LO CÍVICO, REIVINDICADO….

por: Eduardo Claure

En el último periodo político boliviano, señalemos puntualmente, los recientes 15 años, la ausencia de partidos políticos y su clase política a cargo, han estado perdidos en momentos de álgida coyuntura. Los referentes políticos -no lideres- han estado perdidos en las definiciones que debían asumirse para enfrentar al autoritarismo. En este escenario, el comiteismo – si se permite-, es decir las casas cívicas, y sus conductores, han emergido tal como sucede actualmente, para enrumbar y “dar línea” de las acciones que la sociedad civil debía arrogarse no partidariamente.

En este periodo, los Comités Cívicos, han significado -más allá de su simbolismo propio, localmente hablando- el escenario donde convergieron las ansias sociales por justicia, por exigir las reivindicaciones mas sentidas de su población; por representar el conjunto de aspiraciones democráticas de su sociedad, en fin, se arrogaron a merito propio, lo que la clase política perdió en sus veleidades y distorsiones de representatividad. Los Comités Cívicos, han recuperado y reposicionado, el porqué de su existencia y su razón de ser. Obviamente no han faltado, las deformaciones políticas que lograron incrustarse en su seno y aprovecharse de su institucionalidad para usarlas como plataformas políticas espurias. Pero, más allá de aquello, hoy, surgen con cualidades más cualificadas y maduras, frente al desencanto de lo político partidario e ideológico. Los Comités Cívicos, pese a “contaminaciones difíciles de eludir”, están al frente y con alta responsabilidad en un momento de definiciones de para donde va La Patria, La Nación, El Pueblo, La República, y finalmente, el Estado. Tarea no menor en tanto y en cuanto, la dinámica de definiciones político ideológicas, viene de la mano perversa de un contubernio internacional ideológico comunistoide adherido al criminal poder del submundo narco, al cual se enfrentan los Comités Cívicos de todo el país.

Desde el gran educador Piaget y el formador cívico, moral y político Alipio Valencia Vega, lo cívico estuvo en sus trabajos de alto grado profesoral, tendentes a desarrollar conciencia de los valores y principios del civismo y la política; su significado, su desarrollo y la “gestión” de una nueva forma o por lo menos apropiada para el desarrollo político desde la ciudadanía cívica.  Partiendo conceptualmente de la etimología que ellos transmitían, lo cívico, es aquello que se relaciona con la ciudadanía y su participación política, o sea, en pos del bien de la comunidad que integran, y estos, dependen de  aquellos valores considerados positivos para el sano desarrollo de una sociedad, y que toda la ciudadanía debería conocer, preservar y poner en práctica en su vida cotidiana. Existen numerosos tipos de valores, pero los cívicos dependen de su desarrollo en una comunidad, es decir, que deben ser transmitidos para que no se pierdan y para mejorar un civismo en común. De no respetarse o cultivarse, las consecuencias podrían derivar en un desorden social, tal cual, las políticas del gobierno de turno se promueven, en detrimento de los valores ciudadanos, necesarios para engrandecer La Patria desde lo cívico.

Los Comités Cívicos del país, han ingresado a tener un rol -coyuntural- muy importante por su propia naturaleza y su intrínseca pertenencia a la sociedad civil, que es la forma más natural del asociativismo en los contextos socio sociales de las urbes capitalinas, y vienen desarrollando activismo cívico social, sin que existan alambradas que les coarten o limiten sus acciones institucionales. Su convocatoria más allá de lo meramente corporativo, implica un halo de moralidad que los partidos y la clase política, no tienen o si la disponen, esta mermada por los vicios propios del accionar partidario. Esta cualidad, hace que el comiteísmo, tenga mejor grado de credibilidad, confiabilidad y certidumbre respecto a los temas que en la actualidad se tratan a nivel nacional, en esta aciaga coyuntura.

Estos valores nos ayudan a aumentar el compromiso de la sociedad con el entorno en el que nos desenvolvemos. A largo plazo, estas conductas pueden fomentar la llamada ciudadanía local, para ir hacia lo nacional y porque no, hacia lo global, es decir impulsar un nuevo modelo de ciudadanía comprometida activamente en la consecución de una Bolivia, una región, y porque no, un mundo más equitativo y sostenible.  Los valores cívicos que promueve la ciudadanía local, nacional, regional y la global, plantean un modelo basado en la comunidad y en el individuo: consciente de la dignidad de todas las personas y su necesario ejercicio; consciente de su pertenencia a una comunidad local y global, al mismo tiempo, comprometido de manera activa en la consecución de un mundo más justo y sostenible, cuyo objetivo es contribuir a erradicar la injusticia y la pobreza.

Los valores cívicos que caracterizan a las personas de la nueva ciudadanía, que debe buscarse construir, son ciudadanos: conscientes de la gran amplitud y de los desafíos del mundo actual; se reconocen a sí mismos y a los demás como sujetos con dignidad, con obligaciones que cumplir y derechos que pueden exigirse, y con poder para conseguir cambios; se responsabilizan de sus actuaciones, se indignan ante las injusticias y frente a cualquier vulneración de los Derechos Humanos; respetan y valoran la equidad de género, la diversidad y las múltiples pertenencias identitarias de las personas y de los pueblos como fuente de enriquecimiento humano; se interesan por conocer, analizar críticamente y difundir el funcionamiento del mundo en lo económico, político, social, cultural, tecnológico, ecológico y ambiental; participan y se comprometen con la comunidad en los diversos ámbitos, desde los locales y nacionales hasta los más globales, con el fin de responder a los desafíos y lograr en nuestro caso, una Bolivia más equitativa y sostenible; contribuyen a crear una ciudadanía activa, que combate la desigualdad a través de la búsqueda de la redistribución del poder, de las oportunidades y de los recursos.

Una tarea de “política cívica” debiera ser el desarrollo de los valores cívicos. En el caso de los micro valores cívicos está en el respeto que nosotros mismos, como ciudadanos tenemos hacia otra persona, etnia o grupo social. Luego, está la tarea de construir una ciudadanía cívica, activa, informada y consciente del mundo que le rodea que puede transformar la sociedad boliviana, pero es necesario tener conciencia de ello. 

Por tanto, debemos pensar en cultivar nuestros valores cívicos primero desde una perspectiva individual, es decir, educando y siendo conscientes de lo que podemos pensar y hacer nosotros mismos para poder construir una sociedad mejor. Con el paso del tiempo y de las próximas generaciones, estos valores se irán inculcando y permitirán un desarrollo más justo y una mayor inclusión. Cuando una sociedad tiene estos valores muy desarrollados, no solo se nota en el comportamiento de las personas, sino en la propia legislación o en los avances que se realizan, por eso la educación en valores cívicos es tan importante.

La transmisión de estos valores es una herramienta potente para combatir la desigualdad y las injusticias sociales, económicas, jurídicas y políticas;  un área sobre la que debe trabajarse incansablemente y que es una apuesta de futuro para evitar discriminaciones, lograr una sociedad más igual, con mejoras económicas reales, el respeto a los derechos humanos, a la Ley, a la autoridad y la institucionalidad. ¿Pasado este zafarrancho perverso del Socialismo del Siglo XXI que nos asola, será posible que alguien se acuerde de desarrollar civismo, cómo una nueva forma de hacer ciudadanía…?

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