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viernes, 9 / diciembre / 2022

COVID prolongado: los síntomas son distintos según la variante que provocó la primera infección

Aunque la mayoría de las personas con COVID-19 mejoran en pocas semanas, algunas continúan experimentando síntomas que pueden durar meses después de haber sido dados de alta, o pueden tener síntomas nuevos o recurrentes en un momento posterior. Esto puede ocurrir incluso si la enfermedad inicial fue leve. Se estima que más de la mitad de los diagnosticados con COVID-19 experimentaron secuelas conocidas como COVID prolongado o long COVID.

El estudio fue realizado la Universidad de Florencia y el Hospital Universitario Careggi en Italia y sugiere que los síntomas prolongados relacionados con COVID-19 podrían ser diferentes en las personas infectadas según la varianteLa investigación se presentará del 23 al 26 de abril en el Congreso Europeo de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas (ECCMID), que este año se llevará a cabo en Lisboa, Portugal.

Muchos de los síntomas informados en este estudio se han medido, pero esta es la primera vez que se han relacionado con diferentes variantes de COVID-19″, expresó el doctor Michele Spinicci, investigador principal del informe.

Según la investigación, los pacientes con COVID prolongado infectados con la variante Alfa experimentaron diferentes síntomas neurológicos y emocionales en comparación con aquellos que contrajeron la forma original de SARS-CoV-2.

Los investigadores realizaron un estudio observacional retrospectivo de 428 pacientes cuando SARS-CoV-2 y la variante Alfa circulaban en la población. De los pacientes observados, 254 hombres y 174 mujeres, habían sido tratados en el servicio ambulatorio post-COVID del Hospital Universitario Careggi entre junio de 2020 y junio de 2021

Los pacientes, que habían sido hospitalizados con COVID-19 y dados de alta entre 4 y 12 semanas, al concurrir a una visita clínica en el servicio de consulta externa se les hizo completar un cuestionario sobre síntomas persistentes, aproximadamente 53 días después del alta hospitalaria. Además, los datos sobre el historial médico, el curso microbiológico y clínico de COVID-19 y los datos demográficos de los pacientes se obtuvieron de los registros médicos electrónicos.

El 76 % de los pacientes informaron al menos un síntoma persistente. Los síntomas informados más comunes fueron dificultad para respirar (37 %) y fatiga crónica (36 %), seguidos de problemas para dormir (16 %), problemas visuales (13 %) y niebla mental (13%).

Los análisis sugieren que las personas que padecieron estados más graves, que requerían medicamentos inmunosupresores como tocilizumab, tenían seis veces más probabilidades de reportar síntomas de COVID prolongado, mientras que aquellos que recibieron soporte de oxígeno de alto flujo tenían un 40 % más de probabilidades de experimentar problemas continuos. Sin embargo, las mujeres tienen casi el doble de probabilidades de padecer síntomas de COVID prolongado en comparación con los hombres.

Por otro lado, los pacientes con diabetes tipo 2 parecían tener un menor riesgo de desarrollar síntomas prolongados de COVID. Los autores dicen que se necesitan más estudios para comprender mejor este hallazgo inesperado.

Los investigadores realizaron una evaluación más detallada comparando los síntomasinformados por pacientes infectados entre marzo y diciembre de 2020, cuando el SARS-COV-2 original era dominante, con los pacientes infectados entre enero y abril de 2021, cuando la variante Alfa era dominante, y descubrieron que hubo un cambio sustancial en el patrón de problemas neurológicos y cognitivos/emocionales.

Cuando la variante Alfa era la cepa dominante, había prevalencia de dolores y dolores musculares (mialgia), insomnio, confusión mental y la ansiedad y depresión aumentaba significativamente, mientras que la pérdida del olfato (anosmia), la dificultad para tragar (disgeusia) y los problemas de audición fueron menos comunes.

Según Spinicci, “la larga duración y la amplia gama de síntomas nos recuerdan que el problema no va a desaparecer y que debemos hacer más para apoyar y proteger a estos pacientes a largo plazo. La investigación futura debe centrarse en los impactos potenciales de las variantes y el estado de vacunación”.

En diálogo con Infobae, el médico cardiólogo Mario Boskis, de la Sociedad Argentina de Cardiología explicó que “muchos recuperados del COVID-19 nos consultan por síntomas persistentes, como fatiga, falta de aire, dolores articulares o trastornos cognitivos. El discurso más frecuente es que sienten que no son la misma persona que eran antes de la infección. El desafío ahora es encontrar una relación causal entre el virus y los síntomas. Su ausencia en los tests diagnósticos nos lleva a pensar en una reacción inflamatoria, desencadenada por el virus que persiste por meses”.

Hay muchos estudios en marcha en búsqueda de las causas del síndrome post COVID, “pero mientras tanto es importante escuchar al paciente que sufre, descartar diagnósticos diferenciales y ofrecer el mejor tratamiento posible”, sostuvo Boskis. “Las autoridades de salud en nuestro país deben empezar a reconocer este problema. Muchos pacientes no se curan a la semana. Esperemos que la historia de ignorar secuelas de las epidemias y las pandemias del pasado no se repita, por el bien de todos”, opinó.

“El COVID-19 y las secuelas que deja han puesto a la luz las consecuencias que generan a largo plazo algunas infecciones y la imperiosa necesidad de lograr respuestas desde tratamientos médicos y de rehabilitación y desde políticas públicas”, afirmó a Infobae la doctora Karina Ramacciotti, doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires e investigadora principal del Conicet en la Universidad Nacional de Quilmes.

Desde que la ciencia evidenció los efectos persistentes de COVID-19, se han notificado hasta 200 síntomas en 10 sistemas de órganos, incluidos la piel, el cerebro, el corazón y el intestino. El núcleo recurrente de estos comprende la pérdida de movilidad, las anomalías pulmonares, la fatiga y los problemas cognitivos y de salud mental.

El COVID persistente o prolongado es un término que engloba varios síndromes post virales. En consecuencia, no existe una prueba sencilla para detectarlo. El diagnóstico se basa en los síntomas clínicos, la infección anterior por COVID-19 y la falta de una causa alternativa evidente para los síntomas que causan la nueva dolencia física o mental.

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