Raúl Pino-Ichazo Terrazas, es abogado, postgrados en Filosofía y Ciencia Política. Maestría CIDES-UMSA, Alta Gerencia para abogados UCB-HARVARD, Interculturalidad y Educación Superior, Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación,  Docencia en Educación Superior, doctor honoris causa en Humanidades, profesor universitario en pre y posgrado, autor del libro PROSTITUCION,  escritor.

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