RAÚL PINO-ICHAZO TERRAZAS TRADICION Y DESESPERACION
sábado, 5 enero 2019 - 07:25 AM - La Voz de Tarija
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Se intenta inveteradamente  lo perfectible para estructurar  la definición más veraz  de Filosofía que pueda darse y suficientemente más consistente  en contenido de lo que parece, pues a veces asume la fisonomía de no expresar casi nada; esta intención sería de carácter cronológico: la Filosofía  es una ocupación a que el humano  del Occidente se sintió impelido  desde el siglo VI antes de Jesucristo y que con insondable continuidad  ejercita en la actualidad.

Importante es insistir  en el hecho inapelable  que, para  que la filosofía nazca  es preciso que su existencia  se dilucide en forma pura y la tradición se haya esfumado o volatilizado, que el humano haya dejado de  creer en la fe de sus padres. Solo así queda la persona libre o suelta, con la esencia  de su ser al aire, desarraigada  y no le queda otra alternativa  que buscar por esfuerzo propio  para adquirir seguridad, es decir, tierra firma donde hincarse, si esto no acaece no habrá filosofía.

Esto último no es una diversión o un placer  sino una de las reacciones  a que obliga  al hecho irremediable  que el humano creyente  es pasto de la duda; personalmente como catedrático siempre aconsejo a mis estudiantes de pregrado y posgrado que duden constantemente sobre los conocimientos que se apropian en el aula; esa reacción los erigirá en notables investigadores y, un profesional investigador impenitente, será uno exitoso y dotado de innumerable recursos del saber hacer.

Cuando se marcha la fe  flotamos en un mar de dudas  y surge el desafío trascendental en la persona de investigar; esto significa que la tradición o la fe  de los padres era el sustituto  de los instintos desvanecidos; entonces  se erige infranqueable la filosofía  como un sustituto de la tradición rota.

No debe inferirse que la filosofía  va contra la tradición, no hay tal, porque las tradiciones murieron  o se debilitaron  y no tuvo más remedio la filosofía  que intentar, más bien que mal, sustituirlas. Ahora bien la pérdida de la fe  no conduce forzosamente  a la filosofía. El humano puede no hallar un modo de sostenerse en al mar de dudas en que cayó y, en efecto, cayó hasta el fondo. El fondo es la desesperación. Existe una cultura de la desesperación  constituida  por lo que el humano hace  cuando se estanca el ella.

La filosofía nacida de la desesperación, no se queda sin más estancada en ella; la filosofía cree haber encontrado  en el terrible  e impasible mar de dudas  una vía; aquí precisamente nacen los métodos (odos, methodos), que se repiten recurrentemente en los primeros filósofos como Parménides o Heráclito. Lo cual afirma que la filosofía  es también una fe  y consiste en creer que el hombre  posee una facultad: la razón; que le permite  descubrir la auténtica realidad y acomodarse en ella.

La desesperación está siempre  calificada por  algo que se desespera y cuando la fe muere  se produce una cierta forma de desesperación que conduce a  otra forma de conocimiento. Igualmente hay una desesperación  del conocimiento  que suele conducir a una nueva época de  fe. Cicerón expresó esta casi inextricable situación de él y sus afines colegas  diciendo que  “ estamos poseídos  por la desesperación  de no poder conocer”. La brecha que esta desesperación representaba le  facilitó al cristianismo su entrada en la historia”.

por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

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