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jueves, 26 / enero / 2023

EDITORIAL: Educación y salud 

Dejando un lado los líos políticos o los actuales del Censo que alejan la atención sobre los verdaderos desafíos que enfrenta la nación. No se toma conciencia de que la época de bonanza de los altos precios internacionales de los productos que el país exporta ha terminado. Esto indica que vendrán -ya lo sentimos en Tarija- tiempos difíciles y que se requerirá de una administración pública eficiente y, sobre todo, honesta, que convoque a la unidad y al esfuerzo colectivo. Bolivia –ahora una nación dividida y polarizada– tiene enrarecido el ambiente. Para muchos, el futuro es incierto, pues se advierte la pobre atención de algunos sectores clave –educación y salud, especialmente– para enfrentar la nueva era: la del conocimiento. Se da prioridad a lo ‘espectacular’ en desmedro de lo importante.

Nuestro sistema educativo no solo es deficiente en calidad, sino también en alcance. Cada año se abre un calvario para los padres que se esfuerzan en inscribir a sus hijos en los colegios, porque estos son insuficientes para atender la demanda. No se trata de deficiencia de los profesores, sino del autoritarismo oficial, que impone reglas, y de las exigencias sindicales con tintes sectarios. Estos son, en gran parte, responsables de los pobres resultados en el aprovechamiento de los alumnos. 

Se dice con frecuencia que se trabaja para el desarrollo. Se erigen grandes construcciones de dudosa necesidad, mientras los niños –los ciudadanos del futuro–, no cuentan con una adecuada atención a su educación. 

Si nos enfocamos en la educación universitaria, la cosa se complica aun más, pues no es un secreto para nadie la calidad educativa, el manejo sectario y político tanto de alumnos, docentes como de las propias autoridades de los rectorados, donde son contados alumnos y docentes que cumplen a cabalidad sus roles en la educación superior.

Y si se trata de la salud, no se debe dejar de lado el bajo presupuesto nacional destinado a este sector para superar las deficiencias y el pobre equipamiento de los hospitales y la escasez de medicamentos y de equipos indispensables para la atención de la salud.

Nuestro rezago en estos dos sectores vitales para asegurar una sociedad educada y sana, se inscribe en la observación del profesor Eric Hanushek, de la universidad de Stanford: “A corto plazo, estos países –uno de ellos es el nuestro– están obteniendo gran parte de su ingreso de sus recursos naturales. Pero más y más, a medida que el mundo se mueve hacia economías basadas en el conocimiento, el ingreso y el desarrollo dependerán de lo que la gente sepa, lo que llamamos el capital de conocimiento de las naciones”. 

Mientras hay países que cuidan su futuro y avanzan, otros, por obra de la ineficiencia populista, se ven condenados al rezago, lo que lleva a la pobreza crónica.

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