La carga mental de la pandemia: “El aumento del insomnio, depresión y ansiedad muestra el sufrimiento de la población”

Pasaron 17 meses desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró una pandemia por el surgimiento de un nuevo coronavirus en Wuhan, China, que pronto se extendió a todo el mundo. Un año y cinco meses después de que la vida tal como se la conocía antes de ese suceso haya cambiado de manera radical, las secuelas en la salud mental de las poblaciones ya se dejan ver.

Infobae consultó expertos en la materia que ven “con mucha preocupación” los efectos de la pandemia en lo emocional, económico, sanitario y social, que a su entender “han sido enormes y muy graves”.

Uno de ellos es el médico psiquiatra y psicoanalista Pedro Horvat (MN 70936), para quien “lo que demuestra esta situación por sí solo es el enorme crecimiento de la venta de psicofármacos, la automedicación y la demanda de terapia y apoyo psicoterapéutico, todas señales del sufrimiento al que la población está expuesta”.

“Tenemos en el país cerca de 110 mil muertos, quiere decir que aproximadamente medio millón de personas están en duelo. No sé cómo calcular las que están en duelo porque su negocio cerró, sus sueños quedaron truncos, o perdieron sus proyectos, cuando no directamente de la fuente de sostén económico”. Para el experto, si a eso se suma “el daño que sufrieron los vínculos en este tiempo, el resultado es una sociedad desesperanzada, angustiada y desarticulada”.

Flavio Calvo es licenciado en Psicología (MN 66869) y ante la consulta de este medio evaluó que “la salud mental es una construcción que abarca varias áreas, tales como las herramientas personales, la autoestima, la vida social y familiar, las creencias, las emociones, etc”. “La pandemia dejó en la Argentina una secuela de síntomas y trastornos que afectan estas diferentes áreas y roles de la vida, y esto se puede observar en varios aspectos -amplió-. Investigaciones realizadas en nuestro país demuestran que más del 70% de la población manifiesta malestar psicológico, ya sea en ansiedades, estrés, depresiones o falta de tolerancia a la incertidumbre, también problemáticas como el ciberbullying y el grooming crecieron en más de un 60% en este año y medio. Ante esta situación un pequeño porcentaje de personas (12%) recurrió a ayuda profesional, mientras que otros buscaron como herramienta de afrontamiento el alcohol el tabaco u otros medios, lo que significa que un problema aún mayor es el de la salud mental”.

Acerca de en qué medida la crisis sanitaria afectó las diferentes esferas de la vida de las personas, el médico psiquiatra y director médico de Ineco Marcelo Cetkovich (MN 65636) analizó que “la pandemia afectó en forma muy significativa la vida de las personas, tanto en el trabajo como en la familia. En cuanto al trabajo, en aquellos que tienen la fortuna de tenerlo, el paso a la virtualidad fue muy difícil ya que muchos no cuentan con los recursos técnicos ni con el entorno adecuado. En términos generales, aquellos que pasaron al trabajo virtual y no tienen un hogar acorde para realizar las tareas laborales, tienen que estar trabajando con la computadora mientras los chicos saltan por encima o se escucha ruido de la cocina. Todo ese tipo de cosas afectan al trabajador y hay mucha gente que está ansiando volver a la presencialidad”.

Por otra parte, para él, “la familia también se vio afectada en cuanto a su dinámica y además se sabe que las relaciones de pareja y cuarentena han sido negativas, ya que han aumentado no solamente los casos de violencia de género sino también las separaciones”. 

“El área del trabajo quedó afectada por cuestiones tangibles, desde el que tuvo que cerrar su negocio hasta otros que debieron reconvertir su trabajo a la modalidad home office con todas las implicancias que eso tuvo en la vida personal”. Así las cosas, para Horvat, “lo que más sufrió en términos emocionales fueron los vínculos, particularmente los de pareja, y ese desequilibrio trajo muchos otros y puso de relieve fragilidades preexistentes”.

– ¿Hay algún grupo que a su criterio resultó más afectado? (niños, adolescentes, personas laboralmente activas, mayores de edad)

– Horvat: Los más afectados fueron los extremos de la vida (los niños y adolescentes porque su vida se encontró absolutamente desarticulada, no podían ver a los abuelos, primos, amigos y debieron convivir con una sensación de amenaza e incertidumbre en un contexto en que los padres también sufrían y tal vez no tuvieron la disponibilidad emocional para contenerlos).

