por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas
Esta ciencia exacta genera una disimulada aprensión en una mayoría pues se cree que su aprehensión no es fácilmente accesible; creencia que contiene una verdad relativa debido a que las matemáticas siempre fueron un área del conocimiento que implica esfuerzo intelectual adicional.
Las matemáticas tratan del número que es la aritmética y del espacio que es el lugar de la geometría. Muy ilustrativa es la evidencia que desde la antigüedad griega ha estado relacionada con la filosofía y cuando se busca un orden debido a la movilidad de los humanos, esa regularidad, cuando se altera o se rompe según esta concepción, el tiempo, por ejemplo, no puede contar con “ahoras” ni con la línea de puntos; no tolera que el movimiento se pueda descomponer en elementos pues no sería movimiento y, esto es lo que corrige las matemáticas.
De la misma manera que existe un alfabeto para el lenguaje y la escritura, las matemáticas disponen de un alfabeto que son las cantidades. Frecuentemente nos preguntamos ¿Cómo influyen las matemáticas en las relaciones humanas? A través de la objetividad que es una forma de seguridad, además porque esquematiza la realidad, sin embargo, no se puede pensar que con los números se desvelan siempre verdades, por ejemplo, en la estadística.
Lo anterior esclarece que las matemáticas tienen también fronteras y no pueden desvelar todo, ejemplificando: desvelar lo que sucede en el insondable mundo interior de los humanos y las complicadas percepciones que se suscitan incansablemente.
Interesante es meditar sobre las diferentes percepciones de los esencialmente matemáticos; Goerg Cantor establece una diferencia entre lo que establecieron dos grandes hombres de la historia universal como Aristóteles y Platón: aquél sostenía que su distanciamiento estricto con la separación las realidades matemáticas de las cosas perceptibles por los sentidos, mientras que Platón consideraba a los objetos de la geometría no como perceptibles sensorialmente sino como perceptibles espiritualmente.
Otro aspecto a citar es el quehacer matemático (contar y dividir) que Aristóteles lo define como continuo como “lo divisible es siempre algo nuevamente divisible” o “lo divisible ante el infinito”. Esta concepción aristotélica de lo continuo y del movimiento ha sido patrimonio común y discutido por nadie, hasta que Georg Cantor se opuso a esta teoría con la teoría de los conjuntos, por la que admitía la realidad actual de los infinitos conjuntos.
Esta teoría ha sido duramente criticada por otro matemático L.J.Brouwer enarbolando que la esencia de las matemáticas radica en la acción contar que llamo “Intuición de los números naturales” y no en ser una teoría de objetos de determinada índole “las matemáticas son acción y no teoría”; estas cogitaciones han contribuido al esclarecimiento de los problemas lógicos de las matemáticas y apuntado al cultivo de la lógica matemática.
En la cátedra aconsejo vehementemente a los estudiantes, aunque estudien otra profesión, que se aproximen y se involucren en las matemáticas, así obtendrán lógica en sus juicios y exactitud en sus acciones y decisiones económicas en un mundo tan mercantilizado como el actual; que no les ocurra lo que a mí en el Bachillerato Alemán, pasando muchos momentos embarazosos por mi deficiente preparación en matemáticas; gracias a la ayuda de compañeras alemanas pude superar este punto de quiebre en mis estudios, otro ejemplo paradigmático de la generosidad de las mujeres.
Abogado, posgrados en Arbitraje y Conciliación, Filosofía y Ciencia Política (Maestría, CIDES-UMSA), Derecho Aeronáutico, Alta Gerencia para abogados (UCB-HARVARD) Interculturalidad y Educación Superior, Docencia en Educación Superior, Oratoria Jurídica, doctor honoris causa en HUMANIDADES, profesor universitario en pre y posgrado.





