EL LUJO DE LA INCERTIDUMBRE EN BOLIVIA

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Bolivia es el país de las paradojas, pequeñas y grandes, estúpidas y extrañas también. Sobrevive por algún misterio que no es posible detallar fácilmente, pues en su desorden estructural, caos y ausencia de institucionalidad uno no entiende que fuerzas le hacen caminar, porque su cotidianidad es el entramado de incertidumbre total, sueños colectivos, caos brutal y violencia de todos los colores como sabores. Realmente probablemente seamos una paradoja total.
La sobrevivencia está garantizada como forma de invención micro y macro, en todas las formas posibles ante el monstruo de la incertidumbre. El llamado Estado, que no lo es, está sólo para el asalto de las tropas oligárquicas decimonónicas de derecha e izquierda, que a su turno disfrutan de la plusvalía nacional como hemos visto en estos últimos años. Los nuevos ricos siempre son quiénes han pasado por los negocios estatales. Nada nuevo en Bolivia, donde la ausencia de creatividad de las oligarquías para crear y generar riqueza, les acostumbró históricamente a asaltar al llamado Estado. Un ritual que todas las ideologías ejecutan a su turno, siempre con sus discursos de patria, honor, dios y otras cosas más de sobra e hipocresía.
Después de unos años de estabilidad otra vez estamos en el mismo salón de honor boliviano: incertidumbre total. Otra vez, para variar, el país se debate entre su presente caótico y su futuro incierto, pues el pasado cuenta sólo como nostalgia o bronca contenida para la política. El papel de las clases altas y oligarquías es la misma: ausencia de vocación para buscar algo de certidumbre. En su competencia de fagocitar como sea al Estado, se retuercen torpemente en la política, intentando al menos gritar palabras atractivas en su falta de proyecto político. En general son mediocres, estrafalarios, payasos en sus muecas intentando imitar a algún estadista que valga la pena.
En estas épocas del amor a la post-modernidad, es decir a la mediocridad y la cobardía; en estas épocas donde se disfruta de lo más burdo y vulgar en los medios de comunicación, los políticos se lucen en demostrar esos antivalores. Nadie se escandaliza al respecto. El político estúpido y sin valores algunos, es la moda. Cuanto más imbécil  mejor, porque se llenará de amarrahuatos o adoradores acríticos, que le lamerán su reinado. Ya no existen las reservas morales, fueron destruidas por unos platos de lenteja encargados por las oligarquías de izquierda en el anterior gobierno: corrompieron a los movimientos indígenas.
A estas alturas del partido, está asegurado el reino de la inseguridad: institucional, económico, social, cultural y político. No existe el grupo o el imaginario político que asegure alguna rentabilidad, al menos a mediano plazo. Ciertamente es increíble la sobrevivencia de Bolivia, a pesar de esta ausencia total de presente y futuro, que sus élites inútiles no le ofrecen y al parecer jamás le ofrecerán. Siglos de oportunidades que las élites destruyen sistemáticamente, pues podemos deducir con total seguridad que no podrán ni siquiera con otros  años más de oportunidad. Ese fracaso histórico de las élites tradicionales, debe apurarnos en repensar soluciones más creativas y potables para el país. Bolivia no puede seguir así, por justicia y algo de recompensa a su clásica historia de fracasos y fracasos. Lo tradicional, lo conocido hasta hoy no sirve para nada, no le sirve a Bolivia. Es momento de germinar otra cosa, a partir de nuestras raíces e historias profundas.
El caos y desorden es herencia de la inutilidad oligárquica, este punto es una insistencia que debe quedar claro. En ese desorden aprovechan y asaltan al llamado Estado, porque siempre se sintieron necesarios como ex hacendados o ex empresarios mineros, en su memoria señorial de robo y saqueo nacional. Aunque es verdad que estos estratos también se han modificado, se han transformado en oligarquías agroindustriales, financieras y de otras ramas más modernizadas; sin embargo, su espíritu es el mismo desde el siglo XIX: pactos con el MAS para hacer negocios por catorce años. Además de ponerse la camiseta azul, pues su rol camaleónico en esta historia es harto conocida.
Bolivia no puede sobrevivir sin imaginarios de Estado, que por razones históricas no tenemos; no podemos continuar con las mismas historias repetitivas, como si se tratara de una sola canción aburrida y sangrienta. En la sociedad civil existen abundantes ideas, como discursos creativos; pero que nunca conjugan con el Estado por su incapacidad de dialogar con la sociedad civil. Bolivia no puede seguir viviendo en mundos feudales, donde todos hacen lo que creen y lo que les venga en gana, porque precisamente no hay Estado que recicle y recree a las ideas de las instituciones. En definitiva, estamos condenados a cambiar si queremos sobrevivir con dignidad y soberanía.
En todo el mundo existe actualmente la tentación de la mano dura, de la dictadura. Pues el desorden, el caos, la corrupción y la incertidumbre empujan a las sociedades a volcarse a modelos dictatoriales, que son por supuesto un retroceso brutal a todo lo que se ha ganado y conquistado. Pero es así: las poblaciones son suicidas en la desesperación y la incertidumbre. Ojalá los señoriales de estos lados no se tienten por esos modelos, la pagarían muy caro por las condiciones sociales actuales.
La incertidumbre nos corroe por dentro, nos hace egoístas y desconfiados entre nosotros mismos. Es la fórmula de los poderosos que siguen utilizando en su inutilidad histórica y sus intereses. Pero sabemos que no podemos  seguir así, que es imperativo parar esta irracionalidad oligárquica, sin proyecto de Estado, sin proyecto de Nación y sin futuro alguno desde el nacimiento mismo de este bello país.
por: Max Murillo Mendoza

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