La unión hace la fuerza, única forma de vencer al totalitarismo y recuperar la democracia

“La unión hace la fuerza” es un lema utilizado originalmente por los Países Bajos. Se deriva de la frase en latín “concordia res parvae crescunt” (las cosas pequeñas florecen en la concordia), del capítulo 10 de la ‘Bellum Iugurthinum’, obra del escritor republicano romano Salustio.  Hoy en día, este lema es utilizado por Bulgaria, Haití, Canadá, Grecia, en su escudo nacional de armas y es el lema nacional de Bélgica, Bulgaria y otros países como Bolivia, “La unión es la fuerza” es lema nacional desde 1870, anteriormente se usaba “Libre por la Constitución” y, está en nuestras monedas. A lo largo de la historia, ha sido representado con variantes: “La unidad hace la fuerza, la lucha desechos”, “La fuerza reside en la unión”, “La fuerza está en la unidad”, “La unión da la fuerza moral”. Salustio, historiador romano, uno de los más importantes historiadores latinos del siglo I a. C. Tácito, cita con frecuencia a Salustio en sus Anales y lo usa como modelo para su moralismo trágico que dará forma a su De vita et moribus Iulii agricolae. Durante la época humanista fue empleado como modelo para la prosa junto con Tácito y, autores como Leonardo Bruni y Angelo Poliziano. Salustio impulsó una nueva línea literaria, él acometió la tarea de explicar las conexiones y el significado de los acontecimientos, además de ser un buen descriptor de personajes. Revisando la historia, encontramos la razón de ser de un grupo de hombres entregados al bien común, recordemos el famoso juramento de apoyo mutuo inmortalizado por Alejandro Dumas en su icónica obra “Los tres mosqueteros” de 1844, alianza que rezaba: “Uno para todos, todos para uno”. La frase del titular podrá sonar trillada, pero, sin duda, calza a la perfección en nuestra actual coyuntura política boliviana. 

La alianza, el apoyo, el auxilio, suele considerarse como una actividad que involucra a los miembros de un equipo que trabajan juntos en un proyecto. La verdadera colaboración es más que una actividad: es un proceso con comportamientos que se pueden desarrollar y enseñar, regido por un conjunto de normas y conductas que maximizan la contribución individual y aprovechan la inteligencia colectiva de todos los involucrados. Una inteligencia colectiva que debe promoverse transversalmente, con horizontalidad, sin jerarquías odiosas o perversas, acción que permita una coordinación y la toma de decisiones sin interferencias torpes, obstinadas o egoístas. Aquí, el bien mayor se impone a los intereses particulares, de grupos, ideologías o subordinadas al poder económico partidario, en cuanto se trata de organizarse políticamente, para recuperar la democracia, construirla e institucionalizarla para vivir un verdadero Estado de Derecho. Desde hace mucho tiempo se reconoce que deben reunirse múltiples sectores y actores involucrados, si de verdad queremos emprender la lucha contra la forma de hacer política que objeta la democracia, irrespeta la ley, la CPE, los DD.HH., provoca ecocidios, desprecia la vida y hace política con la salud bajo una economía nada blindada; mientras, a la sombra de esta forma de gobierno tiránico, aparecen grupos de choque (armados..?) que amenazan a sectores sociales, a referentes políticos, periodistas, la Iglesia, a cívicos, a defensores de los DD.HH., y otros; catervas que están organizados al margen de la ley y el propio orden de la estructura del Estado, ante los cuales el gobierno calla y genera serias sospechas de encubrimiento y tolerancia ladina.   

Durante el último decenio se ha hecho hincapié en centenares de notas periodísticas, de columnistas, académicos y otros, que instan a que la sociedad civil, sus organizaciones democráticas y los políticos, se sienten a la misma mesa, donde se tomen decisiones relativas a la democracia y los peligros que se ciernen sobre ella. Sabemos que si no producimos cambios drásticos en materia de una sola línea de acción política, es posible que tampoco logremos generar un cambio radical en la situación de la búsqueda y aplicación del bien mayor: Recuperar la democracia, no permitir que la dictadura y el totalitarismo retorne, se profundice y sepulte no sólo a la frágil institucionalidad democrática que se ha  construido desde el retorno de la democracia, ya que estos dos factores: clase política-partidos y la sociedad civil, guardan una estrecha relación y uno suele ser una  consecuencia del otro. Sin embargo, tal como se dice que “se necesita un pueblo para criar a un niño”, se necesita todo un entorno que propicie el empoderamiento de la organización del soberano para llegar a las elecciones nacionales coincidente con el Bicentenario de la República y, se disponga de un bloque, cohesionado, que dirima  mediante el voto popular, la definitiva salida del poder omnímodo, enquistado en la administración del Estado, donde se vive: una justicia corrupta cuasi criminal, contrabando atracador, crecimiento del narcotráfico -el informe de la UNODC 2020 (agosto 2021), muestran un 15% de incremento de la superficie con cultivos de coca con respecto a 2019, estimándose una superficie de 29.400 ha de cultivos de coca excediendo en 9.400 has de lo establecido- (EE.UU ha “descertificado a Bolivia” por su incumplimiento en la lucha contra el narcotráfico, 15-09-2021);  avasallamiento de tierras fiscales y de pueblos indígenas, incendios provocados en nuestros bosques, áreas protegidas y santuarios naturales, que son objetivo de organizaciones -los interculturales-  nuevos colonizadores: “pequeños y medianos empresarios agropecuarios en desarrollo”, que no son pobres campesinos ni velan por ellos, menos por el país y, responden a la economía ilícita y su poder.

