DOMINIO DE SÍ MISMO

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por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

El caos y la crispación colectiva que, en estos días  sobrepuja a la paz, tiene  como causa la carencia de  dominio  de sí mismo. ¿Qué es el dominio de sí mismo? Es simplemente  una de las manifestaciones  del valor o se puede considerar  como la esencia primitiva del carácter; esta cualidad debería caracterizar  a  los políticos que, en Bolivia, la mayoría son diletantes sin estudio obligado de la Ciencia Política, para luego, con ese estudio requerido, actuar como político  y gestionar mirando adelante y atrás, que es la distinción principal entre hombre y bruto. Es cierto que  sin el dominio de sí mismo no podría haber  verdadera grandeza en la política. 

El dominio de sí mismo  es la raíz  de todas las virtudes, así, una mujer u hombre  que libere  las obligadas represiones y contenciones  a sus sentimientos o pasiones, renuncia tácitamente a su libertad moral y son arrastrados, sin solución de continuidad, por la impetuosidad de las corrientes  de la vida y se esclaviza  a su más violento capricho y deformación al juzgar  al prójimo y a la población.

Para elevarse  sobre el bruto  y ser una persona  moralmente libre, se requiere la fuerza  de resistir los impulsos instintivos y no  se adquiere sino por el hábito de dominarse. 

En el hábito se encuentra el mayor apoyo para el carácter, según sea la voluntad  dirigida hacia el bien o el mal, entonces, será  para  la población  el político más ecuánime, justo  y libre de prejuicios, o el tirano más cruel; el primero guía a la población hacia el bien y el otro hacia la ruina.

¿Cómo encuentra fuerza el mal político en su irracionalidad? Es entre  los amigos más sinceros de su grupo o secta, los más celosos  de la libertad, entre los cuales encuentra  los modelos más completos de las opiniones más estrafalarias; son personas  que quieren clavar  una cuña ancha  de incomprensión, temor al dialogo  y discriminación por delante, y que son extraños en absoluto a toda moderación en materia política, desoyendo con arrogancia  al soberano pueblo.

Lo que positivamente evita  el caos  y el desenfreno político  es el menosprecio  que impulsa a la persona  con poder político a nunca dejar un deber  sin cumplirlo; a hacernos aceptar  por nosotros mismos y no por intereses personales; también el menosprecio  a la  mentira política; el menosprecio a la injusticia  y el menosprecio que impulsa de plena conciencia a asumir  la igualdad  en todos los humanos sin excepción.

Es abogado, posgrados en Filosofia y Ciencia Política (CIDES-UMSA), Arbitraje y Conciliación, Alta Gerencia para abogados (UCB-HARVARD) Interculturalidad y Educación  Superior (UMSA), Derecho Aeronáutico, Docencia en Educación Superior, doctor honoris causa en Humanidades, profesor universitario de pre y posgrado

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