Dice el gran historiador italiano Benedetto Croce que la historia es siempre historia contemporánea, pues juzgamos y miramos el pasado con ojos del presente, es decir con los valores y sentidos de las ideas del presente. Los jóvenes que nacieron en los años 80 y 90 del anterior siglo, asisten al paso de una generación que ha fracasado rotundamente en la deconstrucción del país. Ni izquierdistas, ni derechistas han sido capaces de darle certidumbre a un país, ya de por sí sin independencia, sin clases altas pujantes y creativas sino corruptas y vividoras del Estado, en su mayoría colonias extranjeras que no tienen raíces espirituales e históricas con nuestros pueblos, sin nacionalismo mínimo, sin clases medias capaces de emprender y construir espacios de mercados internos, debiluchas y segundonas en sus papeles políticos.
Los jóvenes se alimentan de insumos internacionales, de corrientes tecnológicas o enfoques extranjeros cierto en varios casos de vanguardia, como también negativos. Porque el país nada puede ofrecerles, absolutamente nada sino mediocridad discursiva y política de tercera categoría, cavernaria, de posiciones decimonónicas y de chichería periférica, aún tengan perfumes populares y cosméticos televisivos modernos. Los jóvenes tienen que asistir a universidades privadas de cuarta categoría, donde la tortura cotidiana es soportar sistemas anti intelectuales, totalitarios y caros, que no les servirán de nada en la competencia laboral y profesional. Pero también asisten a universidades estatales, donde no existen modelos científicos de vanguardia, ni siquiera ideas de cómo construir país y nacionalismos necesarios en medio de la nada.
Los resultados de las generaciones anteriores son nada. Un país que ni siquiera ha entrado a la primera revolución industrial, cuando el mundo ya va por la sexta revolución industrial. Un país que no aprovecha las ventajas que le ofrecen las corrientes tecnológicas, educativas y científicas del mundo. Porque la estructura mental de sus élites es primitiva, colonial, republicana y sindicatera – corporativista. Todo lo positivo sigue siendo al margen del Estado republicano, que sólo entorpece y burocratiza el movimiento de la sociedad. Un Estado que nada ha cambiado desde los primeros días del siglo XIX.
Los ojos actuales, creo y considero, son holísticos, de redes en el pensamiento, no binarios como izquierdas y derechas. Los ojos actuales traspasan totalmente las visiones del siglo XIX, en los que siguen los actuales políticos; porque no hay pensadores en el actual proceso. Los jóvenes se están conectando con la aldea grande gracias a las tecnologías actuales, porque en esta aldea nuestra sólo encuentran dogmatismos trasnochados: mentes estrechas y provincianas.
No es raro que los jóvenes no estén motivados para nada en las discusiones políticas actuales, que siguen siendo cristiano – marxistas periféricas, es decir latinas tercermundistas. Discusiones del blanco o negro; enemigo – amigo; derechista – izquierdista, que en el fondo son absolutamente lo mismo. Pues los jóvenes están preocupados del medio ambiente, de los animales abandonados, de la violencia callejera donde los instrumentos del Estado son lo peor: policía, sistema judicial y burocracia. Están preocupados del calentamiento global que es obra de los sistemas capitalistas y socialistas, que a su turno han industrializado y destruido en competencia el mundo. Por supuesto que los jóvenes están profundamente decepcionados de las generaciones anteriores.
Los ejemplos actuales de los liderazgos, son totalmente decadentes y con una complicidad asombrosa de lo peor que está sucediendo en nuestra sociedad. La política es sinónimo de corrupción, no de servicio a la sociedad. Los discursos de los matones se han impuesto al de las ideas, o la crítica productiva. La política es guerra de posiciones y trincheras, no de ideas o intercambio de nociones posibles. En definitiva, los jóvenes asisten a un final de lo que se llamó ética y ejemplo. A eso que algún momento soñó el propio Ché Guevara: el hombre nuevo.
Las generaciones actuales tendrán que reconstruir todo, cuanto más antes mejor. Porque varios de ellos aprenden muy rápido las mañas de las viejas generaciones, es decir se corrompen muy temprano. Esas viejas mañas de la política republicana son fuertes, no tiene contemplaciones y destruye todo a su paso. Las generaciones actuales tendrán que construir de cero el sistema educativo, para convertirlo realmente en la herramienta y el puente para por fin saltar como país, desde el siglo XIX hasta el siglo XXI. Ante la inutilidad de las anteriores generaciones, las actuales tendrán que construir nacionalismos culturales y científicos, que respondan por fin a nuestras realidades.
Pues las generaciones actuales tendrán que construir una historia nueva, sobre las cenizas de las historias coloniales y republicanas, que sólo han justificado esta tragedia griega del atraso, de las instituciones del Estado de tercera o cuarta categoría. Tendrán que ser agresivas para saltar desde las enfermedades mentales del siglo XIX, que siguen siendo un lastre brutal e impiden tener un país más justo y humano. Cierto que reconstruir y volver a soñar es muy difícil, porque los fantasmas del pasado son fuertes y las mentalidades políticas cavernarias. Hacer relecturas de estas historias, son las tareas cruciales más importantes, para darle por fin derroteros más claros a nuestros pueblos. Para darle certidumbre cultural, histórica, política, económica e institucional.
por: Max Murillo Mendoza





