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lunes, 3 / octubre / 2022

Día Mundial de la Tierra: cómo la ciencia enfrenta al cambio climático

El tiempo y las emisiones de gases de efecto invernadero conspiran contra los esfuerzos de los científicos por frenar el calentamiento global. Sin embargo, la ciencia no detiene su avance y busca no solo analizar cuáles son las consecuencias de esta situación, sino también cómo puede mitigarse. Incluso, evalúan desarrollan programas que permitirán realizar previsiones para que los distintos países puedan actuar en consecuencia. Con motivo del Día Internacional de la Madre Tierra, aquí un pequeño análisis de qué es lo que hace la ciencia para enfrentar estos problemas.

Las corrientes oceánicas participan no solo en la “refrigeración” del planeta, sino que además capturan dióxido de carbono. Los insectos son esenciales para la polinización de distintos cultivos y la conservación de distintos ecosistemas. Mientras que conocer dónde se puede urbanizar y que tierras elegir para convertir en reservas, son todos ingredientes que pueden frenar el calentamiento global y el consecuente cambio climático. Los expertos no solo marcaron la situación sino que, además, muchos de ellos enumeraron las soluciones o, directamente, buscaron enfrentar la problemática con una propuesta.

Corrientes oceánicas: aceleración y un peligro latente

El rol de las corrientes oceánicas es primordial. Transportan los nutrientes que necesitan los distintos organismos que habitan en sus aguas, además de eliminar el carbono y el calor de la atmósfera, con lo cual evita que el planeta sufra de un calentamiento atmosférico excesivo. Sin embargo, el calentamiento global podría alterar todo su funcionamiento.

Según un grupo de científicos del Instituto Scripps de Oceanografía de San Diego, cuando aumenta la temperatura del planeta se modifica las circulaciones oceánicas superficiales, provocando que sean más rápidas y delgadas. “Nos sorprendió ver que las corrientes superficiales se aceleran en más de tres cuartas partes de los océanos del mundo cuando calentamos la superficie del océano“, afirmó Qihua Peng, autor principal del estudio que fue publicado en la revista Science Advances.

Para conocer qué sucede cuando la temperatura de la superficie del océano se calienta, los científicos usaron un modelo oceánico global. Según lograron determinar en la simulación que realizaron, cuando se calientan las capas superiores del agua, éstas se vuelven más ligeras. De este modo, se desarrolla una diferencia de densidad entre la capa cálida y la fría, que se encuentra debajo de ella. Esto provoca que la capa más caliente acelere su velocidad, una situación que tendría lugar en las tres cuartas partes de los océanos del mundo.

Al elevarse la velocidad de las corrientes oceánicas superficiales (conocidas como giros), las capas frías debajo sufren una desaceleración. El resultado de esta situación es una mayor presencia de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Vale destacar que las corrientes o giros se encuentran limitados por los propios continentes, salvo por el Océano Austral en la Antártida, donde los vientos del oeste generan que la Corriente Circumpolar Antártica se convierta en la más grande del mundo (en términos de volumen).

Este mismo grupo de científicos había detectado, el pasado año, que la Corriente Circumpolar Antártica se estaba acelerando. “Esta aceleración es exactamente lo que predice nuestro modelo a medida que el clima se calienta”, señaló el modelador climático de Scripps Oceanography, Shang-Ping Xie. Tras esta predicción que hoy se convirtió en una realidad, los científicos buscan frenar el desarrollo de esta solo resta que los Estados pongan manos a la obra y eviten una reacción en cadena.

Insectos en peligro: cultivos y alimentación en riesgo

Cada uno de los insectos tiene un papel fundamental dentro del gran ecosistema que es el planeta tierra. Algunos descomponen el material muerto, otros ayudan a mantener bajo control otros insectos que, en caso contrario, se convertirían en plagas.Mientras que, entre los más importantes, están aquellos que colaboran polinizando cultivos alimentarios y flores. Sin embargo, recientes estudios señalaron que su población se encuentran en declive, con lo cual podría registrarse una pérdida de la biodiversidad de insectos y sus funciones ecológicas vitales quedarían en jaque, poniendo en riesgo los medios de vida humanos y la seguridad alimentaria.

