HISTORIA TRADICIONAL E HISTORIA NUEVA O TOTAL

Newspaper WordPress Theme
spot_img

En Bolivia desde siempre estamos entrometidos en las discusiones de lo viejo y lo nuevo, en política, en ideología, en economía y también en coyunturas sociales. En los años 80 y 90 del anterior siglo debatíamos de cómo sería nuestra revolución, para construir otra historia, una nueva historia para destruir la vieja y la tradicional. Y a comienzos de este milenio creíamos que estábamos cerca de esa revolución, de ese cambio y revuelta para definitivamente cambiar el rumbo de nuestra historia. Hoy sabemos con certeza que no hicimos ninguna revolución, sino sólo reformas a medias de las instituciones que siguen siendo las mismas, las mismas patrimonialistas, las mismas burguesas, las mismas corruptas, las mismas politizadas y solamente coyunturales. No se hizo cambios profundos, sino de rostros, de maquillaje y de discursos tradicionales.

La historia tradicional en Bolivia, aquella de los acontecimientos políticos, donde los poderosos son los centrales y los más importantes personajes, donde las interpretaciones tienen filtros “objetivos” como retratos de los hechos que resulta de los papeles empolvados en los anaqueles de los archivos, donde la mera narración de los hechos es lo más importante y donde no existen los demás pueblos y naciones, en muchos casos milenarios, que han sido protagonistas de sus propios hechos desde hace miles de años en estos territorios. La historia tradicional de unas cuantas instituciones castrenses o policiales, que definen todo lo demás. La historia tradicional pigmentocratica y racista, que condenó hace mucho tiempo a todos los demás al silencio histórico. Pues esa historia es la que sigue enseñando y puliendo desde la escuela hasta los centros universitarios. Sin embargo es una historia tradicional poderosa, no cabe duda, porque estructuralmente define quiénes deben hacer historia o enseñar y quiénes no. Ideológicamente ya está definido y sigue nomás sus pautas y mentalidades a lo largo de los años.

La historia nueva todavía dispersa en los escritos de intelectuales quechuas, aymaras o guaraníes, intelectuales literarios, ensayistas y artistas, que habiendo interpretado de otra manera las corrientes de nuestras historias no constituyen aún los credenciales de otra historia, precisamente por lo fuerte de lo tradicional. La vulgarización de la política en estos años, también ha sido un factor de riesgo para las nuevas corrientes de pensamiento. La bulla de la política y con ella su vulgarización total como su agresivo desafío al sentido común, ha obstaculizado el renacer de otros pensamientos. Esa nueva historia se mueve felizmente en ríos no tradicionales, fuera de los esquemas de Estado siempre totalitarios y nada creativos en Bolivia. Se respira en centros pequeños de pensamiento, donde nuevos escritores y jóvenes se animan a definir nuevos derroteros de nuestra historia. Fuera de las academias totalitarias y conservadoras por definición. Historias de interpretación nueva considero que serán por fin en unos años más, las siembras para cosechas mejores.

Cierto que no existen presupuestos para investigaciones, sino aquellos que deben justificar al poder. En estas épocas mejor organizar concentraciones de masas totalitarias donde se gastan millones de dólares, que servirían de mucho para investigaciones académicas; pero nuestras realidades tercermundistas siguen nomás sus patrones de bulla y resentimientos, que búsquedas de otras lógicas de entendimiento y consensos. Lo más grave es que no existen políticas de Estado para estas tareas importantes, y las instituciones caminan inventando salvaciones con acciones que sólo justifican los gastos de los POAS de las burocracias inútiles y anticientíficas.

La historia tradicional está vivita y coleando, feliz de este llamado proceso de cambio que no cambió nada respecto de la historia tradicional. Al parecer está muy contenta con ella. La historia tradicional se alimentó y muy bien del proceso de cambio, porque siguió los mismos pasos de las oligarquías del siglo XIX, que marcaron los pasos definitivos de los siglos siguientes. Sin políticas de Estado, con escritos bonitos en los documentos pero inútiles por su inaplicabilidad en nuestras realidades. Con una Constitución Política del Estado dicen de las más avanzadas de la región; pero que nadie la respeta, como siempre: el papel aguanta todo, sobre todo la costumbre de no respetar nada de los acuerdos escritos. Porque las mentalidades en Bolivia están profundamente acostumbradas a no respetar nada. Sino a asaltarla y violarla en nombre de la revolución, cambios u otras cuestiones de coyuntura. La única política de Estado en Bolivia es aquella del olvido total de los acuerdos, y la violación sistemática de las leyes y los acuerdos. Por eso todas nuestras instituciones están inundadas de abogados, que tienen esa tarea de no respetar nada. El contagio a la sociedad es inmediato, es la enfermedad más democrática y no tiene clases sociales ni naciones ancestrales. Todo eso es historia tradicional.

La historia nueva, o los nuevos relatos e interpretaciones de los hechos hasta hoy bajo los filtros y lentes de los vencedores: oligarquías de izquierda y derecha pigmentocráticas, aún no tiene fecha de triunfo, ni siquiera de inicio. Quiénes intentamos nuevos vientos y nuevas visiones de nuestras historias, seguimos siendo periféricos. Voces románticas en el inmenso desierto de las versiones tradicionales, de izquierda o derecha que son esencialmente lo mismo en Bolivia. Ni siquiera hemos logrado convencernos a nosotros mismos de semejantes desafíos. Lo cómodo, lo ya hecho e impuesto es nomas lo tradicional. Esquemas ya establecidos y acordados con los siglos, que es muy difícil desmontar y destruir. Además fortalecidas por las mentalidades conservadoras de nuestras sociedades, que prefieren la comodidad, la seguridad y el relax a la aventura de crear o inventar algo nuevo. Al sacrificio de pensar con sentido propio y saltar al vacío. En fin.

Pues, la pobreza material y a veces mental, más la dispersión de los historiadores en su sobrevivencia, aumenta la imposibilidad de crear algo nuevo. Y estar atentos a los acontecimientos de nuestro país, para sus lecturas y descifrados complejos en sus mensajes sociales y políticas. En fin.

por: Max Murillo Mendoza

spot_img
Artículo anterior
Artículo siguiente

Artículos Relacionados

LAS MÁS LEIDAS

spot_img
spot_img