Estos prohijados del proceso de cambio asumen decisiones políticas. Conforman el Estado Mayor del  Pueblo -Pacto de Unidad, Conalcam, Bartolinas- y, en un lustro y medio han dado pie y sostén a: el 21F, el fraude electoral del 2019; desconocen el informe del GIEI; niegan Resoluciones de la CIDH; se solazan con el contrato de una “consultoría” de estudiantes y docente de una universidad española para sepultar una auditoria viculante del fraude electoral del 2019 efectuado por 30 expertos de la OEA; intentan que la CGE y La Procuraduría tengan preeminencia en asuntos electorales cuando ninguna Ley y menos la CPE les otorga esa competencia para emitir informe que sepulte el informe de la OEA, Unión Europea y la CIDH respecto aquella justa electoral abortada; permiten la detención preventiva y condenatoria de la ex mandataria Añez; fomentan el ecocidio en la Chiquiania; avalan la construcción de un Bulo Bulo II; apoyan las presas de El Bala y El Chepete; se desentienden e ignoran lo sucedido con el FONDIOC, CAMCE, barcazas chinas, tractores del ex ministro Salvatierra, taladros de YPFB, Santos Ramírez-Catler Uniservice y, más de un centenar de denuncias; ven con ojos placenteros que Derechos Reales pasen a manos del Ministerio de Justicia para detectar a los propietarios k´aras y clase media o empresarios que tengan derechos propietarios de “innecesarios bienes inmuebles”, susceptibles, tal como sucede en Cuba y Venezuela, de ser expropiados en favor de los “sin techo y los pobres”; aplauden la recién aprobada Ley de la Estrategia de Lucha contra la Legitimación de Ganancias Ilícitas y Financiamiento al Terrorismo que se convierte en una “guillotina política” y puede ser usada para perseguir a personas e instituciones opositoras al Gobierno; además, el “Estado Mayor del Pueblo” acelera un proceso de formación de liderazgos y cuadros: nada democráticos, intolerantes, más bien, irascibles y violentos; mientras sigue una marcha de pueblos indígenas de tierras bajas que es hostigada y puede ser frenada en medio camino; en tanto, la “oposición”, se distrae con jueguitos de bancadas en la ALP y se han apoltronado como autoridades de algunas “Entidades Territoriales Autónomas”, donde se regodean a gusto. Relación de casos y eventos que debieran preocupar seriamente a la “clase política”, que parece no inmutarse y no observar con mirada política este desarrollo aplicado del proceso de cambio que continúa a paso firme, y, ya no, imperceptible, tal como debió advertirse lo que se venía venir en la Asamblea Constituyente: la aplicación a rajatabla de los “Protocolos de Orinoca”: el Vademécum del Poder del Socialismo del Siglo XXI y del “proceso de cambio”. Este panorama, expresa un Terrorismo de Estado, que pareciese que se va “naturalizando” y, ante lo cual la clase política debe asumir su responsabilidad, al permitir que esta situación continúe, por su actuar disperso, sin norte, ni dirección o plan. El soberano votó en contra del mal, no por ellos, deben entender. 

Estamos a tiempo para que la clase política, vea con las pruebas de un decenio y medio de oprobiosa política, que su incapacidad de organizarse -ha producido una fragmentación patética- para enfrentar al totalitarismo que ha llevado al país, a una forma de convivencia casi imposible, llena de racismo, exclusión, desprecio ciudadano, judicialización patibularia de la política y el servilismo de prebenda como forma de militancia. Se ha degradado tanto la política, que pareciese que se conocen tan bien entre ellos -políticos- que no desean aproximarse, no intentan agendar -ni por el país- los términos que permitiesen corregir este entuerto político. Seguramente y, es de esperar, que las “profundas diferencias” que los separan, no nos lleven al abismo. Mientras llega el Bicentenario, seguramente meses antes estarán en correteos, buscando armar listas partidarias para las justas electorales del Bicentenario -en las que no faltarán: cernícalos, chacales carroñeros y otras sabandijas pseudo políticos reciclados-, pudiendo ocurrir que, la Patria -Dios no lo quiera- desaparezca para ser sustituida por un narco Estado presa de una dictadura que se enseñoree, imposible de erradicar, a menos qué, sea por una hecatombe. Urge entonces, una Cumbre Política Nacional Democrática. Esperar que el MAS-IPSP, se desmorone por supuestas fricciones internas u otras causas, es pensar en un cálculo político, que nunca acontecerá. En política no existen las casualidades. El MAS-IPSP, es la Hidra de siete cabezas.   

 

Por: Eduardo Claure

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