Algunas de las evidencias que ya se han registrado son: pérdidas generalizadas de polinizadores en Gran Bretaña, caída de entre un 30 y un 50% de la población de mariposas en Europa y una retracción del 76% en la biomasa de insectos voladores en Alemania, siendo que los 29 grupos principales de insectos son: mariposas y polillas; escarabajos; abejas, avispas y hormigas; y moscas. Con esto en mente, científicos del Centro de Investigación sobre Biodiversidad y Medio Ambiente de la University College London evaluaron unas 750 mil muestras, de casi 20 especies, provenientes de 6.000 sitios en todo el mundo.

Nuestros hallazgos publicados en Nature revelan que la disminución de insectos es mayor en las áreas agrícolas de los países tropicales, donde los efectos combinados del cambio climático y la pérdida de hábitat se experimentan de manera más profunda”, explicaron los científicos en el documento. Al tiempo que señalaron que “los sitios de tierras de cultivo poseen solo la mitad, en promedio, del número de insectos y más del 25% menos de especies de insectos”. “Las tierras de cultivo en áreas afectadas por el clima, donde se ha eliminado la mayor parte del hábitat natural cercano, han perdido el 63% de sus insectos, en comparación con tan solo el 7% de las tierras de cultivo donde se ha conservado gran parte del hábitat”.

Vale destacar que, se estima que 87 de los principales cultivos del mundo dependen (total o parcialmente) de los insectos polinizadores, según señalan los expertos. Algunas de las especies de insectos que se encuentran en peligro son: las abejas de las orquídeas en los bosques en Brasil (cayó su presencia en un 50%), las polillas en Costa Rica y los abejorros en Europa y América del Norte.

“Nuestros resultados demuestran que las tierras de cultivo en estas regiones generalmente han perdido una gran cantidad de biodiversidad de insectos, en relación con las áreas de vegetación primaria. Esto destaca que el cambio climático puede representar una gran amenaza para la seguridad alimentaria, no solo por el impacto directo en los cultivos sino también por la pérdida de polinizadores y otros insectos importantes”, escribieron los autores en The Conversation. Por lo cual advirtieron que, “los agricultores están recurriendo a técnicas de polinización manual”.

Entre las soluciones expresadas, los científicos propusieron “reducir la intensidad de la agricultura mediante el menor uso de productos químicos y una mayor diversidad de cultivos. Para los insectos que viven en tierras de cultivo, los parches de hábitat natural actúan como una fuente alternativa de alimento, sitios de anidación y lugares para refugiarse de las altas temperaturas. Aumentar la cantidad de hábitat natural aumenta la cantidad de insectos clave, incluidos los polinizadores”.

Qué tierra se debe preservar

Científicos de la Universidad de Georgia crearon un modelo que tiene por objetivo colaborar con los urbanizadores y funcionarios públicos para identificar cuál es la tierra más adecuada para su conservación. Se trata de un algoritmo que evalúa una serie de factores que, anteriormente, no eran tenidos en cuenta, según explicaron en la investigación publicada en la revista Environmental Management. “Con demasiada frecuencia, la gente valora la tierra por los edificios que contiene. Pero la tierra sin desarrollar también tiene valor: en forma de servicios ecosistémicos“, explicó Puneet Dwivedi, profesor en la Escuela de Silvicultura y Recursos Naturales de Warnell.

Para poder analizar qué tierra elegir, los expertos utilizaron tres factores: agua, carbono y hábitat. Los bosques, por ejemplo, son altamente efectivos en la captura de dióxido de carbono. Sin embargo, evaluar qué tan valiosas son estas tierras no era tarea fácil, más aún cuando los valores de las propiedades cercanas son inferiores a aquellas que se encuentran en los centros urbanos. “Los esfuerzos de conservación casi siempre tienen un presupuesto fijo. Nuestro modelo permite encontrar las mejores parcelas de tierra para su conservación y maximizar el impacto con el tiempo”, señaló Dwivedi.

En tanto, Fabio Jose Benez-Secanho, exestudiante de posgrado de la Universidad de Georgia y líder del proyecto, aseguró: “Otros modelos sin penalizaciones de límites permiten que el algoritmo seleccione aquellas parcelas que producen los valores económicos más altos, pero generalmente estaban dispersas por el paisaje”. “A medida que añadimos penalizaciones de límites, se seleccionaron parcelas más grandes con mayor conectividad. Las áreas protegidas más grandes benefician el hábitat de la vida silvestre, la biodiversidad y otras funciones ecológicas. Las compensaciones financieras de seleccionar parcelas más grandes son relativamente bajas en comparación con los beneficios adicionales que brindan”, concluyó el investigador.

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