¡ IGNORANTES AL PODER !

Es un lugar común en Bolivia la corrupción, reflexión sin novedad alguna, país donde tuvimos ignorantes por doquier de gobernantes. Como Melgarejo, como García Meza, Arce Gómez y otros que se lucieron en competencia en ignorancia; pero pues es un país impune por excelencia. Otros varios teniendo títulos universitarios, de universidades prestigiosas, como Tuto Quiroga, también entran en este ranquin de ignorantes por su desconocimiento de nuestras realidades. Es decir, el título en Bolivia no garantiza absolutamente nada. Es el caso del ignorante exministro Characayo, que dicen que tiene título de agrónomo. Título, como en varios otros casos, nadie sabe de qué manera lo obtuvieron porque en Bolivia eso es panfleto muy popular que no tiene que ver con los conocimientos científicos.

 

Por supuesto que la democracia es, o debería ser, la posibilidad de la amplitud en las oportunidades de acceder a las instancias del Estado, por parte de los sectores populares. De hecho en algo eso cambió en estos años. Lo cuál en sí mismo es positivo respecto de lo que era el país hace unos pocos 20 años atrás. Sin embargo, la democracia no tiene que ser la posibilidad de que lo corporativo a nombre de lo popular, se adueñe vía discurso revolucionario,  del Estado. Además con personajes muy parecidos a los mafiosos y rufianes de las películas gringas. De hecho eso estamos presenciando muchas veces en estos años, cuando gente como Characayo, un desconocido total de las instancias profesionales y sin trayectoria en la meritocracia.

 

El Estado somos todos. Nadie es dueño del Estado, porque todos somos parte constitutiva de nuestras instituciones. Y no podemos dejar así nomás que rufianes incluso con título, se adueñen para negocios turbios y suyos, destruyendo lo poco construido de las instituciones, sobre todo las del Estado.

 

Las instancias del Estado requieren de personas con muchos conocimientos en gestión de Estado, en gestión institucional. Conocimientos claves para el bien de la colectividad, es decir para el país en su conjunto. Es decir, de muchísima responsabilidad de Estado. Aspecto que lamentablemente no se toma en cuenta para nada. Por tanto, el Estado se convierte en botín de asalto de grupos corporativos, revolucionarios o conservadores, que creen que les toca enriquecerse a costa de nuestras instituciones. Este procedimiento también vemos en nuestras universidades del Estado, incluso con mayor frecuencia: vaya sorpresa.

 

La burocracia, como constatación cotidiana y desde hace siglos, boliviana es un monstruo poblado de ignorantes. Con sus contadas excepciones, en general el pueblo tiene que hacer enormes sacrificios cotidianos, coimas de por medio, enormes esfuerzos familiares para acceder en algo de sus derechos, tratando con ese ejército de ignorantes en las ventanillas, en los trámites legales, etc. Ese fenómeno social no ha cambiado ni con los revolucionarios que tuvimos en estos años. Los discursos son los discursos. Las realidades sólo el pueblo las siente en carne propia todos los santos días del año. La lentitud boliviana es muy conocida, mundialmente conocida, pues el enredo de las oficinas, de los trámites hasta las calendas griegas, sólo las tenemos en las realidades institucionales de Bolivia. Por aquí no pasó la cuarta revolución industrial: cibernética e informática, porque el poder de la burocracia, el poder de los papeles coloniales hasta el infinito es más que cualquier revolución mundial o globalización.

 

Por esas condiciones terribles, personajes como Characayo aprovechan para enriquecerse y enriquecer a sus cuates políticos: tras de un ignorante, hay ejércitos de otros que esperan al acecho de los contribuyentes.

 

Todos los mecanismos que se construyen a lo largo del tiempo, como excusa de control contra la corrupción, sólo son papeles de moda inútiles para justificar el paso de unos burócratas por las instituciones. Tenemos sobrada experiencia al respecto. Las cumbres y los show de coyuntura, son parte del engranaje de la burocracia en función de las pegas de los militantes de turno. Nada cambia de nuestras realidades, desde el siglo XIX.

 

Ya entrado en el siglo XXI, el país tiene otra oportunidad más de cambiar y modificar sus estructuras caducas y corruptas, gracias a los empujes de las revoluciones tecnológicas del mundo. A pesar de nuestros sistemas educativos también atrasados y poco competitivos, es posible cambiar estructuras institucionales mediante tecnologías actuales, y volverlas funcionales con las necesidades de nuestras sociedades. Es sólo voluntad política, que hasta hoy nadie ha tenido. Sólo este paso sería más revolucionario que todos los discursos bizantinos que escuchamos.

 

En definitiva, la clave de la democracia es tomar consciencia que Estado somos todos. Y no quiénes ganan las elecciones de circunstancia. No podemos dejar hacer lo que les dé la gana, a quienes ganaron elecciones circunstanciales, que sólo es dejarles la responsabilidad social, de todos, de nuestras instituciones. La sociedad civil debe controlar todos los mecanismos de funcionamiento de las instituciones, porque somos parte del engranaje. Quiénes han sido encargados en su manejo, no son dueños ni patrones de nuestras instituciones.

 

Y también democracia es fortalecimiento de la sociedad civil, en los controles de la economía porque es nuestro dinero lo que permite pagarles sueldos a los burócratas de turno. Así de simple, así es como se debe entender la democracia.

 

por: Max Murillo Mendoza 

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