PROLONGAR LA INFANCIA

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Será una búsqueda fructuosa examinar los innumerables libros de historia, sociología, derecho, filosofía y moral, e infructuosa si se desea referencias al hecho  que todos los seres  humanos  comienzan siendo niños y que todos los pueblos  se inician en las guarderías.

Es un rasgo humano aspirar a una infancia prolongada  y feliz que, ahora, tristemente, se  ve contrariada por la obligación de interrumpir  la inocencia y la despreocupación debido  al necesario esclarecimiento de los actuales  y terribles  flagelos  de las drogas, el alcoholismo, tabaquismo y la depravación sexual que origina el sida; aspectos que ampliamente se detallan  en mi libro “Adiós a las drogas y a la adicción “.

Ante  esa ensombrecida realidad es civilizado que la infancia  sea cada vez más prolongada  ¿Por qué la infancia debería durar más?, porque esa duración de la infancia  hace del hombre  un virtuoso  mental en su oficio o profesión en el área elegida, aunque deja en él  un residuo casi  permanente  de inmadurez emocional.

Es innegable  que las nacionales  compuestas por grupos étnicos de formas muy intuitivas  e inteligentes  utilizan la educación infantil  para alcanzar una acabada  identidad humana , sin embargo, en  la actualidad la única versión de la integridad, está y permanece, acosada por peligros irracionales  como las drogas, el alcohol, el tabaquismo y las enfermedades sexuales que mencionábamos, y que interrumpen abruptamente  a la infancia como la más maravillosa etapa de la vida.

Recurriendo a  la fiel y veraz historia, los más implacables  explotadores  de la lucha de cualquier nación por una identidad segura  han sido Hitler y sus colaboradores. En solo una década  se constituyeron  en los amos políticos y militares indiscutibles, pertenecientes un  pueblo grande, estudioso  e industrioso.

Para impedir que estos expertos  en palabras baladíes  o fútiles llegaran  a ser una amenaza  para toda la humanidad  occidental, se movilizaron los capitales  o recursos de las naciones  industriales del mundo.

Lo que ocurrió  es de conocimiento mundial y las tropas  de ocupación, después  de proveer con raciones  alimenticias y una solvente administración, entendían y entendieron bien que esos  mismos alemanes  resurgirán como buenos ciudadanos y volverán a  dedicarse a la cultura y olvidarán, aunque  con comprensible dificultad  y para siempre, las veleidades  marciales en las se vieron atrapados.

Admirable superlativamente es observar hoy a Alemania, y no estaríamos alertas  olvidando pronto lo ocurrido, por lo contrario,  un mundo civilizado y más humano  debe reconocer  que el milagro negro del nazismo  fue solo una versión germana  notablemente planeada, de un potencial contemporáneo universal. Tristemente la tendencia  persiste por los  actuales movimientos nazis en EE.UU y Europa; el fantasma de Hitler cuenta con ello.

Es útil, ausente de morbosidad, citar la descripción que realiza el propio Hitler  de su infancia  en su libro “Mein Kampf” o “ Mi Lucha “, que lo  comenté en otra columna:

“En esta pequeña ciudad junto al rio Inn, bávara por la sangre y austriaca  por la nacionalidad, iluminada por la luz  del martirio alemán,  vivían, hacia fines de siglo pasado, mis padres: el padre  era un fiel funcionario público, la madre  se dedicaba  al cuidado  de la casa y de sus hijos  con una devoción amorosamente igual”.

La estructura  de las oraciones, la cualidad tonal, nos infieren  que estamos leyendo un cuento de hadas o un mito, aunque  un mito antiguo o moderno  no es una mentira. Las personas  afectadas por el nazismo no pondrán en duda la verdad o la lógica y comprobarán que su razón queda paralizada.

Con colofón escribo que estudiar un mito  desde la infancia y hacerlo críticamente, significa  analizar  sus imágenes y sus temas  en relacion directa  con el área cultural afectada.

por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

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