BOLIVIA EN SU INTERMINABLE ENCRUCIJADA

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La miseria y la pobreza política es la única fiel constante de nuestra historia, que condena desde siempre al país a su miseria y pobreza material generalizada. Hoy otra vez salen a luz las historias paralelas que no se encuentran, y que sólo saben de enfrentamientos y odios. Sería demasiado repetitivo recordar el papel de las clases altas y oligarquías, que fracasaron totalmente en la construcción de instituciones y algo de Estado. Pero es importante decir que lo popular simplemente está imitando ese fracaso: corrupción generalizada y pelea brutal de sobrevivencia, por los pedazos del llamado Estado.

 

No se ha renovado el liderazgo por ningún lado, son los mismos que nacieron gracias a la generación del 52, sean de izquierda o derecha. La mayoría vejestorios que ya no ofrecen nada; lamentablemente no hay para escoger algo mejor y alternativo. Los pocos jóvenes sólo repiten el libreto de las generaciones fracasadas, para empezar se corrompen en competencia para ser tomados en cuenta. Todavía peor: nada alternativo ha nacido, nada nuevo ha brotado en las ideas políticas o de renovación de generaciones.

 

Con esos condimentos sociales y políticos, tenemos garantizado otro siglo más de convulsiones sociales y desintegración generalizada, con el lastre de la miseria y  la pobreza generalizada en pleno siglo XXI. Y al parecer ya no interesa nada, sino simplemente sobrevivir como sea, en la inercia de la complicidad con las mentalidades de la miseria y la pobreza.

 

Este escenario típicamente boliviano, donde la inutilidad de los diálogos y los puentes de entendimiento tienen el sello de las mentes estrechas, mezquinas y miserables, fruto precisamente de la miseria material generalizada, hoy vuelven a lucirse. Ya no hay diferencias entre ricos y pobres, todos quieren sangre por motivos de empate catastrófico porque no interesa avanzar sino quedar lo más atrasados posibles, pues la pobreza es el principal motivo y razón de las mentes de la miseria, que sólo quieren vivir bien con estas excusas.

 

Sin embargo, también queda por supuesto la duda metódica de que dejarles la historia a las mentes de la miseria, sería aún más catastrófico. Las grandes  mayorías de las ciudades y pueblos rurales ya están hartas de estas mentes políticas miserables. Las grandes mayorías sólo desean estabilidad social, económica y certidumbre al menos a cinco años adelante. Las grandes mayorías están expectantes en este circo romano de la miseria política; y pues con todo el derecho humano de exigir paz y estabilidad, hay que reaccionar.

 

Pero reaccionar no con  violencia tercermundista y cavernaria, no siguiendo la violencia de las mentes estrechas y miserables. Sino con el cuidado de las instituciones, de las pocas del Estado que están dejando las mentes mezquinas. Cuidando las instituciones educativas desde las escuelas, para reaccionar con formas educativas y crear los nuevos liderazgos. Cuidando cuanta institución sea estratégica, desde donde contrarrestar  a tanta mierda actual de la política tercermundista y atrasada. Rescatando las instituciones sindicales y gremiales, hoy en manos de esas mentes de la violencia y a favor de la miseria y pobreza. Rescatando las instituciones cívicas también prostituidas por las generaciones traumadas y enfermas del 52, que sólo las utilizan en sus intereses personales y no ciudadanas o cívicas.

 

Este hartazgo ciudadano debe expresarse también en acudir a los medios de comunicación, donde sólo tienen voz las mentes de la miseria y la mezquindad. Espacios donde la expresión de la sociedad civil está coartada por el grito embustero de la politiquería barata, antipopular y guerrerista. Es importante no responder en los términos de las lógicas perversas y sanguinarias, de las mentes del fracaso. Sino todo lo contrario, con el trabajo cotidiano de defensa de los valores supremos ciudadanos del sacrificio y constancia, en mantener de pie nuestro país a pesar de tanta mente política destructiva.

 

Las inmensas cantidades de ciudadanos bolivianos estamos cansados del circo político, que está destruyendo todos los tejidos sociales y los esfuerzos de quiénes tienen en sus hombros al país entero, porque sólo el trabajo sincero y desinteresado de millones de bolivianos mantiene vivo al país. Y son unos cuántos vividores que aprovechando la pasividad de las mayorías, destruyen todo lo nuestro: porque el Estado somos todos. Todos somos dueños de nuestras instituciones. A nadie se le dio y se le regaló con carta blanca para que destruyan lo nuestro. Porque nuestros votos no pueden ser prostituidos.

 

La historia de nuestro país no es precisamente la historia de los encuentros y diálogos, hemos heredado desde siempre la mentira y el embuste como forma de convivencia; pero somos muy conscientes que eso sigue destruyendo al país y sus instituciones. Dejando como siempre a pendejos politiqueros aprovechadores de la coyuntura. Pues tenemos que hacer el enorme esfuerzo de cambiar esas reglas de juego.

 

Cambiemos las reglas de juego; reglas de juego que nunca han estado claras en Bolivia. Es hora de construir reglas de juego claras para todos. Para desterrar por fin a las mentes chuecas, corruptas y megalómanas del engaño colectivo de nuestra historia.

 

por: Max Murillo Mendoza 

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