Y en el otro extremo, los mayores padecieron, primero, ser parte de lo que se conoció como “grupo de riesgo”, y por otro lado todo lo que implicó para los que no tienen pareja pasar este tiempo en soledad, con situaciones durante los primeros meses en los que todos estábamos muy asustados como dejarles las compras en la puerta sin siquiera darles un beso o un abrazo. La soledad, el aislamiento y la inmovilidad los afectó seriamente, y también se produjeron en muchos casos efectos de pérdida de motilidad y aceleración del deterioro.

– Cetkovich: En relación a la población en general, sin lugar a dudas, los jóvenes y adolescentes fueron los más afectados por la cuarentena y la pandemia, y así lo demuestran los estudios llevados a cabo por Ineco y por otras instituciones.

– Calvo: La pandemia afectó la calidad de vida en general, incluyendo a todos los grupos etarios, de todas maneras, hay etapas evolutivas que presentan necesidades diferentes que por la pandemia no pudieron ser suplidas. En la niñez y adolescencia, por ejemplo, el contacto con el otro es vital.

En la adolescencia se aprende a jugar roles que desarrollan el estilo de vida adulto, el grupo de pares y la socialización con ellos es necesaria para que se puedan fortalecer como individuos más allá de sus sistemas familiares. Los adultos mayores necesitan el contacto físico de los otros, ese toque de manos, ese beso o abrazo que mantienen su piel viva, son necesarios para una vejez sana, mucho más cuando ellos viven el paso del tiempo de manera diferente a un joven. Para alguien joven puede ser un año más, para un adulto, puede ser uno de sus últimos años, y lo perciben así. 

¿Es posible volver a encauzar las emociones?

María Roca es doctora en Psicología (MN 33819) y subdirectora operativa de Ineco y aclaró que “las emociones son procesos normales que dispara el organismo cuando algo importante para el bienestar se está poniendo en juego”. Es decir, son señales de alarma, de alerta que indican que hay que prepararse para esta afectación, ya sea positiva o negativa. “Esto puede resumirse en que las emociones van más allá de su valencia, que puede ser positiva o negativa o puede generar confort o disconfort. Sin embargo, lo cierto es que son todas positivas porque están ahí para ayudarnos, para avisarnos de que algo importante para nosotros está pasando”, resumió.

Y tras asegurar que en este tiempo de pandemia “se están poniendo en juego muchas cosas con respecto al bienestar”, la especialista resaltó que “es esperable que se sienta esta montaña rusa emocional o esta sensación de que las emociones se hacen más evidentes o se hacen más intensas”. “Desde el punto de vista científico existe evidencia de que suprimir las emociones no es una buena estrategia. De hecho, suprimirlas tiene consecuencias negativas para la salud física y la salud mental, por eso, es importante validarlas y reconocerlas para identificar la fuente de emoción y de esa manera, aplicar estrategias de regulación emocional”, aconsejó.

En análisis de Horvat, “en 2019 cuando el virus no existía la argentina ya era una sociedad segmentada, con un fuerte rechazo al otro”. “Sea lo que fuere aquello que identifica funciona como algo que genera grupos que se identifican más por la diferencia que por la identidad, y si a esto se le agrega el costo de la pandemia, nadie la sacó gratis”.

Para él, no va a existir el tan promocionado “regreso a la normalidad”. “Dado todo lo que perdimos y lo que nos tocó vivir, en el hipotético caso de que el virus mágicamente desaparezca de la faz de la Tierra no vamos a ser los mismos de marzo de 2020 -consideró-. La sociedad cambió, ya no somos los mismos, todos descubrimos que podíamos prescindir de muchas cosas”.

Y si bien en su opinión a medida que la situación sanitaria lo fue permitiendo todos trataron(mos) de llevar a cierta normalidad la vida y eso “trae mucho alivio en la medida en que el peligro de morir ya no es un fantasma permanente”, habrá que “elaborar lo perdido, reparar o no los vínculos dañados y volver a un nuevo eje”. “Es como si todos saliéramos todos de una especie de tragedia social”, ejemplificó.

Para Calvo, “durante el aislamiento muchos no tuvieron esos ambientes que usualmente utilizaban para expresar o descargar emociones, por ejemplo, espacios de recreación, deporte o actividad física, que son tan importante para la salud mental”. “Cuando una emoción sana, como enojo, tristeza o miedo no es expresada, puede dar lugar a emociones más enfermizas como, por ejemplo, fobias, ira, depresiones, etc -observó-. Estas emociones desbordadas pueden volver a encontrar su cauce, y hay varias maneras para hacerlo. En primer lugar, como una olla a presión, es necesario ir liberando esa expresión de emociones gradualmente. Pare esto es bueno poder reconocer si la emoción que creo que estoy sintiendo no está, en realidad tapando otra que no me permito sentir, Por ejemplo, muchas veces la ira, está tapando una tristeza o una frustración que al poder expresarla la sensación es de liberación”.

