COYUNTURA INTERNACIONAL

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Las noticias internacionales no son precisamente las más interesantes, es decir que animen a la humanidad a sentirse más orgullosos de ser humanos, sino todo lo contrario. Guerras comerciales, guerras fratricidas, hambrunas, migraciones resultado de siglos de colonización y saqueo reclamando algo de justicia histórica son condenados por los países más ricos, incendios de la naturaleza por todo el mundo, asesinatos, comercio de humanos y tráfico de drogas. Pues el menú es por demás apocalíptico. El ser humano es nomás un cavernario político, que no ha aprendido a compartir este mundo con otros seres humanos, distintos o diferentes entre sí.

Las paradojas históricas son impresionantes. Cuando se caía el muro de Berlín en 1990, se presagiaba un futuro más o menos venturoso, es decir sin ideologías del siglo XIX y XX. Cierto que los triunfadores proclamaron la victoria del mundo liberal, es decir de la democracia liberal que sería el paradigma por todo el mundo. Acompañados de la globalización económica que serviría como telón de fondo para la consolidación de ese sueño. Sin embargo, a pocos años de aquella apuesta liberal, el mundo se encuentra otra vez en la encrucijada. Los poderes del mundo se inventaron otros enemigos para justificar el incremento de su carrera armamentista, de su carrera comercial y sus egoísmos profundos: islamismo, migraciones, terrorismos y algunos otros ismos, ante la usencia de comunismo.

Aquellas miradas de la guerra fría se han quedado para siempre en occidente. En esa civilización gringa que se ufana de ser realmente civilizada, científica, educada y objetiva; pero que en la práctica sigue siendo nomás cavernaria, sicópata, guerrera, asesina, mitómana y poco democrática. Lo grave es que es dueña de la alta tecnología, de la cibernética, de la robótica y de todos los programas de investigación de alto nivel, por lo que su peligrosidad es más que notable. Semejantes tecnologías e información científica en manos de locos y sicópatas. Ciertamente el mundo no está en buenas manos.

Por el tercer mundo seguimos con las mismas enfermedades estructurales, que devienen de tiempos inmemoriales: procesos coloniales, imperiales y también republicanos que han sido peores que los mismos procesos coloniales. La ausencia de gestión institucional en nuestros Estados, que agobian el futuro de las generaciones jóvenes, porque la politiquería y el lastre de las mentalidades analfabetas funcionales, simplemente frenan cualquier futuro posible. Estados que no son instituciones sino simples paquetes premios para todos los caudillos de turno, que tienen que inventar la pólvora para contentar al circo romano de la política tercermundista.

El llamado tercer mundo donde la apología de la ideología sigue teniendo un asiento de lujo, en ausencia de otros elementos estructurales más importantes, como la educación o la ciencia. Herencias que no han sido precisamente construidos por quiénes se encargaron de gobernar estos países, desde tiempos inmemoriales coloniales. Militares ignorantes, burócratas imitadores de occidente y bufones de la política fueron los que gestionaron las instituciones. Por supuesto que no se podía esperar nada al respecto. Los resultados son absolutamente claros y contundentes. Seguimos nomás en el mito de Sísifo: volver a cargar cada vez la piedra de la historia, hasta el infinito. Hasta que alguna generación valiente rompa la maldición del tercer mundo.

Estos años serán recordados por el fracaso de la globalización. Cuando occidente se sintió inseguro ante la competición de nuevas fuerzas emergentes, como China o India que entran a la tragedia griega del capitalismo salvaje y se convierten en competencia desleal a occidente. Los mercados ya no funcionan a la medida de occidente, porque efectivamente la competencia se hace guerra cuando los desniveles son enormes. Sobre todo frente al dominio de la tecnología, como en el caso de China. La globalización que tenía que ser la panacea de un nuevo mundo, después de la derrota del comunismo en 1990; sin embargo sólo se ha convertido en el escenario de la incertidumbre total, que además ha producido más pobreza y marginalidad en el mundo que el capitalismo del siglo XX.

En definitiva el ser humano no aprende de la historia. La historia es sólo basurero de la misma historia, sin efecto alguno en el presente y futuro de la humanidad. El poco espacio de paz que tuvo occidente desde la segunda guerra mundial, se terminó. Hoy la inseguridad mundial con el ascenso de la ultraderecha gringa, nos llevan al mundo a los días precisamente anteriores a las guerras mundiales de occidente. Con las noticias desalentadoras que la tecnología de muerte y las ciencias de punta al servicio del militarismo, son infinitamente más mortíferas de aquellas de la segunda guerra mundial.

Pues no son épocas para los sueños humanos. No son épocas para la poesía o la nostalgia humana, que al menos tienen los objetivos de hacernos olvidar por momentos de la maldad humana, de la crueldad humana, del cálculo científico de la muerte.

Pero también la misma historia nos muestra, que los seres humanos jamás nos rendimos ante la adversidad de la vida. Que desde cenizas se han vuelto a levantar sueños, y pues al menos eso sea un argumento para seguir persistiendo en lo bueno y mejor de la naturaleza humana.

por: Max Murillo Mendoza

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