NUESTRO PAÍS Y REALIDAD: UNA NOVELA FANTÁSTICA

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Las Novelas de García Márquez graficaron y detallaron todo lo fantástico e increíble de nuestras realidades, los Macondos donde los personajes más fantásticos posibles son reales. Historias que se confunden entre todo lo real y todo lo fantástico o imaginario. Sin embargo, nuestras realidades se parecen en mucho a las novelas de ese gran escritor, por increíble que parezca vivimos en una novela fantástica cotidiana, donde lo real es terriblemente increíble, muchas veces patético, muchas veces ordinario, varias veces brutalmente injusto. Por ejemplo, el tema de la basura que desnudó en estos días siglos de ausencia de políticas de Estado, siglos de burocracia inútil y malsana. En definitiva siglos de ausencia institucional, que al menos equilibre todos los desequilibrios estructurales de nuestras realidades.

En lo fantástico, nuestros ideólogos suelen soñar con revoluciones y cambios cuando son inútiles para formular soluciones o respuestas a las demandas cotidianas de las sociedades. Los discursos suelen ser fantásticos, cuando lo terrenal es todo lo contrario. Las palabras en realidad no tienen significados reales, sólo expresan intencionalidades patéticas e inventadas al calor de la ocurrencia y la inventiva del azar. Los políticos pueden formular audaces teorías, incluso, conspirativas, cuando nuestras realidades simplemente se debaten entre las ruinas y la absoluta ausencia de políticas de Estado.

Ni siquiera podemos resolver el tema de la basura, que es un aspecto lógico del modelo de desarrollo productor por doquier de basura. Después de que estalló el problema en Alpacoma, y por supuesto que los políticos se bloquearon como bestias para joderse a sí mismos, salió el tema de la industrialización como elemento clave de moda. En un país donde nunca tuvimos políticas de Estado para industrializar, sino en momentos demasiado esporádicos como anuncios y decretos simplemente, como en 1920, pues sucede que en lo fantástico ahora todos prometen industrializar la basura. Palabras, palabras clásicas en un país des -institucionalizado por esencia y resultados históricos.

Sí, la palabra mágica: industrializar a cómo de lugar. La respuesta sine qua nom, incluso para cualquier burócrata imbécil de nuestro país del siglo XXI. Ese asunto que occidente se impuso como respuesta y modelo a su desarrollo en el siglo XIX. Y que nosotros no entramos ni siquiera a la primera revolución industrial: fundición del acero y rieles para los trenes. Pero que nuestros politiqueros repiten como loros, como si supieran realmente de lo que se trata. La palabra mágica como todas las palabras, en estas realidades tan bien descritas por García Márquez. La palabra mágica para los magos y  vendedores de ilusiones que son los políticos del tercer mundo, de este Macondo que no tiene fin hasta ahora, porque nunca tienen los sentidos puestos en lo cotidiano de nuestras realidades, sino como copia de otras lecturas mal hechas de otras realidades.

Lo cierto es que la basura es un diagnóstico claro de cómo están nuestras instituciones, en sentido de gestión, en sentido de proyección, en sentido de cuidado del medio ambiente, pues en sentido de claridad y coherencia en el manejo geográfico de nuestros territorios. Pero es demasiado pedir ese vocabulario básico a quiénes se turnan desde la “independencia” al manejo de nuestras instituciones. Ahora le mienten al país con la palabra industrializar, cuando jamás tuvimos gestos estatales para estos complejos procesos tecnológicos, educativos de alto nivel y de gestión moderna institucional, porque los procesos de industrialización son cadenas interdependientes entre la creación de mano (científica) de obra de alto nivel, entre lo tecnológico y la actitud política. Las primitivas formas de hacer política, simplemente como respuesta inmediata a las palabras del enemigo, siguen vigentes y son las pautas que emergen cotidianamente como efectos en las instituciones: como los bloqueos de los alcaldes del entorno, ante la inutilidad del alcalde de La Paz.

Pues sí, los Macondos son más reales de lo que pensamos junto a sus personajes, muchos de ellos políticos retrasados, sean mentales o ideológicos, que siguen nomás como si no pasara nada. Lo que es más claro todavía es que las clases altas y medias, quiénes son las dueñas de los actos político-institucionales, son realmente antidiluvianas y estancadas mentalmente allá en el siglo XVIII y XIX. Que han sido inútiles para construir instituciones modernas, con gestiones veloces y modernas, con políticas de Estado en serio y sostenibles por 50 años. Y ellos mismos pagan caro ese error histórico.

Ni siquiera podemos manejar la basura. Pues así estamos en todo lo demás: educación, soberanía alimentaria, salud, etc. La pesadez del tercer mundo duele, cotidianamente se expresa en la marginalidad de millones y millones de personas, que soportan la brutalidad de las instituciones clásicas: vuélvase mañana, pague sus impuestos, espere a las calendas griegas, y siga sacrificándose por la patria. Actos corruptos que no corresponden a un Estado moderno, mínimamente moderno y digno.

La basura nos vuelve a recordar que hay tareas estructurales que no hemos cumplido, ni las generaciones pasadas ni las presentes. Esa ausencia de institucionalidad nos lleva a cambios bruscos, ideológicos y políticos, que nos condenan a la insostenibilidad cotidiana, corrupción generalizada, juego del azar y violencia sostenible de la política tradicional clásica. La basura nos recuerda de lo urgente que son los cambios profundos que necesitamos, por el bien del presente y la nuevas generaciones.

por: Max Murillo Mendoza

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