Alejarse del pastel, ahorrar dinero, desempolvar el bolso del gimnasio: para algunos, estas son cosas que se vuelven posibles con generosas dosis de determinación y constancia a medida que se ejerce el autocontrol.
O, en tres palabras, con «fuerza de voluntad».
Este concepto es uno conocido.
Algo que al parecer tenemos o no tenemos, o a veces deseamos o necesitamos, para obligarnos a hacer las cosas que deberíamos hacer y dejar de hacer las que no.
Algo que está ahí, casi como una especie de fuerza en el Universo que si podemos agarrar y traer a nuestras vidas la usamos para dominar cualquier capricho y alcanzar el éxito.
Es la cara positiva de la culpa y la vergüenza.
«La fuerza de voluntad es la capacidad de resistir las tentaciones a corto plazo para obtener algún tipo de beneficio a largo plazo», le explicó Stephen Blumenthal, psicólogo clínico y psicoanalista, a la BBC.
«George Bernard Shaw lo expresó mucho mejor que yo cuando dijo: ‘Elegir el camino que ofrece mayor ventaja en lugar de ceder en la dirección de menor resistencia'», añade el experto.
Pero eliminar las patatas fritas de tu día a día, por muy tentadoras que parezcan, podría no ser necesariamente cuestión de fuerza de voluntad.
Algunos piensan que el concepto sencillamente no existe.
Es una cuestión importante y un antiguo problema analizado por la psicología y filosofía: ¿existe realmente la fuerza de voluntad?
Quizás no
Muchos de nosotros experimentamos a diario la sensación de que deberíamos hacer algo, pero no logramos reunir los recursos necesarios para ello.
Es una emoción agotadora, que lleva a sentirse inadecuado.
Todo por falta de fuerza de voluntad.
Carl Erik Fisher, profesor adjunto de psiquiatría clínica en la Universidad de Columbia, EE.UU., no concuerda.
«Creo que la gente se aferra a la idea de la fuerza de voluntad porque parece una explicación sencilla de por qué a veces tenemos dificultades para completar ciertas tareas», le dijo a la BBC
La psicóloga Kimberley Wilson también está en el campo de los expertos que creen que el concepto de fuerza de voluntad, en vez de aclarar, confunde.
«Cuando dices: ‘no tengo suficiente fuerza de voluntad’, mi pregunta, si yo fuera tu terapeuta, sería: ‘cuéntame sobre tu motivación original, sobre tu plan, sobre tus recursos. Dime por qué eso haría una diferencia en tu vida'», sostiene.
«Todas estas cosas terminan siendo agrupadas en esta noción de fuerza de voluntad», dice a la BBC la autora de «Cómo construir un cerebro sano» (2020) y «Sin procesar: cómo la comida que comemos está impulsando nuestra crisis de salud mental» (2023).
La experta también afirma que a menudo las personas no han pensado realmente en lo que quieren y cómo lograrlo, ni se han preparado para el peor de los casos.
«Cuando una persona hace planes, tiende a hacerlos para su mejor versión de sí misma», comenta.
«No está preparada para: ‘estuve despierta hasta muy tarde, tuve un día duro en el trabajo, alguien me trató mal’. Es en ese punto en el que se sienten peor, porque no tienen un plan que puedan poner en práctica, y parecería que no tienen suficiente fuerza de voluntad», agrega.
«Pero en realidad lo que no han hecho es planificar para la persona que realmente son».
Para Wilson, no es atinado atribuir el comportamiento de una persona a la abundancia o falta de fuerza de voluntad.
«Creo que hay otras formas más útiles de pensar sobre la manera en que nos esforzamos. El esfuerzo es importante y, de hecho, tu cerebro trabaja en el esfuerzo. Tu cerebro necesita desafíos. Es la única forma en que cambiamos y crecemos», argumenta.
Para ella, el esfuerzo y la fuerza de voluntad son cosas distintas.
Quizás sí
Algunos expertos discrepan de estas aseveraciones.
El profesor Roy Baumeister, psicólogo de la Universidad de Queensland en Australia, defiende no sólo la existencia, sino también los beneficios de la fuerza de voluntad.
La considera una forma de energía que debe usarse con prudencia, con niveles que pueden fluctuar.
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«Tiene una fuerte resonancia cultural, ya que la idea de la voluntad se remonta a la época de los antiguos romanos. El problema es que la idea está demasiado simplificada».
A través de sus estudios, Fisher ha descubierto que el autocontrol consiste, en cambio, en una serie de tareas diferentes, como desviar la atención de un tema a otro o gestionar las emociones que llevan a alguien a la tentación.
En su opinión, los métodos que las personas pueden emplear para alcanzar sus metas son demasiado variados como para englobarlos en la descripción general de «fuerza de voluntad».





