El tema de los bebedores consuetudinarios y su impacto en la seguridad de las ciudades es complejo y multifacético, ya que involucra cuestiones sociales, de salud pública y de orden público.
Como se sabe los bebedores consuetudinarios son personas que consumen alcohol de manera habitual y constante, en la vía pública. Este consumo lleva a situaciones problemáticas de comportamientos que generan conflictos en espacios públicos.
La seguridad ciudadana se ve alterada pues algunos bebedores consuetudinarios protagonizan actos de violencia, vandalismo o desorden en lugares públicos y la presencia constante de personas consumiendo alcohol en la vía pública genera una sensación de inseguridad en los ciudadanos, incluso si no hay delitos graves.
Pero es innegable que estos grupos por el abuso del alcohol se mueven entre peleas y agresiones entre ellos mismos, lo que lleva a un impacto de degradación en parques, plazas y áreas residenciales que se ven afectadas cuando se convierten en puntos habituales de consumo de estos bebedores.
Ni duda cabe que es menester políticas públicas para abordar el problema que pasan por establecer y hacer cumplir leyes que prohíban el consumo de bebidas alcohólicas en espacios públicos. Así como una presencia policial estratégica que aumente la vigilancia en zonas críticas para evitar conflictos.
Lógicamente que es importante que las intervenciones no criminalicen ni discriminen a los bebedores consuetudinarios, sino que se enfoquen en brindarles alternativas para mejorar su calidad de vida y reducir el impacto negativo en la sociedad.
Este tema requiere un enfoque integral que combine la seguridad, la salud pública y la inclusión social. Pero es importante tomar acciones ante el problema que está allí y tanto las autoridades de turno como así también las policiales, saben que es latente pero optan por lo más fácil cuál es hacerse de la vista gorda o la inacción.





