Iglesia llama a dejar la mediocridad y transformar el mundo desfigurado por tantos odios y violencias

El arzobispo de Santa Cruz, monseñor Sergio Gualberti, llamó este domingo a los católicos a dejar la mediocridad y la indiferencia para transformar el mundo desfigurado por tantos odios y violencias, recogiendo durante la cuaresma, la experiencia de transfiguración de Jesús en la imagen de Dios.

Durante su homilía dijo que al final de nuestra peregrinación en este mundo, donde no faltan sufrimientos, desengaños y pruebas, nos espera no la muerte sino la gloria de la vida nueva en Dios, transfigurada y feliz como dijo San Pablo a los cristianos de Corinto.

Sostuvo que por eso hay que emprender el camino de la conversión con la certeza de que es posible transfigurarnos en imagen de Dios, no por nuestra obra sino abriendo nuestro corazón a la acción santificante del Espíritu Santo.

Manifestó que la cuaresma es el tiempo propicio para rememorar la maravillosa experiencia de Jesús, poner nuestra mirada y confianza en él, elevarnos sobre el mal, el odio y la mezquindad, dejar a un lado los criterios mundanos del poder, las riquezas, la fama y tantos otros ídolos y desinstalarnos de la mediocridad, la superficialidad y la indiferencia ante tantos hermanos y hermanas sufridos y necesitados.

Dijo que el encuentro con Jesús transfigurado nos da la fortaleza para superar las dudas y temores, transfigurar nuestra mente, nuestro corazón y nuestro obrar y, sobre todo, nos abre las puertas de la eternidad y ser partícipes de su gloria.

Gualberti indicó que Jesús transfigurado es el Señor que nos impulsa a caminar con perseverancia y firmeza junto a él para que nos transfiguremos en hombres nuevos.

Señaló que la palabra de Dios en este domingo dice que es posible transformar al mundo atemorizado y desorientado por tantos odios, violencias, guerras y por el vacío de un horizonte certero de paz.

Añadió que es posible lograr un mañana mejor para las víctimas de las injusticias, los oprimidos y decaídos, solo si no perdemos la esperanza y seguimos firme nuestro camino junto al Señor hasta ser ciudadanos del cielo como nuestra meta dichosa y definitiva./ERBOL