La libertad sin limites

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por: Raul Pino-Ichazo Terrazas

Para la cúpula de dirigentes de un partido político que ya conocen las mieles del poder, les parece normal utilizar el libre albedrio, entendido como la capacidad  para tomar   por si misma una dirección (sin ser precedentemente determinado unívocamente por nada) generalmente abusiva  y transgresora de la ley vigente, frente a valores  limitados conocidos.

Los bloqueadores, flagrantemente, no respetaron la vida de sus conciudadanos y asesinaron a policías que cumplían su deber constitucional. Simultáneamente furibundos  dirigentes  amenazan  a cercar ciudades  y someterlas a la hambruna,  aspirando, con su vandalismo, por estar  dominados por un estado demencial y de obcecada obsesión, a volver al poder y facilitar su impunidad de hechos actuales y pasados que la historia no deja de reavivar el momento menos esperado.

La libertad solo ingresa en consideración donde se aprende un valor   (inherencia espiritual)  como real , pero dotado de limites, unido a un no valor (el delito) desde otro punto de vista. La voluntad de cualquier  ciudadano con o sin poder  debe, no por coacción, sino por conformidad con su mas propio  impulso natural tender a lo valioso  que es aspirar necesariamente al bien, cuyos recipientes son los mismos ciudadanos, empero, lo precitado es “ciencia de cohetería” para los  dirigentes y políticos poseídos por la demencia, que vapulea la libertad del otro.

La libertad de la voluntad, no entendida con concisión por los políticos  y dirigentes con base social (manejada como corderitos pagados) no quiere decir que esta voluntad no pueda estar intensamente impresionada y solicitada por los motivos o que puede permanecer frente a ellos absolutamente indiferente. Ni quiere decir tampoco que, de hecho las mujeres y hombres  quieran siempre libremente, pues muchas acciones  de la vida diaria se realizan sin consideración  alguna de los motivos, ejemplificando: las buenas acciones realizadas al projimo,  la asistencia al necesitado, el socorro inmediato y la preservación de la vida  de uno y del prójimo, entre otros.

Las ideas obsesivas trasuntadas en acciones violentas  de los bloqueadores y cocaleros (que olvidaron su naturaleza agropecuaria y campesina) contra la población son trastornos que se acentuan; en tales casos  surge la aminoración  de la libertad pero permanece la imputabilidad. Asimismo el instinto descontrolado como la consumación de la pedofilia y la violación son casos de enfermedad mental grave.

El hecho del libre albedrio se infiere ante todo  de  sus relaciones con la personalidad ética. Sin libertad y, por lo tanto, sin la posibilidad de querer de tal o cual manera, las mujeres  y hombres  no pueden razonablemente ser  mas responsables  de las orientaciones de su voluntad ni mas digno de  premio o castigo  de lo que lo es  un enfermo de su enfermedad y, comprobamos que existe un partido político  conocido por su enfermedad de destruir, sin un ápice de consideración a  la Patria que les concede todo para vivir en armonía.


Abogado, posgrados en Filosofía y Ciencia Política Maestrea CIDES-UMSA, Alta Gerencia para abogados UCB-HARVARD, Interculturalidad y Educación Superior, Docencia en Educación Superior, Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación,  doctor honoris causa en Humanidades, profesor universitario en pre y posgrado.

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