En ese sentido, Roca aportó: “Actualmente existen muchas estrategias de regulación emocional que demostraron evidencia en su objetivo. Éstas, pueden ir desde estrategias que se enfoquen más en el componente físico, como las técnicas de respiración o de relajación; en su componente más cognitivo como la reestructuración cognitiva o en su componente más comportamental, como por ejemplo, postergar una decisión asociada a una emoción”.

– ¿Podría afirmarse que la pandemia que viene es la de la salud mental?

– Horvat: Ya la estamos viviendo. El insomnio, la depresión y los trastornos de ansiedad que se manifestaron o acrecentaron en este tiempo son una pandemia sin duda.

Muchísimas personas tienen problemas para dormir y esto afecta también mucho a los más chicos. Asimismo, vemos muchos cuadros de depresión relacionada con la pérdida del albedrío, la incertidumbre sobre el futuro, así como ansiedad. Todos nos volvimos un poco hipocondríacos, probablemente aparecieron trastornos que la persona tenía pero mantenía en equilibrio.

– Roca: Lo que puede afirmarse es que con la pandemia hubo un aumento de sintomatología anímica y de sintomatología de ansiedad, tal como lo reportaron diversos estudios, algunos de ellos de la Fundación Ineco.

– Calvo: Claramente la salud mental puede ser una próxima pandemia, ya que a lo largo del tiempo de aislamiento se tuvo muy poco en cuenta trabajar en la promoción de la salud mental. Hubo personas para quienes el acompañamiento online no era suficiente ya que sus diagnósticos requerían un trabajo mucho más presencial. El aumento de ansiedades, depresiones, estrés etc, hacen que la salud mental sea una de las prioridades en este tiempo.

Cada caso es particular, y cada persona tiene herramientas personales diferentes para enfrentar las adversidades, de todas maneras, es un tiempo donde es muy necesario el desarrollo de habilidades personales para enfrentar las secuelas de esta crisis.

Finalmente, Infobae quiso saber cuáles son las señales tempranas de que la salud mental está siendo afectada, y qué conviene hacer en ese momento.

Para Roca, “las emociones como el enojo y la ira son emociones esperables para el momento que se está pasando, lo mismo sucede con la tristeza”. “Sin embargo, hay que estar atentos porque algunas veces esto puede transformarse en un problema. En otras palabras, no es lo mismo la tristeza que la depresión, de hecho la tristeza es una reacción esperable para situaciones de estrés, mientras que la depresión implica, además de la tristeza, otro conjunto de síntomas como pueden ser la desmotivación, el desgano, la falta de concentración, los problemas de sueño, etc”, describió, al tiempo que aclaró que “además, este conjunto de síntomas mencionados tienen que estar presente por un período al menos de dos semanas”.

En este contexto, sumado a la duración y la conjunción de síntomas de emoción y tristeza, habría que empezar a preocuparse o pensar que quizá está ocurriendo algún problema, cuando este ánimo está afectando las actividades cotidianas.

“Si al insomnio o la ansiedad se le suma la percepción de sentimientos del tipo ‘me enojo fácil’, ‘no tengo interés sexual’, ‘estoy comiendo de más’, ‘lo que siento no guarda relación con lo que pasa’ se trata de señales de desajuste -alertó Horvat-. Ante esas cosas, la persona debe buscar ayuda, un consejo que puede ser de un amigo, su médico de cabecera o un terapeuta, pero el primer paso siempre es registrar que algo pasa”.

A lo que Calvo sumó: “La salud mental se ve afectada cuando hablamos de un estado de enojo y cansancio constante, cuando está dirigido a cualquier persona, cuando cualquier pequeñez produce una erupción de emociones. Todas estas son señales de que nuestra salud mental o emocional está siendo afectada. Es sano observarnos, prestar atención, y ser más conscientes en el aquí y ahora de cómo estamos expresando esas emociones, hacia quién o qué están dirigidas y si son acordes a lo que las produce. Poder reflexionar y realizar un tiempo de auto observación, ayuda a poder tener en cuenta estas señales que nos guiarán al camino de las emociones sanas”. /portal Infobae

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