JOSÉ MARÍA LEYES O EL DIAGNÓSTICO DE LAS OLIGARQUÍAS REGIONALES

El ex alcalde de Cochabamba José María Leyes, un corrupto renombrado que en el lejano oeste estaría buscado como vivo o muerto, con recompensa incluso barata. Ese folklórico personaje que pertenece a las rancias oligarquías vallunas, es un enfermo mental, desequilibrado y falto absoluto de las más elementales formas civilizadas de comportamiento normal, cívico y respetuoso con su cargo. Además de impresionante ignorancia que luce a flor de piel, se cree impune como allá en el siglo XVIII, cuando sus tatarabuelos paseaban por estos territorios. Personaje de las clases altas, como reflejo de lo que realmente son muchos de ellos y realizaron desde siempre con las instituciones del país.

 

Personajes que utilizan los votos de la población para delinquir, para prostituir todo espacio del Estado con el imaginario colonial patrimonialista que todo eso les pertenece, y a su familia. Aspectos como vemos no han cambiado a pesar de la modernidad, ni del paso del tiempo en siglos y siglos. Comportamientos que siguen vigentes, comportamientos patronales que las oligarquía son han curado ni con las modas de la modernidad, o la información del siglo XXI.

 

Este personaje es un diagnóstico perfecto para identificar las  mentalidades reales, de las clases altas u oligarquías regionales. Perfecto espécimen que nos permite analizar las ausencias totales de proyectos de Estado y Nación, de estas clases rancias y de abolengo aristocrático. Clases que no tienen idea del país donde se encuentran, sino como herencia de sus recuerdos patronales, cuando sus abuelos o padres hacendados o mineros. De la misma manera, consideran a las instituciones que ocupan gracias a la votación ciudadana: como si fueran sus haciendas o minas privadas.

 

No es exageración, de ninguna manera. Estos personajes después tienen el desparpajo de pedir respeto a la democracia a los sectores populares. Son estas mentalidades de las clases señoriales que siguen haciendo daño, que siguen contaminando con esas costumbres señoriales, cuando el país en general quiere sólo que sus instituciones sean bien manejadas, sean bien conducidas y gestionadas. Mentalidades que no han desaparecido ni mucho menos, que salen a relucir cuando sus intereses son afectados. Entonces la democracia es para ellos sólo ejercicios de pobres y masas, porque ellos son la esencia de la esencia y pueden hacer lo que les venga en gana.

 

José  María Leyes es fruto de la bronca frente a otros poderes. Pero eso mismo, la bronca y el odio, no conducen muy lejos cuando la irracionalidad y los apasionamientos se apoderan de la política. Es cierto que ante la ausencia de alternativas en estos años, lamentablemente la población tiene que votar por los menos malos, los menos desgraciados o por aquellos que equilibran la balanza frente al peor o peligroso. Así, varias veces, los enfermos mentales como Leyes simplemente tienen suerte de coyuntura. Suerte que se termina inmediatamente, cuando los temas de gestión institucional requieren de gente muy profesional. Eso precisamente no era ni es por asomo este personaje.

 

Cochabamba sufrió un verdadero azote de los dioses con Leyes. Increíblemente, es también otro fenómeno de estos años, la población ha perdido la iniciativa de acción directa, de reacción de masas ante las injusticias y la corrupción. Hace unos treinta o cuarenta años, este personaje habría sido echado de la alcaldía montado en un burro. A mediados del siglo XX colgado en la plaza 14 de septiembre. Pues los tiempos cambian cierto, aunque no cambian en las costumbres señoriales.

 

Felizmente ya termina el reinado del archiduque Leyes. Cochabamba sigue siendo una tierra sin noticias buenas. Perdida y sin rumbo alguno desde hace medio siglo, sin liderazgos que le saquen de la profunda postración económica, donde no hay oportunidades en nada sino en la corrupción generalizada de sus instituciones, del narcotráfico y todos los negocios turbios posibles. Con una profunda crisis ambiental, que es ejemplo mundial: sequías cada vez más amplías, con tierras que se hacen áridas y desérticas. Con su pobre producción de alimentos, que ni siquiera alcanza para su sobrevivencia. Y encima, como dicen los q´ochalas, con mentalidades señoriales  de sus clases altas y rancias, anclados en el tiempo de la colonia.

 

Cochabamba requiere nomás de otra generación de líderes. En todas sus clases sociales, en todos sus estratos sociales. La guerra total o el enfrentamiento no les conducirán a nada, sino a más pobreza, a más ineficiencia institucional, a más incertidumbre que ya dura medio siglo, sin que nadie se asome a algunas esperanzas y soluciones. Esa bella tierra otrora de exportación de intelectuales, escritores, poetas y músicos, hoy no exportar ni su chicha y peor sus alimentos. Estancada como está, humillada y sometida a las mentalidades señoriales y también populares señoriales, de la corrupción, de la ausencia de voluntades colectivas para curar sus profundas heridas  históricas.

 

No hay ejemplo alguno, nunca lo hubo de las clases altas, respecto del manejo del llamado Estado. No hay ejemplo, nunca lo hubo, respecto del manejo de la democracia. Pero se dan el lujo de exigir democracia a todos los demás. Bolivia nunca tuvo clases altas al menos modernas, al menos con respeto de sí mismas. José María Leyes es otro ejemplo, de tantos en la historia, de las clases de alcurnia y abolengo, sin idea alguna del país donde se encuentran.

 

por: Max Murillo Mendoza

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